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Comprendiendo el contexto estratégico: Siria y el islamismo radicalizado PDF Imprimir E-Mail
Nov-29-15 - por Guillermo Lafferriere

La situación estratégica en el mundo está en pleno desenvolvimiento.  A veces la velocidad de los acontecimientos y las consecuencias que los mismos deparan resultan casi inasibles no solamente para no pocos analistas sino que sorprendentemente lo es también para países que mantienen categorías de análisis que son propias de la Guerra Fría y no de este tiempo.  El caso de Siria es en cierto sentido un ejemplo de ese nivel de confusión y en este artículo trataremos a partir del mismo aportar algunas visiones que permitan al lector comprender las razones de las "confusiones" y los porqués de ciertas actitudes impensadas tiempo atrás.

El primer factor a considerar, y que ha sido perdido de vista por algunas miradas sobre los temas internacionales, es el que indica que los intereses nacionales mantienen plena vigencia cuando el Siglo XXI está avanzando hacia completar su segunda década, y nada parece anticipar que ello pueda cambiar.  Esto que puede resultar demasiado básico, no lo es para no pocos que han apostado quizás con excesivo optimismo a que sistemas supranacionales podrían dirimir los conflictos, minimizando el choque entre los intereses de los estados.  Ello puede que sí haya tenido resultado en otros campos de la agenda global pero está muy lejos de ser un hecho concreto en los asuntos que hacen a la seguridad internacional.  Esto también nos lleva a comprobar la plena vigencia del estado-nación como un actor fundamental en la geopolítica global. Los estados sea de manera aislada o bien conformando diversas asociaciones, no pocas de ellas ad hoc, son quienes deciden sobre la temática de seguridad y no hay prácticamente lugar para otro tipo de agencias no gubernamentales.   Y esta interacción entre intereses y estados lleva directamente a comprender el porqué de la relevancia que los temas militares poseen a nivel global en las agendas de los países, y no solamente de las potencias.  Es que como hemos descripto en diversos trabajos en esta columna, la capacidad militar resulta la herramienta que emplean los países en su interacción cooperativa en los asuntos de seguridad internacional.  Quienes auguraban un decaimiento de este tipo de medios a favor de aproximaciones menos duras, se han mostrado al menos como poco hábiles para comprender las dinámicas que los desafíos del Siglo XXI están presentando. 

Siria es hoy un escenario terrible y sangriento, pero es uno donde podemos observar con claridad no pocas de las consideraciones que expresamos poco antes.  Es que la guerra civil en Siria ha dejado de ser solamente la lucha de facciones que deseaban desplazar del poder al régimen familiar y autoritario de los al Assad; sino que trágicamente ha mutado para ser un lugar donde la principal amenaza a los estados encontró un lugar donde expandirse. Nos referimos al islamismo extremista, representado por Al Qaeda, Al Nusra y el Estado Islámico, por nombrar solamente algunas de las facciones más conocidas.  Es que más allá de las interpretaciones que el lector pueda tener sobre el origen de esos grupos, sobre la responsabilidad que no pocas naciones han tenido en promover antecesores de los mismos; lo cierto es que sus pretensiones, acciones y su viral expansión representan una amenaza no solamente para una parte del mundo sino para todas las naciones en su conjunto. Y es por ello que detrás de la búsqueda de su destrucción y apelando a distintos medios, están países occidentales, Rusia, la República Popular China, India y otras naciones. 

La amenaza que el extremismo islámico representa, hace que Rusia y Francia puedan actuar al unísono en Siria buscando castigar duramente al Estado Islámico, mientras París busca ampliar la coalición sumando a Alemania, el apoyo de Washington y perseguir el recurso crítico que significa obtener fuerzas terrestres para llevar adelante una campaña militar realmente efectiva.   Esta interacción entre Rusia y Francia era impensable meses atrás cuando la crisis de Crimea y el apoyo de Moscú a los rebeldes pro rusos en Ucrania Oriental se desatara en el año 2014.  Pero volvemos a insistir, la dinámica de los acontecimientos geopolíticos es mucho más veloz que la capacidad de comprensión de los analistas. La prioridad es golpear lo más duramente al Estado Islámico y otros aspectos de la agenda han pasado a segundo plano; incluso Ucrania. 

Siria es también un espacio donde la geopolítica se juega en diversos planos de manera simultánea.  Rusia, lo hemos manifestado en el pasado, tiene en Damasco a un antiguo aliado y en el territorio sirio a su única facilidad naval en todo el Mediterráneo. Siria representa para Moscú la posibilidad de mostrarse como un actor que puede lograr resultados prácticos concretos allí donde otras naciones de Occidente se han mostrado entre vacilantes y poco efectivas. Pero además Rusia comprendió con claridad que si Siria cae bajo el control de los yihadistas su propio país se vería amenazado por la proyección que estos extremistas podrían realizar teniendo como base de operaciones un país que está críticamente cerca del Cáucaso.  Por su parte Francia también observa a Siria con atención. En principio porque reconoce que el Estado Islámico emplea al país como una plataforma desde donde proyectar sus ataques fuera del área, tal como hizo en París; y porque ese país ha sido parte de su pasado colonial y naturalmente siente que políticamente debe colaborar en encontrar una salida a la guerra civil.  Sin embargo, está priorizando la eficacia en el accionar contra el Estado Islámico, materializado esto en su cooperación con Rusia antes que en su mirada de promover una salida de al Assad del gobierno de Damasco.  El realismo del gobierno francés es harto evidente.

Ahora bien, el hecho que el centro de la acción de Rusia y Francia esté orientada al Estado Islámico no debe hacernos perder la perspectiva que otro importante actor regional, Turquía tiene sobre los asuntos en Siria. Ankara pareciera más preocupada por la situación de los kurdos que se encuentran en su territorio y al sur del mismo en Siria y en la presencia Rusa en ese país. Esto tiene quizás relación con una potencial salida al conflicto Sirio. Imaginemos que por medio del accionar de Rusia que coordina sus ataques militares con las acciones terrestres del ejército sirio y las fuerzas iraníes y de Hezbollah, se llegara en un futuro a una solución política en Siria que diera autonomía a minorías existentes, entre las cuales se encuentran los kurdos. En esta hipótesis, los kurdos podrían  disfrutar en Siria de una potencial autonomía que en algún punto podría compararse a la que poseen los que habitan en Irak. Esa situación sería observada como una potencial amenaza para Turquía toda vez que podría ser considerada como una fuente de desestabilización al férreo control turco sobre la minoría kurda en el sur de su territorio.  Allí puede estar la causa para el nivel de agresividad con que Ankara reaccionara ante el accionar de un cazabombardero ruso y lo derribara.  Aunque en esto últimos días es notable la manera en que Turquía ha tratado desescalar el conflicto con Rusia, al hacerse evidente que sus aliados de la OTAN, tienen prioridades más acuciantes que atender la mirada turca centrada en su realidad y alejada de la amenaza que el islamismo radicalizado significa para sus socios de la alianza atlántica y también para Rusia. País este último que no respondió directamente al derribo de su avión, pero incrementó sensiblemente su presencia militar en Siria, introduciendo sofisticados sistemas de armas antiaéreas, claramente orientados a Turquía, pues el Estado Islámico no posee capacidad aérea alguna; y simultáneamente cortando todos sus lazos económicos y militares con Ankara.

Siria es también un lugar donde Arabia Saudita y sus aliados del Golfo Pérsico buscan preservar sus intereses. Y aquí también podemos observar los complejos cruces que se producen, toda vez que Riad mantiene lazos estratégicos con Washington de larga data, que incluyen asistencia militar y política; aunque simultáneamente desde allí surgiría el apoyo encubierto a visiones radicalizadas del Islam. En cierta medida esa relación compleja es la que se replica entre EE.UU. y Pakistán, nación que por un lado es un aliado en ciertas circunstancias de Washington y simultáneamente su servicio de inteligencia sostiene a ramas del Talibán que operan en Afganistán.

Tratar de comprender la geopolítica del Siglo XXI con las categorías de la Guerra Fría es un tremendo error.  Básicamente por considerar que la mirada ideológica tiene algo para aportar en este entramado. Ello no es así. Como mencionamos son los intereses lo que están primando y quizás la confusión radica en que no se pudo distinguir con claridad que ciertos intereses que se perseguían en el período de la Guerra Fría estaban enmarcados en el conflicto ideológico propio de la misma; y que caídos estos últimos, los primeros suelen manifestarse con mayor claridad; haciendo que un análisis poco profundo confunda momentos históricos que solamente tienen como similitud a no pocos de los actores en presencia. Esos intereses propios de cada país, tienden a converger con los de otros cuando se perciben amenazas comunes. El Estado Islámico es una de ellas, y la convergencia se da entre actores que con categorías obsoletas resulta imposible entender el porqué de su acercamiento.

Finalmente entre nosotros, donde la perspectiva ideológica ha primado tanto en nuestra aproximación al mundo, sería bueno que buscáramos la manera de comprender los cambios acaecidos y despojarnos de la misma de una buena vez. De esa manera quizás al menos pudiéramos comprender más acabadamente el drama que se desata ante nuestros ojos. Y tal vez, entender que nos puede alcanzar en algún momento, tal como lo hizo en el pasado sembrando muertos y destrucción.  Ello también haría que al menos tomáramos medidas para protegernos.  Esto último ya significaría un enorme avance frente a nuestra complaciente pasividad a la amenaza que el islamismo radicalizado representa.

 
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