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Asignaturas pendientes del sistema democrático PDF Imprimir E-Mail
Abr-18-16 - por Rosendo Fraga

Al conmemorarse el Bicentenario de la Revolución de Mayo seis años atrás, en mi opinión, había tres grandes asignaturas pendientes para la democracia argentina: la desigualdad social, las prácticas electorales no transparentes y la falta de un sistema de partidos sólido.

Ahora seis años después, se conmemora el Bicentenario de la Independencia declarada en Tucumán el 9 de julio de 1816.

Puede ser interesante revisar, cuanto se ha avanzado o no, en resolver o por lo menos encauzar estas tres asignaturas pendientes.

Comenzando por la primera, la respuesta es la más concreta: nada.

Más allá de la pobreza y el desempleo, la Argentina en los últimos seis años no ha logrado avances en materia de desigualdad.

Ella es el gran conflicto social de largo plazo, no sólo en Argentina o América Latina, sino también en la sociedad global, que en lo que va del siglo XXI, ha logrado disminuir los niveles de pobreza, pero al mismo tiempo ha visto aumentar los de desigualdad.

Esto es una de las explicaciones del malestar social en los países desarrollados, que siguen siendo la meta desesperada para quienes huyen ya sea por guerra o por hambre de los países subdesarrollados.

Desde al economía suele ponerse el énfasis en la marcada reducción de la pobreza que en las últimas dos décadas generó el crecimiento impulsado por las grandes economías emergentes del Asia, pero al mismo tiempo se debe advertir, que este ha cesado en los años recientes.

A su vez desde las ciencias sociales, se pone el énfasis en el aumento de la desigualdad -América Latina hoy no es la región más pobre del mundo pero si es la más desigual- sin advertir fenómenos modernos que la han atenuado más allá del ingreso, como es el hecho que hoy hay más de un teléfono celular por habitante y que el Africa ya los usa el 70% de la población, aún los analfabetos.

Los datos hoy son incontrastables. El Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), al comenzar el primer trimestre de 2016, ha informado que la pobreza aumentó 5 puntos, superando el 34% de la población total, durante el primer trimestre del año. Entre los menores de 16 años, el porcentaje supera el 40%, porque la natalidad es mayor en las familias de menores ingresos.

Si bien pobreza no es desigualdad, es una manifestación de ella, ya que si aumenta la pobreza también aumenta la desigualdad.

La solución de largo plazo para reducir la desigualdad -como estaba sucediendo un siglo atrás cuando se conmemoró el Bicentenario de la Independencia- es la mejora en la calidad de las prestaciones públicas y en particular la educación.

Si en 1916, el país podía mostrar resultados positivos en la reducción de la desigualdad, porque hacía tres décadas que había sido sancionada en 1885 en la primera presidencia de Roca, la ley de 1420 de educación obligatoria, gratuita y laica y en esta materia, en los últimos años se ha registrado retroceso.

Quienes menos tienen, sólo pueden tener educación, salud y seguridad públicas y mejorarlas es la política más importante para reducir los niveles de desigualdad en una sociedad.

En cuanto a las prácticas electorales no transparentes, posiblemente 2015 ha sido un punto de inflexión.

Desde el restablecimiento de la democracia en 1983, las irregularidades electorales fueron aumentando y no disminuyendo. No se avanzó en la transparencia electoral durante las últimas tres décadas, sino que sucedió lo contrario.

La realidad mostraba que quien ejercía el poder, ya fuera nacional, provincial o municipal, tenía una clara ventaja para perpetuarse ganando elecciones sucesivas. La combinación del incremento de las prácticas electorales clientelistas, con falta de transparencia en los comicios, hizo retroceder y no avanzar en la transparencia electoral.

Pero las elecciones provinciales realizadas justo en Tucumán -la cuna de la Independencia- en 2015, pueden haber sido el punto de inflexión en la dirección contraria.

Es que los hechos que tuvieron lugar entonces en materia de irregularidades, se nacionalizaron y generaron una conciencia nacional sobre el problema. La fiscalización masiva que tuvo Cambiemos en los comicios nacionales del año pasado y en particular en la provincia de Buenos Aires, posiblemente no se hubiera dado, si Tucumán no hubiera dado la alerta.

Si bien es historia contra-fáctica -"qué hubiera pasado si..."- es posible que sin la alerta de Tucumán, María Eugenia Vidal no sería hoy gobernadora de la provincia de Buenos Aires y entonces, ¿sería Mauricio Macri Presidente?

La afluencia masiva de fiscales que tuvo por primera vez desde 1983 una fuerza no peronista en el conurbano, tuvo mucho que ver con el cambio político que de Argentina en 2015.

Ese mismo año se hizo en la Ciudad de Buenos Aires, la primera experiencia, que fue exitosa con la boleta electrónica, que es un claro avance en materia de transparencia electoral.

El 2 de abril de 1916, un siglo atrás -el mismo año que se conmemoraba el Centenario de la Independencia- tuvo lugar la primera elección presidencial con la ley del voto universal, secreto y obligatorio, siendo electo por primera vez Hipólito Yrigoyen. En 2016, ahora un siglo más tarde, se pone en marcha la reforma electoral más ambiciosa desde 1983.

Entre otras iniciativas, buscará extender el uso de la boleta electrónica a las elecciones nacionales.

Respecto a la tercera asignatura pendiente, la falta de un sistema de partidos sólido, clave esencial para el funcionamiento eficaz de la democracia, cabe la posibilidad que haya comenzado a solucionarse en 2015, con el triunfos de Cambiemos en la elección presidencial.

En las tres elecciones presidenciales precedentes (2003, 2007 y 2011), el Peronismo se presentó dividido en tres alternativas, las que sumadas en las tres oportunidades superaron el  60%. Frente a ello, el no peronismo, siempre se presentó dividido, sin posibilidad de constituirse en alternativa de poder.

El bipartidismo atenuado que había tenido la Argentina durante el siglo que se inicia en 1916, que hasta 1946 fue entre radicales y conservadores y desde entonces entre peronistas y radicales, había dejado de funcionar.

Ahora, en la cuarta elección presidencial del siglo XXI, ganó por primera vez en una fuerza no-peronista que es Cambiemos.

Si en los próximos años, la política argentina se reorganiza nuevamente en base a dos ejes alternativos -como funcionan las democracias estables- uno en que prioriza la distribución de la riqueza, como puede ser el Peronismo y otro más centrado en las reglas institucionales y el crecimiento como sería Cambiemos, el país puede pasar a tener el sistema de partidos estables que la democracia necesita para funcionar con eficacia.

Serán las elecciones que tendrán lugar en 2017 y 2019, las que mostrarán si esta posibilidad que se abre se concreta o no.

Pero no cabe duda que en materia de sistema de partidos, la Argentina tiene por delante la posbilidad de un cambio de época, como fue la llegada del Radicalismo al poder en 1916 y el Peronismo en 1946 y no sólo un cambio de ciclo, como fueron sucesivamente los gobiernos del Alfonsinismo, el Menemismo y el Kirchnerismo.

En conclusión, en los seis años que transcurren entre los Bicentenarios de la Revolución de la Mayor y la Declaración de la Independencia, la Argentina está dando señales de comenzar a corregir dos asignaturas pendientes en lo político: la transparencia electoral y la necesidad de contar con un sistema de partidos sólido, que garantice al mismo tiempo alternancia y gobernabilidad.

En cambio no se registran progresos en la desigualdad, la gran cuestión social de los próximos años.

 
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