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¿Argentinos o ignorantes? PDF Imprimir E-Mail
Dic-14-15 - por Lucas Calzoni

A principios del Siglo XX, cuando al escritor español y premio Nobel de Literatura, Jacinto Benavente, le preguntaron qué pensaba de nosotros, los argentinos, éste lanzó un enigmático acertijo  antes de partir para su tierra: "Armen la única palabra posible con las letras que componen la palabra argentino". Finalmente lograron descifrarlo y la respuesta era terriblemente provocativa, ya que la única palabra que se podía construir con las letras de argentino era "ignorante."

Sí, es verdad, nos molesta y nos duele que nos llamen ignorantes, pero en el fondo que conclusión podemos sacar. Tenemos dos opciones ofendernos y enojarnos o realmente aprender de los demás y de nosotros mismos. Si elegimos el camino  rápido del "ego",  nos volveremos arrogantes y soberbios, pero si tenemos el coraje de elegir el "largo camino de la sabiduría", empezando por reconocer la propia ignorancia, nos daremos cuenta de lo valioso que somos todos y cada uno de los argentinos. Ya en la Antigua Grecia, Sócrates decía "Sólo sé que no sé nada" y a pesar de ser un extraordinario filósofo, reconocía su propia ignorancia, dejando una lección de "humildad" para  la posteridad y para la historia del pensamiento.

Todos sabemos que el ego es dañino y destruye todo a su paso, que nos puede nublar los sentidos y hasta distorsionarlos. Incluso hasta las grandes personalidades de la historia lo reconocieron, como el gran emperador francés  Napoleón  Bonaparte, que en algún momento llegó a decir que "la batalla más difícil la tenía todos los días consigo mismo". Es decir que, hasta el mismísimo Napoleón admitía que continuamente se debe luchar contra el ego propio.

Los argentinos siempre destacamos, somos talentosos y creativos, pero lo empañamos todo con nuestra soberbia, esa es la imagen que muchas veces damos en el exterior  y que oscurecen todas nuestras virtudes. Si repasamos nuestra historia encontraremos un montón de ejemplos donde la soberbia de nuestros líderes nos empujó hacia el abismo, incluso en el imaginario colectivo quedan las figuras del "compadrito" y el "guapo" que se las saben todas. Estas figuras estereotipadas representan un poco ese ideal negativo que tenemos todos los argentinos.

Tenemos que pensar que la única cura para la ignorancia es la "educación", pero cuidado, hay que tener en cuenta que hay dos tipos de ignorancia la del "conocimiento" y la de los "valores". Ya muchos grandes educadores de nuestra historia, empezando por Domingo Faustino Sarmiento, vieron el papel clave de la educación como una herramienta central para el disciplinamiento social, el desarrollo de la cultura y el progreso económico. Pero parece, que la que  ha estado ausente, ha sido la educación en los valores, sino como explicamos fenómenos como la violencia o la corrupción, que nos golpean como sociedad, afectando sin distinción a todos los sectores sociales. Hablar de "valores" hoy suena anticuado o idealista, pero no es así, el día que los argentinos aprendamos ésto, todo va a cambiar para mejor.

Es cierto, de que ya es hora que los políticos, es decir, los que gobiernan o como se dice vulgarmente "los de arriba", den el ejemplo, pero esto no sólo funciona en forma "vertical", sino también en forma "horizontal", es decir,  siendo nosotros los que demos el ejemplo todos los días en nuestras vidas cotidianas. Porque las grandes transformaciones sociales funcionan así, a partir del rol de las  sociedades civiles. No debemos ser unos "sofistas" de la técnica y del conocimiento para usarlos únicamente para nuestros propios fines egoístas, sino de utilizarlos con "fines éticos",  sin caer en el altruismo exagerado, todos los ciudadanos debemos tener "vocación de servicio" y más aún, los que se dedican a la esfera pública, porque como diría Aristóteles se trata de buscar la felicidad para la comunidad política.

Se nos ha inculcado que quien tiene valores es un "gil" o un tonto, que es mejor ser pícaro o avivado, pero la realidad es que si le va mal al otro, a largo plazo me perjudico yo también. Entonces quién es verdaderamente el gil, si actuamos así, somos todos unos "giles". Tenemos que dejar de pensar de esa forma y aprender la difícil tarea de respetar al otro. Hoy en día,  son los medios de comunicación y sobre todo la televisión, la que educa y crea lo que podríamos llamar  los "anti-valores" que estupidizan a los atentos televidentes. Nos meten toda clase de imágenes burdas y palabras vacías de contenido  y como dice el politólogo italiano Giovanni Sartori, nos terminamos convirtiendo  en una sociedad teledirigida, donde los medios de comunicación "masifican" y "cosifican" nuestras subjetividades. Tenemos que estar atentos a esta nueva "era multimedia" donde priman la imagen y lo audiovisual sobre el pensamiento abstracto, la lectura y la cultura escrita. No se trata de culpar solamente a los medios, sino de asumir culpas compartidas para poder reconocerlas y mejorarlas en el futuro. 

Los argentinos también nos hemos formado en la "cultura del enfrentamiento y la rivalidad" y no en la del "diálogo". Todos sabemos que es difícil sentarse a una mesa y negociar pero es necesario para poder construir y no destruir,  porque sino caemos siempre en el viejo cuento de que "todo lo anterior no sirve y debemos empezar todo otra vez", como si fuera un círculo vicioso o un "eterno retorno" para crear la nueva Argentina. Cuando aprendamos el valioso arte de la negociación, todos saldremos ganando.

La Argentina del Siglo XXI debe cambiar de paradigma y apostar al futuro,  fomentando la "Economía del Conocimiento" y no la ignorancia y la pobreza y  no sólo me refiero a la material sino también moral e intelectual.  Es cierto, que las ciencias y la tecnología son las vanguardias de este siglo y que los nuevos campos de la informática y la robótica nos marcan el camino del futuro. Pero no debemos caer en una visión sesgada del mañana, porque la ciencia sin  ética y sin historia que la contengan,  "es ciega y boba". Tomemos sino como ejemplo, la destrucción irresponsable del medio ambiente y el agotamiento de los recursos naturales. Los argentinos entonces deberíamos actuar como el dios Jano, que según la mitología romana, poseía dos caras, una mirando  hacia el pasado y la otra hacia el futuro, porque "si no sabemos de dónde venimos no sabremos hacia dónde vamos".

 
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