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A seis décadas del Tratado de Roma PDF Imprimir E-Mail
Mar-17-17 - por Rosendo Fraga

Hace sesenta años, el 25 de marzo, se firmaba en Roma el Tratado de daba origen a la construcción política que hoy conocemos como Unión Europea. 

Lo firmaron entonces seis países: Alemania, Francia, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Fue el origen de lo que hoy conocemos como la “Europa de los Veintiocho” que próximamente serán  de Veintisiete. 

La construcción europea, ha sido un instrumento muy útil  valioso en varios sentidos. Ha mostrado que la unidad política puede ser eficaz para evitar las guerras que durante siglos asolaron el continente europeo. También para integrar pueblos, promoviendo el intercambio humano en todos los niveles desde el turismo hasta la ciencia. Ha permitido no sólo generar espacios económicos comunes y promover el intercambio comercial, sino también crear una moneda común (el euro) en gran parte del continente. 

Para América del Sur, que el politólogo francés Alan  Turaine consideraba “el extremo occidente pero el occidente al fin”, ha sido un proceso que ha generado constante atención por varias razones. Porque en simultáneo, en la región se llevaron adelante proyectos de integración como fue la ALADI, o más cerca en el tiempo, la Comunidad Andina de Naciones, el MERCOSUR y Unasur, en cuya construcción y desarrollo el modelo europeo fue permanente fuente de inspiración. También porque la fuerte matriz europea tanto en el origen de las naciones como en la inmigración, tuvo una definida influencia, siendo Argentina un caso destacado en este sentido. 

El 60º aniversario del inicio del proceso de unidad europea, que inicialmente tuvo como prioridad la construcción de un mercado común, tiene lugar en momentos complejos para el mundo y difíciles para la construcción de una Europa unida. 

El nacionalismo se ha revalorizado dentro de los países y fuera de ellos. El estado nación que muchos pensaban iba a extinguirse delegando su soberanía en estructuras supra-nacionales, readquiere fuerza y protagonismo en todo el mundo. En Asia, África, Europa y América, el nacionalismo es una fuerza política que los líderes a veces usan y otras sufren. La globalización económica que se pensaba iba a llevar hacia un mundo más justo, está en debate por no haberlo logrado más allá de la notable reducción de la pobreza que ha tenido lugar en Asia y otras regiones emergentes del mundo. Las redes sociales que se pensaba iban a ser una fuerza incontenible para diluir los nacionalismos, hoy son utilizadas no sólo para exacerbar el nacionalismo, sino para exaltar los sentimientos antagónicos hacia la inmigración. 

No solo el nacionalismo ha emergido como fuerza política en el mundo anglosajón y en la Europa continental con fuertes manifestaciones electorales, sino que es el molde político con el cual están actuando los líderes de grandes potencias fuera de occidente, como China, Rusia,- potencia euro-asiática,- India y Japón, como también de potencias regionales, como Irán, Arabia Saudita, Egipto, Turquía, Israel y también está creciendo como fuerza política en Sudáfrica. Aparece en la crisis política surcoreana agravando el riesgo entorno a la amenaza que representa Corea del Norte. Lo hemos visto hasta surgir en Myannmar, bajo una presidenta Premio Nobel de la paz como nacionalismo budista contra minorías musulmanas. 

La cuestión hoy es que el apoyo y la oposición a la Unión Europea, pareen definirse en función del nacionalismo y el anti-nacionalismo o entre estados soberanos u organismos supranacionales. 

El desafío hoy es superar estas antinomias.

Revisando las definiciones de los grandes líderes occidentales en los comienzos de la construcción europea de post-guerra, vemos que no hay entonces un antagonismo entre ella y las naciones. 

Un nacionalista británico como Winston Churchill, llega a proponer los “Estados Unidos de Europa”, a semejanza de los EEUU. Un nacionalista francés como Charles De Gaulle, habla de ella como “La Europa de las Patrias”. 

Es decir las naciones de Europa se unían,- no se diluían ni desaparecían,- en función de intereses nacionales comunes, como eran la paz, el desarrollo económico, el progreso social, etc. Europa no sustituía a las naciones, era formada por ellas manteniendo su individualidad. 

Quizás la globalización económica y tecnológica de la post-guerra fría, llevo a subestimar la importancia del estado nación como construcción estatal y como sujeto de las relaciones internacionales, creando una concepción no exacta sobre la vigencia y futuro del mismo, al que erróneamente dieron por muerto más de un cientista político desde la caída del muro. 

El desafío concreto es reconciliar la Unión Europea con la Nación, no plantearla como opción en la percepción y el sentimiento de los pueblos. 

Una década atrás, los resultados de los referéndums en Holanda y Francia contra la Constitución Europea,- justo los dos países de la UE que van a elecciones generales en las próximas semanas,- alertaron sobre la existencia de resistencias en algunos pueblos de Europa a la construcción política supranacional. 

El Eurobarómetro es el sondeo que se realiza anualmente en los países de la UE. Por su extensión, profanidad y realización sistemática es el sondeo de opinión más importante del mundo.   

El análisis de sus resultados a lo largo de la última década, va mostrando el debilitamiento del apoyo a la UE en los países iniciales. Al mismo tiempo, en los nuevos integrantes, en gran medida ex países comunistas, una década atrás el apoyo y el entusiasmo eran superiores al promedio y ahora en la mayoría lo es inferior.

La Cumbre de Versalles, con el establecimiento de un “núcleo duro” de los cuatro países más grandes de la UE, puede ser un camino para comenzar a resolverlo. Ninguno de los cuatro países, carecen de historia ni de sentido de Nación, ni están dispuestos a renunciar a ella. La Europa de las varias velocidades, parece una idea práctica para que la UE quede a salvo de los mecanismos de unanimidad que hoy aumentan sus riesgos. La construcción de un sistema común de Defensa europeo, que tiene como antecedente el Euro Cuerpo, es una alternativa necesaria, pero que puede ser útil para diluir esta supuesta alternativa entre Unión y Nación. 

Posiblemente resolverlo con éxito, será el camino para una renovación y revitalización en el futuro inmediato. Retornas a ideas o conceptos como “La Europa de las Patrias”, puede formar parte de un camino, que resolviendo los problemas, sirva para iluminar al mundo en un momento difícil, en el cual la revitalización del nacionalismo, hoy está planteado más como amenaza que como solución para el mundo.

En conclusión, conciliar el espíritu y propósitos del Tratado de Roma, con la vigencia de los estados naciones, quizás sea el desafío más concreto que hoy enfrenta la Unión Europea.

 
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