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Brasil se estabiliza y crece la tensión en Venezuela PDF Imprimir E-Mail
Sep-14-16 - por Rosendo Fraga

Brasil acaba de conmemorar los 194 años de su Independencia el 7 de septiembre y lo hace cuando está superando una de las crisis política y económica más graves de su historia. Los mercados -que no siempre aciertan, pero suelen anticiparse a los hechos- muestran que la bolsa brasileña es la que más ha subido en el mundo en lo que va del año, que el Real es la moneda que más se ha revaluado frente al dólar y que las acciones de Petrobras, han multiplicado su precio por nueve. Esto sucedió en los meses que transcurrieron entre la suspensión de Dilma Rousseff en la Presidencia y su destitución. Paralelamente, el gobierno provisorio del presidente Michael Temer que asumió en un contexto muy difícil, teniendo que remplazar en los primeros días varios de sus ministros iniciales acusados de corrupción, se fue afianzando gradualmente. Las Olimpíadas, contra muchos pronósticos, se realizaron con éxito en cuanto a organización y la mejora de Brasil en sus resultados -si bien pueden atribuirse a políticas del gobierno anterior- crearon un mejor clima anímico en el país.

La destitución de Dilma no fue fácil y ha sido un proceso traumático. Pero más allá de la polémica política tuvo lugar con una votación contundente y sin violencia en las calles. La Cumbre del G20 en China, fue el inicio internacional del presidente Temer, marcando el reingreso de su país en el escenario político global, tras meses de ausencia. Pero el gobierno de Temer todavía no ha logrado explicitar lo obvio: es un Presidente electo. Es que como sucede en nuestro país, el Vicepresidente es elegido por el voto acompañando al Presidente para terminar su mandato en caso que éste deje el cargo por la causa que sea. (Muerte, renuncia o destitución). No se trata de un Presidente electo por el Congreso, como sucedió en Argentina con Duhalde en 2002, sino de un Vicepresidente votado en las elecciones presidenciales brasileñas de 2014. Serán ahora las elecciones municipales del 2 de octubre, las que permitirán tomar el pulso político al país tras el conflicto que implica la destitución de Dilma. Si bien se eligen sólo los alcaldes -en nuestro caso se trataría de los intendentes- tiene más alcance que en nuestro país. Es que gobernar municipios como Sao Pablo y Río de Janeiro -las ciudades más grandes de América Latina- que entre ambas tienen casi la misma población que Argentina, tiene significación política nacional. Los resultados que obtenga el PT por un lado o los partidos que sostienen a Temer por el otro, pondrán en evidencia la relación de fuerzas emergen en la política tras la crisis. Mientras tanto, la amenaza del destituido ex presidente de la Cámara de Diputados (Cunha) de denunciar el proceso de destitución de Dilma, genera alguna inquietud en el gobierno. 

Mientras Brasil va saliendo gradualmente de su crisis, Venezuela y Colombia se encaminan a momentos políticos cruciales. La primera, ve como en las calles la oposición crece y el Chavismo responde con más autoritarismo. Que el líder opositor más importante en libertad (Capriles), haya sido retenido varias horas en la Isla Margarita por milicias armadas chavistas es una evidencia de ello. Maduro ha decidido no realizar el revocatorio antes del 10 de enero, para evitar se convoque a nuevas elecciones y retener así la capacidad de designar su sucesor aunque pierda el revocatorio. Al mismo tiempo sigue avanzando para destituir a los legisladores, habiendo desconocido la Suprema Corte alineada con el Chavismo, todas las decisiones adoptadas por el parlamento en los últimos meses. A la oposición no le resta otra alternativa que seguir impulsando las movilizaciones en las calles, que la semana pasada tuvieron lugar en el interior del país. A su vez Colombia se encamina al referéndum para someter a votación el acuerdo de paz con las FARC. Los sondeos que han sido publicados otorgan al Sí entre 70 y 60%, previéndose una concurrencia  a votar del 50%, la que no es baja para Colombia. Pero el acuerdo no es popular por las concesiones que se realizan a la guerrilla y la prédica del ex presidente Uribe sigue siendo atendida por una parte importante de la población. El triunfo del No, que haría inválido el acuerdo que ha comenzado a implementarse, crea un vacío peligroso. Al mismo tiempo, hay cierto escepticismo respecto a que el acuerdo sea realmente eficaz para pacificar el país, sin que se descarte que elementos de las FARC que no acaten el acuerdo, pasen a engrosar el ELN el grupo guerrillero más pequeño que ha decidido no desarmarse.

Mientras tanto, los grupos regionales parecen haberse desarticulado o quedado en suspenso, en gran medida por la crisis de Brasil. El Mercosur no logra designar su Presidente Pro-tempore, dividido entre Brasil, Argentina y Paraguay por un lado que quieren una Presidencia rotativa provisoria y Venezuela, Uruguay y Bolivia -que está en trámite de ser miembro pleno- respaldando a Maduro para el cargo. Unasur tiene el mandato de su Presidente vencido (Samper), pero no logra reunirse para resolver este tema ni para tomar posición frente a la destitución de Dilma.  Así es impensable que la CELAC pueda dar algún paso concreto. La Alianza de Pacífico, si bien es sólo un acuerdo comercial, tiene a los gobiernos de los cuatro países que la integran reconociendo al gobierno de Temer. En cambio los países del ALBA (el eje articulado por Chávez), aunque está en retroceso, se ha revitalizado políticamente para rechazar la destitución de Dilma. Así lo han hecho Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia. En este marco, la OEA -que en los últimos años careció de la capacidad para influir en los acontecimientos de la región- ha pasado a tener un rol más activo, en Venezuela por comisión y en Brasil por omisión. Esto implica el retorno de EE.UU. y Canadá -excluidos de la CELAC- a la discusión de los problemas políticos regionales.

En conclusión: Brasil ha cumplido 194 años de Independencia, encauzando una de las crisis político-económicas más graves de su historia; si bien la destitución de Dilma ha sido un hecho político traumático, se realiza por amplias mayorías parlamentarias y sin violencia en las calles; mientras tanto, Venezuela y Colombia se encaminan a momentos políticos decisivos, por dos referéndums y los grupos regionales se encuentran paralizados o en crisis, con la OEA recuperando cierto protagonismo.

 
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