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Argentina: Perspectivas políticas para 2016 PDF Imprimir E-Mail
Ene-05-16 - por Rosendo Fraga

Lograr la coalición parlamentaria que permita la gobernabilidad es el desafío más importante que enfrenta Macri en 2016 en el terreno político. Sin mayoría propia de Cambiemos en ninguna de las dos cámaras del Congreso de la Nación y sin utilizar el gabinete para hacer un gobierno de coalición que permita negociar mayorías parlamentarias, gestarlas implica acordar distribución de poder interno dentro del Congreso y, en un sistema federal, acordar con los gobernadores. A fines de 2015 Macri logró mantener bajo su control la línea sucesoria, al ser electo un legislador del PRO (Pinedo) como Presidente Provisional del Senado y otro (Monzó) al frente de la Cámara de Diputados. Pero no logró definir el control de la Comisión Bicameral que convalida los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), la Presidencia de la Comisión de Acuerdos del Senado, la de juicio político en diputados y las de Presupuesto y Hacienda y Asuntos Constitucionales de ambas cámaras, que son las más importantes. Además, los bloques del FPV en Diputados y el Senado mantuvieron su unidad. El modelo de coalición parlamentaria es el que intentó la gobernadora de Buenos Aires (Vidal). Allí Cambiemos tiene sólo un tercio del Senado provincial y algo más de un cuarto de la Cámara de Diputados, pero logró un acuerdo con Massa que le permitió alcanzar mayoría en las dos cámaras y la división de los senadores del FPV en dos bloques, los intendentes en por lo menos tres y disidencias en los diputados. Pero ello no le permitió alcanzar los dos tercios para ampliar el endeudamiento.

Contener las tensiones sociales es el segundo desafío, en un año en el cual tendrá que "sincerar" la economía, como dice públicamente Moyano. Macri parece dispuesto a poner en marcha un "acuerdo económico-social" con empresarios y sindicatos que contenga los conflictos sobre todo en los primeros meses del año, en los cuales el traslado de la devaluación a precios es un problema a resolver. El nuevo Presidente ha puesto en marcha una negociación eficaz con el sindicalismo peronista, al otorgarle a un hombre del mismo el control de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), el organismo que fue creado por Cristina y quitó al sindicalismo el control de los fondos de las obras sociales. La devolución de los fondos retenidos ya comenzó y el sindicalismo peronista, que se ha reunificado provisoriamente, parece dispuesto a acompañar en los primeros meses al gobierno, aunque el sector más kirchnerista liderado por Caló mantiene posiciones más duras. Pero al mismo tiempo se encuentra la conflictividad social, que está fuera de los sindicatos y es más difícil de manejar. Con realismo, Macri en los últimos días de 2015 otorgó un bono de 400 pesos a quienes cobran planes sociales, lo que contuvo la conflictividad a fin de año y evitó saqueos durante las fiestas, negociando para ello con los piqueteros krichneristas. El control de la protesta social es un desafío importante para el gobierno de Cambiemos, que intentar hacerlo con un "protocolo" que debe acordar con jueces y gobernadores. El Kirchnerismo y la izquierda parecen dispuestos a desafiar al gobierno en la calle y lo harán durante 2016.

La problemática de seguridad, integrada por el narcotráfico, el crimen organizado, la creciente inseguridad y la falta de eficacia del estado para combatirlos, es el tercer desafío político central. En los primeros días de gobierno Macri lanzó señales y medidas concretas hacia la política ("arte del acuerdo"), la economía (levantamiento del cepo), lo social (como se mencionó en el punto anterior) y en lo internacional (reclamo a Venezuela por los presos políticos). Pero no había hecho lo mismo con la problemática de seguridad, que es la primera demanda de la sociedad en los sondeos desde hace varios años. La fuga de tres condenados a perpetua por asesinatos vinculados al narcotráfico puso el tema en el centro de la escena, antes de que el gobierno pudiera ocuparse del mismo. El gobierno que se va deja un fuerte incremento en el narcotráfico, el consumo de drogas e incluso en la producción de estupefacientes en el país. Si bien es cierto que no es una temática fácil de resolver en ningún país del mundo, se trata de poner en marcha políticas sistemáticas de largo plazo que incluyan represión, prevención y una coordinación efectiva con la justicia. Es probable que el gobierno se vea obligado durante el año a reorganizar el área de seguridad, donde hoy aparece su vulnerabilidad más grave.

Mientras tanto el rol del Peronismo será decisivo para la conformación de la oposición. El FPV retiene 12 de 24 gobernaciones, 42 de 72 senadores y 110 de 257 diputados. El Kirchnerismo, percibiendo que el tiempo le juega en contra, puso en marcha el proceso para renovar las autoridades del PJ, hoy encabezadas por el ex gobernador Fellner. En febrero las provincias presentarán su lista de congresales a la justicia electoral y en abril se reuniría el Congreso que elegiría las nuevas autoridades. Buscando representar al Peronismo anti-K, el gobernador de Salta pidió primero que la elección se haga por voto directo, lo que difícilmente consiga; luego ha dicho que Cristina debía competir por la Presidencia del partido y no apoyar un candidato propio. Ya el ex intendente de Matanza y actual Presidente del PJ bonaerense (Espinoza) ha propuesto que Scioli sea el próximo Presidente del partido. Aunque se elijan nuevas autoridades del PJ, es difícil que ello implique la emergencia de un nuevo liderazgo, el que recién surgirá con los resultados de las elecciones legislativas de 2017, como sucedió en 1985, 2001 y 2005. Mientras tanto, el Kirchnerismo seguirá siendo una parte del Peronismo y Cristina tendcrá poder, pero no todo. Massa y De la Sota serán un polo anti-kirchnerista y los gobernadores harán equilibrio de acuerdo a sus necesidades concretas.

En conclusión: el primer desafío político de Macri en 2016 es la construcción de una coalición parlamentaria que le dé gobernabilidad, al estilo de la intentada por Vidal en la provincia de Buenos Aires; contener la conflictividad social en un escenario de “sinceramiento” económico es el segundo desafío, siendo más fácil de manejar en el ámbito sindical que en los movimientos sociales; la lucha contra el narcotráfico y la inseguridad es una cuestión central, dado su deterioro en los últimos años, su prioridad para la opinión pública y los problemas enfrentados en Buenos Aires y el Peronismo probablemente no tendrá un liderazgo unificado y ello puede permitirle al nuevo oficialismo negociar con algún sector del mismo, aunque se elijan nuevas autoridades.  

 
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