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EEUU: Una elección globalizada y con implicancias estratégicas PDF Imprimir E-Mail
Sep-29-16 - por Rosendo Fraga

Los procesos electorales estadounidenses se han definido siempre por una visión nacional, ya sea por causas internas -la mayoría de las veces- o por crisis de política exterior. Pero por primera vez un proceso electoral estadounidense se da en el marco de una tendencia global. Cuando en junio triunfó el Brexit en el Reino Unido en paralelo a la elección de Trump como candidato republicano, podía plantearse que por primera vez en la historia, la cultura populista había penetrado el mundo anglosajón. Dos semanas antes del referéndum británico, el líder del UKIP  Neil Farage argumentaba que iba a ganar, porque "cuando la gente ve a los grandes bancos, las grandes empresas y la vieja política votando junta, le vota en contra". ¿No es la misma coalición que hoy sostiene la candidatura de Hillary en los EE.UU.? Por eso tiene lógica que el líder del UKIP cruce el Atlántico para participar en los actos de Trump quien celebró su victoria como si fuera la propia. Esta elección presidencial estadounidense se realiza cinco meses antes que la presidencial de Francia y diez que la elección general de Alemania. En .la elección francesa está primera Mary Le Pen, quien como Trump elogia a Putin y como Farage propone que su país salga de la UE. En cuanto a Alemania, en las dos elecciones estaduales de septiembre, el Partido populista (AdF), que contiene simpatizantes del neonazismo, no sólo ganó el estado de Merkel (Mekleburgo-Pomerania Oriental) alcanzando su primera victoria estatal y sino que sólo dos semanas más tarde irrumpió en Berlín, quedando a sólo 4 puntos de la Democracia Cristiana. La capital alemana quedaría  gobernada por una novedosa coalición de socialistas, comunistas y verdes.

En los EE.UU. quienes siguen las encuestas, que muestran grandes y rápidas oscilaciones, sostienen que puede ganar cualquiera de los dos candidatos. Quienes estudian "probabilidades" sostienen que Hillary tiene más posibilidades que el candidato republicano. Más allá del resultado, es claro que hay un giro hacia el populismo al mismo tiempo en los dos países anglo-sajones más importantes y los dos de Europa continental más grandes, es decir en las cuatro economías  más relevantes de occidente. Nunca en una elección estadounidense, los dos candidatos al mismo tiempo tuvieron una imagen negativa tan alta y los terceros en disputa no logran capitalizar esta situación. Los estadounidenses -como sucede generalmente en el resto del mundo- definen su voto más por la agenda interna que por la externa. Pero en esta oportunidad hay una temática común en occidente: el malestar por la globalización, el enojo con las élites tradicionales, el reclamo contra la desigualdad, el resurgimiento del nacionalismo y la oposición a la inmigración. Gane quien gane finalmente, la agenda estadounidense ya ha cambiado y Trump ha impuesto ese cambio y este se ha dado en los dos países anglosajones más importantes, siendo probable que tanto en Alemania como en Francia suceda otro tanto, más allá de quien resulte victorioso o derrotado.

Quienes miran las consecuencias de la elección estadounidense desde la perspectiva de la seguridad internacional, observan dos escenarios diferentes de acuerdo a cuál candidato gane. En el pasado, el triunfo de un demócrata o un republicano no alteraba sustancialmente porque existían consensos bipartidarios. La cuestión es que hoy estos se han roto. Mantener la OTAN como clave militar de la alianza transatlántica, ha sido una prioridad estadounidense en los últimos 70 años, que no alteró la disolución de la URSS. Pero acá aparece una diferencia sustancial. Mientras Hillary tiene la visión tradicional de mantenerla como clave de la seguridad global estadounidense -aunque en el largo plazo comparta la visión de Obama de que el Pacífico y no Medio Oriente como en los ultimos años, será el escenario del conflicto estratégico más importante- Trump tiene una visión diferente. El candidato republicano ha puesto en duda que sea del interés de los EE.UU. entrar en guerra con Rusia si ésta ataca los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), lo que implica no cumplir los compromisos militares de la OTAN. También ha expresado su posición de que los aliados estadounidenses en Asia (como Japón y Corea del Sur) deberían hacerse cargo del costo de su defensa, permitiendo un repliegue militar de EE.UU. en esta región.

Trump rompe la opción básica en la política exterior estadounidense entre pacifistas-aislacionistas e intervencionistas-belicistas. La historia muestra que han sido más las circunstancias que las estrategias lo que ha determinado la entrada en guerra de los EE.UU. en el siglo XX. El país entró en las dos guerras mundiales con dos gobiernos demócratas y durante la Guerra Fría fue a la guerra en Corea del Sur y Vietnam, también con gobiernos de este partido. En cambio en el siglo XXI fueron gobiernos republicanos los que entraron en guerra dos veces en Irak y una en Afganistán. Pero Trump rompe esta dicotomía, por la cual los pacifistas se inclinaron más por el aislacionismo y en cambio el belicismo ha coincidido con una visión internacionalista. El candidato republicano representa una visión que podría ser definida como aislacionismo-belicista. Es que al mismo tiempo que relativiza o debilita los acuerdos militares tradicionales en Europa y Asia articulados entorno a la OTAN y la ASEAN, propone terminar con el terrorismo rápidamente, lo que implica una acción global e incluso tiene una posición frente a México, que no descarta intervenir en dicho país si éste no se somete a sus políticas. Aunque Hillary coincida más con la visión de la dirigencia militar estadounidense y el General Collin Powell que es republicano haya dicho que sería una "desgracia" que ganara el candidato de su partido, cabe señalar que 88 generales y almirantes retirados han tomado pública posición a favor de Trump frente a la elección.

En conclusión: tradicionalmente, las elecciones estadounidenses se han definido en función de procesos nacionales, aunque involucraran conflictos de política exterior; pero, en esta oportunidad se insertan en una tendencia global de rechazo a la política tradicional y revitalización del nacionalismo y el proteccionismo, del cual el Brexit ha sido una manifestación previa; mientras Hillary representa una visión más tradicional en materia de seguridad internacional, centrada en la OTAN y la ASEAN, Trump relativiza el cumplimiento de estos acuerdos y entre dos visiones tradicionales, que pueden ser definidas como aislacionista-pacifista e intervencionismo-belicista, el candidato republicano parece representar una suerte de aislacionismo-belicista.  

 
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