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Los actores externos en la crisis venezolana PDF Imprimir E-Mail
May-03-17 - por Rosendo Fraga

El bajo precio del petróleo y la menor prioridad estratégica que tiene para los EE.UU., son razones por las cuales Washington sigue con pasividad la evolución de la crisis venezolana. Venezuela es el país del mundo con más reservas de petróleo convencional conocidas. Pero con un precio que fluctúa entre 40 y 50 dólares el barril como en los últimos meses, no es un dato relevante como en el pasado. Nadie puede saber si en el mediano plazo el precio se recuperará a 70 o bajará a 30, como asume la planificación de largo plazo del gobierno de Arabia Saudita. En los comienzos del Chavismo, a fines de los años noventa, entre el 15 y el 17% del petróleo que importaba EE.UU. provenía de este país sudamericano. Pero ahora la primera potencia del mundo lo está exportando. Por esta razón, no hay un interés estratégico de carácter económico que impulse a Washington a asumir un rol activo para intentar definir la crisis. Al mismo tiempo, América del Sur es la región del mundo que tiene menor interés estratégico para la Administración Trump, en un mundo en fuerte tensión. Además, Venezuela tiene una población de 32 millones de habitantes. En décadas pasadas, EE.UU. intervino para provocar cambios de régimen en países del Caribe como Grenada y de América Central como Panamá,  en Santo Domingo parra evitar que la izquierda tome el poder y en Haití para impedir la anarquía.  Pero intervenir en Venezuela implica un compromiso de recursos (económicos y militares) muy superior. Esto lo perciben los tres funcionarios de Trump con experiencia en la región: el Secretario de Seguridad Interior (Kelly), el Subsecretario de Estado (Shannon) y el Director para la región del Consejo de Seguridad Nacional (Weddell).     

Pero las consecuencias de la crisis venezolana pueden ser relevantes para los países de América del Sur, incluido Brasil, debilitado como actor regional por su crisis interna. Si la crisis venezolana evoluciona hacia un enfrentamiento violento -en 30 días de protestas han muerto más de 30 personas, los heridos con aproximadamente 500 y los detenidos cerca de 1.300- las consecuencias sobre la región y en particular sobre Brasil y Colombia que tienen amplias fronteras con Venezuela, van a ser importantes. El flujo migratorio hacia ellos se incrementa día a día. Las Fuerzas Armadas venezolanas mantienen el apoyo al Chavismo, pero hay señales de fatiga. Estas  son menores en las fuerzas policiales y de seguridad. Las “milicias” armadas del régimen juegan un rol más relevante en la represión  y los “colectivos” -grupos para-militares- se han convertido en la fuerza de choque más importante del gobierno. El desarme de las FARC, crea situaciones complejas en la frontera entre Colombia y Venezuela, al igual que las negociaciones iniciadas con el ELN. El narcotráfico gana influencia en las zonas de Colombia que abandonan el Ejército y las FARC y crece en Venezuela. Pero Brasil está con record histórico de desempleo (13,4%), las reformas de Temer -cuya aprobación es menor al 10%- son resistidas con protestas en las calles y las causas de corrupción avanzan cada día más sobre la dirigencia del gobierno y la oposición. En Colombia el gobierno de Santos está desgastado y siguiendo atentamente la compleja situación de seguridad de su país. Es decir que los países más importantes fronterizos de Venezuela, no están hoy en condiciones de hacerse cargo de resolver la crisis.  

Cuba no parece tener tanta influencia como en el pasado reciente y los organismos regionales no están en condiciones de influir positivamente. La influencia del régimen cubano fue decisiva para que Maduro llegara al poder al final de la enfermedad de Chávez. En el segundo gobierno de Obama, los hermanos Castro además de iniciar la recomposición de relaciones con EE.UU., jugaron un rol relevante en gestar el acuerdo de paz entre Colombia y las FARC. Pero con Trump en el poder y sin que el petróleo venezolano fluya hacia la isla como en el pasado reciente -la crisis de producción se lo impide a Maduro- la influencia cubana sobre Venezuela ha disminuido. Pero ello no impide que los países del ALBA -cabe recordar que candidatos de esta tendencia ganaron las presidenciales en Ecuador y Nicaragua en los últimos meses- hayan perdido capacidad de bloquear decisiones contrarias a Maduro en los organismos y grupos regionales. Evo Morales sigue teniendo una fuerte solidaridad con Maduro. Cuando en la OEA se llegaron a reunir 16 países para convocar una reunión de Cancilleres para tratar la crisis venezolana, Maduro optó por abandonar el organismo. El grupo de los países del ALBA impiden que estructuras como la CELAC o UNASUR puedan tener un rol en esta crisis, al impedir su unanimidad.   

Queda por analizar si el Papa Francisco está en condiciones de jugar el rol que ni los gobiernos ni los organismos o grupos regionales están en condiciones de asumir. La Iglesia venezolana está enfrentada con Maduro y el Vaticano el año pasado llevó adelante una mediación que no tuvo éxito. El líder más importante de la oposición (Capriles) días atrás pidió un “poquito de atención” del Papa sobre la crisis de su país. El Sumo Pontífice ha planteado condiciones para una nueva mediación, para evitar un nuevo fracaso. Entre estas estarían la liberación de los presos políticos y un compromiso respecto a la convocatoria de las elecciones regionales postergadas sin fecha. Pero el Papa también contempla problemas a resolver, como la necesidad de apoyo multinacional para alimentar una población hambrienta de 32 millones de personas en un período de transición que será difícil. Hay ocho países de la región que respaldan esta mediación (Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile, Perú, Colombia y Costa Rica). La decisión de Maduro de convocar una “constituyente obrera” al margen del parlamento y de reprimir violentamente las protestas del 1 de mayo, parecen bloquear esta mediación. 

En conclusión: la baja del precio del petróleo y la escasa prioridad estratégica que tiene América del Sur para la Administración Trump explican que no quiera involucrase en la crisis venezolana; al mismo tiempo, la crisis interna de Brasil, como la compleja situación que vive Colombia, hacen que los países que más podrían verse afectados por ella, no asuman roles activos para intentar resolverla; la posibilidad de influir de Cuba es menor que en años anteriores, aunque los países del ALBA siguen neutralizando intentos provenientes de los organismos y grupos regionales y  una nueva mediación del Vaticano exige condiciones previas y ellas no son fáciles de alcanzar, aunque tenga el respaldo de varios países de la región y la convocatoria a la “constituyente obrera”, la impide.

 
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