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Abr-27-08 - por Bernardo Corro Barrientos*
Una crítica a la interpretación que los intelectuales cruceños hacen de la economía y los valores predominantes de su Departamento.
Fue interesante conocer el pensamiento de varios intelectuales cruceños respecto a los preocupantes temas políticos actuales, como el de las autonomías.
Mientras algunas de estas ideas las encontramos fundamentadas, otras las vemos más bien como insuficientes. Mientras por un lado compartimos apreciaciones, por otro lado resaltan más bien las diferencias y falencias. Debemos aclarar que en occidente encontramos la misma topografía conceptual. En el tema de las autonomías, por ejemplo, encontramos muchas falencias y rezagos similares o peores. Otros, por su lado, se encuentran últimamente tratando de descubrir la pólvora sobre estos temas candentes.
En este breve artículo efectuaremos comentarios sobre algunos temas con los que encontramos grandes diferencias.
Concepción geográfica del Estado
En primer lugar, se detecta que muchos de los intelectuales cruceños creen en la existencia de una separación institucional histórica entre los empresarios cruceños y el Estado central.
Consideran que en la historia del país, en particular en la del siglo pasado, los empresarios y la economía de Santa Cruz andaban por un lado y el Estado por otro. Se piensa que no había una relación entre ambos por la distancia geográfica. La geografía es, por consiguiente, la variable definitoria dentro de esta interpretación. No se concibe que un Estado pueda trascender las distancias y actuar como instancia representadora, articuladora y ejecutora de intereses económicos, políticos y sociales particulares.
Concretamente, por lo menos durante la segunda mitad del siglo pasado, el Estado central ha personificado políticamente y ejecutado los intereses económicos y sociales de la clase dominante boliviana, bajo la dirección de la élite empresarial cruceña (algunas veces sin personajes "cruceños" reales). La magnitud de los flujos financieros públicos canalizados anualmente, desde los años cincuenta, por el Estado a Santa Cruz indica la orientación y la dirección principal de los intereses de clase. Mientras estos flujos eran canalizados de preferencia hacia Santa Cruz, se abandonaba las otras regiones generadoras de esos flujos.
Mentalidad empresarial y mentalidad rentista
En segundo lugar, varios intelectuales cruceños creen que en la gente de Santa Cruz domina una mentalidad y una dinámica "neoliberal y empresarial", mientras en occidente prevalece un espíritu "rentista, pasivo y dependiente del Estado", incapaz de generar riqueza por esfuerzo propio. El resultado de estas mentalidades diferentes sería que la economía de Santa Cruz crece, es próspera y dinámica, mientras que la de occidente se estanca y es pobre.
Esta interpretación no está basada obviamente en la historia real y sobre todo en los datos económicos y estadísticos. Desconoce que los excedentes generados en occidente -la minería, la industria, el comercio- fueron canalizados crecientemente hacia Santa Cruz desde los años cincuenta, tanto por el Estado autoritario, como por el Estado neoliberal. Los recursos públicos y de endeudamiento externo financiaron durante décadas el desarrollo de la mejor infraestructura básica del país, de la más extensa red de caminos y carreteras pavimentadas y de la agroindustria más moderna. La masiva inversión pública permitió el arrastre de la inversión privada. Esta inversión, a su vez, impulsada por los apoyos y facilidades permanentes del Estado a grupos de familias durante más de cuatro décadas, como las liberaciones impositivas, aduaneras, de transporte ferroviario, así como los apoyos crediticios de los bancos estatales de fomento y las condonaciones posteriores, constituyeron la base de la acumulación de capital del sector empresarial cruceño. Ningún otro sector empresarial del país contó jamás con estos apoyos.
No se debe olvidar el proceso anterior en el surgimiento y la expansión del gran latifundio desde los años cincuenta. Actualmente, los latifundistas y agroindustriales constituyen la clase social dominante de Santa Cruz. A pesar de los cuantiosos recursos públicos durante más de cuatro décadas por este grupo, éste aún es dependiente del Estado y no podría sobrevivir ni un minuto sin los cuantiosos subsidios públicos, pagados por todos los habitantes de este pobre país. Se estima que el valor del conjunto de subsidios públicos y apoyos del Estado a la actividad soyera cruceña (diesel, devolución de impuestos, etc.) podría situarse cerca de 40 por ciento del valor de las exportaciones totales de la soya y sus derivados (alrededor de 470 millones de dólares en 2007). Esto, obviamente, constituye un escándalo en cuanto a la historia de los subsidios públicos en América Latina.
Para que exista el empresario emprendedor verdadero, innovador, de tipo "schumpeteriano", como el de la mitología del comité cívico de Santa Cruz, éste debería ser, primero que todo, "independiente de los subsidios del Estado", con una actividad basada en sus propios recursos e iniciativas y competitivo. La que vemos en Santa Cruz es, en realidad, una élite empresarial fuertemente rentista, probablemente la más dependiente de los recursos del Estado de América Latina.
La falacia del gran dinamismo
En tercer lugar, es frecuente escuchar y leer que la economía cruceña basada en la soya presenta "un gran dinamismo" y pujanza. Sin embargo, si bien algunos resultados como los de producción y exportaciones dan esta imagen, otros datos sobre la soya, menos difundidos, sin mencionar los subsidios ya citados, muestran un dinamismo y una competitividad en realidad bastante bajas en el contexto latinoamericano y mundial. Mientras en Bolivia se registró en los últimos años una producción de 1,9 toneladas por hectárea, Brasil y Argentina producen alrededor de 4,5 toneladas por hectárea. Santa Cruz experimenta, además, una peligrosa declinación de los rendimientos productivos desde hace más de una década. Mientras la superficie dedicada a la producción de soya creció en 94 por ciento entre los trienios 1994-1996 y 2004-2006, se registró simultáneamente una declinación de 14 por ciento en el rendimiento.
Esta caída determina la necesidad de los latifundistas cruceños de expandir continuamente sus latifundios, pese a la fuerte depredación de los suelos. El recurso a los insumos tecnológicos no es capaz de compensar la baja calidad de los suelos. Sólo la expansión ad infinitum del latifundio podría contrarrestar la declinación. Lamentablemente, ésta es la verdadera fuente de inspiración del Estatuto Autonómico de Santa Cruz.
En las exportaciones también se revela el carácter poco dinámico y la baja competitividad de la actividad empresarial soyera respecto al dinamismo de otras economías. Como se sabe, la soya y sus derivados pueden ser exportados únicamente al mercado andino (Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela) y no a otro lugar, gracias sobre todo a las preferencias arancelarias que este mercado les otorga. Sin estas preferencias, conseguidas por el Estado de Bolivia, no se podría exportar ni un kilo y otros países como Argentina y Brasil inundarían el mercado andino con su producción.
Modernidad económica y atraso sociopolítico
En cuarto lugar, se lee últimamente en los círculos más cultos de la sociedad cruceña que "la superestructura cruceña actual no corresponde al desarrollo de las fuerzas productivas, que la modernidad económica y la modernidad sociopolítica no se corresponden".1 El autor de esta opinión se refiere al estado de atraso cultural y de valores sociales y humanos (intolerancia cultural, racismo, provincianismo, etc.) en que las élites intelectuales cruceñas se encuentran, pese al gran dinamismo productivo y a la internacionalización económica de la región.
Por nuestra parte, pese a que consideramos que no existe en general una relación mecánica entre superestructura ideológica y base económica, encontramos que en Santa Cruz el tipo de valores culturales dominantes actualmente se relacionan estrechamente con el tipo de economía dominante. Y lo dominante en la economía cruceña es el latifundio, el rentismo dependiente de los subsidios y apoyos del Estado, el alquiler generalizado de parcelas del latifundio a productores medianos, la falta de competitividad interna y externa de los productos. En cuanto a los eslabones superiores de la cadena productiva de la soya, por otra parte, encontramos poderosas estructuras oligopólicas aceiteras que frenan el desarrollo de la industria de libre competencia.
Se trata, por consiguiente, de una base económica con relaciones productivas semifeudales, precapitalistas, de baja productividad, rentistas y dependientes del Estado, y no competitivas externamente desde el punto de vista comercial. La superestructura de este sistema económico, es decir, los valores ideológicos, culturales y sociales de los empresarios y latifundistas han sido moldeadas en gran medida por estas relaciones económicas. Es difícil, en este contexto, que una base económica como esa pueda generar de manera masiva otro tipo de valores éticos, morales y culturales, similares a los del mundo democrático moderno y contemporáneo.
*Bernardo Corro es Doctor en Economía. Artículo publicado en el semanario PULSO de Bolivia
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