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En búsqueda de la gobernabilidad PDF Imprimir E-Mail

Abr-29-08 - por Rodrigo Mallea

Paraguay nos encuentra hoy con un 40% de su población sumergida bajo la pobreza, un 30% de desempleo, una masiva diáspora de su población -representada en su mayoría por la población más joven- que constituye la tercera fuente de ingresos del país con el dinero que envían desde el exterior a sus familiares, y una triple frontera que comenzó con un comercio ilegal de bienes producidos en el exterior pero que pronto se le sumarían el tráfico de armas y drogas en los 90, valiéndole el rótulo de "Estado Fallido" por varios analistas, es decir, un territorio donde el gobierno central no logra ejercer plenamente su soberanía.

Como si la complejidad de su problemática no bastara por sí misma para que Paraguay aúne todos sus esfuerzos en resolverlas, el triunfo del obispo suspendido Fernando Lugo -con una diferencia de 10 puntos sobre su rival colorada, Blanca Ovelar- marcó el fin de un orden político que parecía inquebrantable, generando aún más incógnitas que certezas al estado paraguayo frente a sus impostergables desafíos. 

Ubicado dentro de lo que la ciencia política califica como "partido hegemónico" (sistema que según Sartori denota una periferia de pequeños partidos secundarios pero sin contemplar la posibilidad de una rotación en el poder) el Partido Colorado ha sido depuesto luego de 61 años de gobierno consecutivos, contando con la complicidad de las Fuerzas Armadas de Alfredo Stroessner en el auge de las dictaduras latinoamericanas.  

Así, la rotación política paraguaya se explica por acción y omisión del mismo partido hegemónico que se convirtió en su peor enemigo con sectores que se centraron en deslegitimar la candidatura de Ovelar y nada hicieron acerca del polémico general Lino Oviedo, que proviniendo de sus mismas filas optó por buscar consenso dentro de otra expresión política: aventura que le costó cara a los colorados, ya que el factor Oviedo se llevó un 22% del electorado paraguayo, con cuya sola mitad -sumada al 30% obtenido por Ovelar- hubiese mantenido la continuidad sobre el 40% obtenido por Lugo. 

Desafíos políticos 

Los analistas son escépticos. Paraguay se halla en una situación sumamente delicada donde a la extensa problemática social se ha sumado la incógnita política que versa sobre la gobernabilidad, y manejar un país en estas condiciones -sostienen ellos- es infinitamente más complejo que manejar un obispado.

No obstante, a su favor habría que señalar que la línea eclesiástica que adoptó Lugo desde su ingreso al clero está muy vinculada a la realidad latinoamericana y su problemática social, aunque a esto ciertamente deberá agregarle una faceta política que deberá madurar en el corto plazo. 

Con un Congreso de mayoría opositora en ambas cámaras y una estructura de poder local que nunca trabajó con otro sector político que no contara con la impronta del partido hegemónico, son válidas las incógnitas planteadas acerca de si Lugo alcanzará la mentada gobernabilidad. Este es un hecho que se hace más difícil aún para quien se manifestó abiertamente opositor al orden colorado durante toda su campaña, haciendo de éste aspecto el mayor desafío de Lugo: gobernar sin el apoyo del Partido Colorado.  

Por otro lado, no son pocos los sectores que lo acusan de ser un socio de Hugo Chávez -rótulo que ha estado presente en las últimas elecciones latinoamericanas-, que de ser ciertas no sólo condicionarían la política exterior paraguaya sino que además polarizaría las distintas expresiones políticas en el frente interno al no contar el venezolano con el buen visto de los colorados: algo que Lugo no puede darse el lujo de hacer.

Señales positivas

Un presidente recién asumido cuenta con las herramientas más valiosas de todo político: la iniciativa y la llamada "luna de miel" con el electorado, que según analistas dura aproximadamente unos tres meses desde la asunción de un gobernante electo. Este es el lapso en el que la opinión pública se halla expectante y tolerante con sus gobernantes sin echarle la culpa por todos los males, y esto es algo que Lugo no puede desaprovechar siendo su iniciativa crucial para que Paraguay logre revertir su estado actual de incertidumbre política, económica y social.

Lugo puede no contar con experiencia política o pecar de no haber leído a Maquiavelo -crucial para este nuevo campo en el que ha ingresado-, pero si esto es así se puede inferir que ha aprendido mucho y muy rápido acerca de esta ciencia inexacta.

Entre sus primeras medidas dio dos señales sumamente positivas: entendió que por su cuenta no podrá gobernar y se despegó sin medias tintas de Chávez.  

Disipó momentáneamente el fantasma de la gobernabilidad -jaqueada tras incursionar en un Paraguay ajeno a la alternativa política- llevándolo a buscar sumar en el único plano en el que la política es aritmética en el corto plazo: el Legislativo. Esto lo hizo tras hacer pública su intención de incluir a la expresión del polémico general Oviedo en su proyecto de país, algo que al menos desde el discurso que adoptó durante la campaña parecía impensable. 

También entendió que de ser favorable su posición respecto a Chávez contribuiría a polarizar el frágil sistema político paraguayo, siendo el venezolano resistido por las filas coloradas, y esto es algo que Lugo no puede permitirse en el corto plazo. 

Así es como el obispo no vaciló en manifestar su admiración por el Uruguay de Vázquez, ubicándose en un plano distante de Chávez y que además constituye un claro mensaje a la región: mencionó un país que mantiene una excelente relación con los Estados Unidos -marcada por la reciente visita de George W. Bush- y se posicionó en una izquierda que también representan Brasil y Chile en la región.  

Si bien es cierto que en política entre el discurso y los hechos hay una abismal distancia (valga como ejemplo la admiración expresa de Cristina F. de Kirchner sobre el modelo alemán y su acercamiento hacia Venezuela en los hechos) las señales políticas que Lugo ha dado hasta el momento han demostrado que el hombre que proviene del clero entiende de política.  

Sólo los hechos que se sucedan en los próximos meses ratificarán o contradecirán esta sentencia.

 
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