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Macri y los sindicatos PDF Imprimir E-Mail
Nov-29-15 - por Rosendo Fraga

La experiencia de  los gobiernos no-peronistas ha sido la de no lograr una política eficaz para convivir con ellos. Fue la experiencia de los tres últimos gobiernos radicales: Illia (1963-1966), Alfonsín (1983-1989) y De la Rúa (1999-2001).

En los dos últimos casos, fue una combinación del sindicalismo con el Congreso la que puso un límite a su poder; estas combinaciones sólo las puede implementar el Peronismo, dada su capacidad de actuar en ambos campos. En el caso de Alfonsín, antes de cumplir un año en el poder el Senado frenó por un voto la ley de reordenamiento sindical que impulsaba el gobierno. En el de De la Rúa, al quinto mes de gobierno se produce una crisis política al tratarse en el Senado el proyecto de ley de reforma laboral y denunciarse supuestos intentos de sobornar legisladores para que la voten.

Pero Macri no parece tener las mismas limitaciones para manejarse con el sindicalismo que los gobiernos radicales. En su juventud vio a su padre al frente de su grupo empresario manejar con eficacia y normalidad la relación con diversos sindicatos (correo, industria automotriz, camioneros, etc.).

Los ocho años de Macri como Jefe de Gobierno muestran que no ha tenido problemas en la relación con los sindicatos: los docentes, los municipales, los camioneros y otros sindicatos han tenido buena relación con el gobierno porteño y no han realizado medidas de fuerza.

La excepción son los metrodelegados en el subte, pero se trata de militantes sindicales de izquierda -muchos de ellos volcados al Kirchnerismo-, que han tenido el apoyo del Ministerio de Trabajo en los conflictos tanto con el gremio peronista que los encuadraba (Uta), como con el gobierno porteño.

Frente al gobierno de Macri, las tres centrales sindicales peronistas encabezadas por Moyano y Barrionuevo (opositoras) y Caló (oficialista), avanzan hacia la unidad sindical después del 10 de diciembre.

Es posible que esta unidad adopte como forma de conducción transitoria un triunvirato integrado por un delegado de cada una de ellas, hasta que se convoque un Congreso de la CGT que elija las nuevas autoridades.

Pero Moyano es quien tiene la mejor relación con Macri y a través de él probablemente se canalizará una eventual negociación.

La idea que predomina en el sindicalismo peronista es ofrecer al nuevo gobierno una tregua de un año (2016), para facilitarle la tarea del "sinceramiento" de la economía que se hace inevitable, como el mismo Moyano lo ha dicho públicamente.

Contra esta tregua, el sindicalismo reclama tres cosas:

  1. Que se mantenga el sistema de sindicato único por actividad a través de la personería gremial que otorga el estado. Ello implica no otorgársela a las centrales sindicales combativas -como las dos CTA- y a una serie de gremios disidentes que se han constituido en los últimos años desde la izquierda, como ha sido el mencionado caso de los metrodelegados del subte.

  2. También que se mantenga el sistema de las convenciones colectivas de trabajo, monopolizando la negociación salarial en los sindicatos únicos por actividad. Se acordaría además un aumento salarial para el primer semestre que no aumente la inflación, en momentos que se aplicará un ajuste vía tipo de cambio y tarifas.

  3. Piden también la devolución del control de los fondos de las obras sociales que les restringió Cristina Kirchner mediante la creación de la Superintendencia de Seguros de Salud (SSS), que pasó a controlar fondos que antes iban directamente a ellas. Esta negociación incluiría una solución para la deuda de las obras sociales que reclaman los sindicatos, que estiman en 30.000 millones de pesos, por la que aceptarían un bono. También buscarán limitar los traspasos de los trabajadores entre distintas obras sociales.

El escenario probable es que Macri acepte esta propuesta, dada la necesidad de evitar que el ámbito sindical se precipite a un conflicto en los primeros meses de gobierno, cuando se tomarán medidas que tendrán costo social.

El perfil del ministro de Trabajo que se designará sería coherente con este tipo de política de negociación y acuerdo con los sindicatos. Puede ser el diputado nacional del PRO Jorge Triaca, hijo del dirigente nacional del mismo nombre que fuera diputado nacional y ministro de Trabajo. Sería una clara señal de acercamiento al sindicalismo peronista.

Resumiendo: será un enfoque diferente al que han tenido los gobiernos radicales.  

 
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