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La crisis de Brasil PDF Imprimir E-Mail
Nov-04-15 - por Rosendo Fraga

La crisis político-económica de Brasil es un dato relevante para las potencias emergentes y para América del Sur. La economía ha caído en el tercer trimestre al mismo tiempo en los EEUU y en China. En el primero el crecimiento fue menor al 2% y en la segunda estuvo por debajo del 7%. Más allá de sus diferencias, es un crecimiento bajo para los respectivos países que ya ha llevado a reducir las perspectivas de crecimiento global para el año próximo. En el ámbito de lo BRICS, la fuerte recesión brasileña se combina con la que sufre Rusia y la mencionada reducción del crecimiento chino. Sólo India entre las cinco potencias del grupo BRICS mantiene un buen nivel de crecimiento, pero ello no es suficiente para neutralizar la tendencia negativa que muestran las economías de este grupo en su conjunto. El menor crecimiento de China se hace sentir en África por el menor consumo y el valor más bajo de las materias primas que exporta, pero también en Alemania, que tienen en la potencia asiática el primer destino de exportación de sus bienes de capital. Mientras la crisis de Brasil se proyecta globalmente al combinarse con el freno de China y el retroceso de Rusia, en América del Sur la incidencia es aún más directa. Mientras México y América Central y el Caribe funcionan bajo la impronta de la economía estadounidense, en América del Sur los efectos de lo que sucede en Brasil -que es la mitad de la subregión en términos de PBI, población y territorio- y en China, por la demanda de sus materias primas, es más importante.

Es en este marco que la posibilidad de que la crisis político-económica que tiene a la Presidenta Dilma Rousseff como protagonista principal se prolongue los próximos tres años es posible pero no probable. Su nivel de aprobación lleva ya más de medio año por debajo del 10%, un nivel sin precedentes en Brasil y más aún en el primer año de mandato. En Perú los últimos gobiernos han terminado con niveles de popularidad similares, pero no los tuvieron al comenzarlo. Hay quienes sostienen que Brasil debe dejar que la experiencia política del PT se agote hasta las últimas consecuencias, para permitir a la oposición ganar claramente y gobernar en plenitud. Es un razonamiento de análisis político que puede verse contrastado por la realidad. Meses atrás se estimaba que el crecimiento de Brasil en 2015 sería 0, ahora resulta de -3% y se pronostica que para 2016 será de -1%. ¿Pero qué sucede si el pronóstico vuelve a fallar y la caída vuelve a ser del 3%? Lula -quien está viendo afectadas sus posibilidades de volver al poder en 2018- ha llegado a decir la semana pasada que "así no se puede gobernar Brasil". A medida que se va imponiendo la perspectiva de una crisis prolongada -y la visión algo más pesimista sobre la economía mundial la acentúa-, no sólo en el empresariado y los medios de comunicación va creciendo la idea de que el país no puede seguir tres años así, sino incluso dentro del mismo PT. Nada en política es imposible, pero no parece fácil la alternativa de que Dilma recupere su liderazgo y pueda hacer que su país retome la senda del crecimiento.

Pero la alternativa del juicio político no resulta fácil y no avanzará en el corto plazo. Ni en la clase política ni en el empresariado -que se ve involucrado como nunca antes en las denuncias de corrupción que afectan al oficialismo- hay decisión para avanzar en este camino, reclamado por un sector de la oposición y por el activismo en las calles. La política tradicional, representada por el PMDB -principal aliado político del PT- y el PSDB de Aecio Neves, el candidato derrotado por Dilma un año atrás en la segunda vuelta por sólo 3 puntos, tienen en sus filas legisladores suficientes para avanzar en el juicio político. Es que la política tradicional también está involucrada en las denuncias de corrupción. El ejemplo más claro de ello es el Presidente de la Cámara de Diputados (Cunha), un aliado conflictivo de Dilma que, tras amagar con permitir que avance el juicio político, al ver avanzar las denuncias contra él optó por bloquearlo. Dilma califica a los intentos de juicio político como "golpe blando" o "golpe a la paraguaya", asumiendo terminología a la cual recurren los lideres políticos sudamericanos cuando se encuentran en dificultades. La justicia brasileña ha mostrado un nivel de independencia importante y ello hace que no todo el proceso político desatado por las causas de corrupción con epicentro en el "Petrolao" pueda ser controlado por la clase política, los factores de poder y los grupos de presión.

Entre la prolongación de la crisis a lo largo de tres años y el juicio político, se va abriendo paso la posibilidad de una renuncia de la Presidenta, a la que ella se resiste. Esta posición fue expuesta públicamente en los últimos días por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, quien dijo que Dilma debería tener un acto de renunciamiento que permita una salida de la crisis menos cruenta que el juicio político. Ello podría llevar a que el Vicepresidente (Temer) ocupe la Presidencia hasta el final del mandato. Dilma se ve amenazada por tres causas judiciales: el Petrolao, en el cual están involucrados miembros de su gabinete; las irregularidades en la rendición de cuentas de su mandato anterior; y la financiación ilegal de su campaña electoral del año pasado. Si avanza esta última, el Vicepresidente también podría verse involucrado y ello complicarlo como eventual sucesor. Si Temer quedara a cargo del gobierno, es previsible un cambio político hacia el centro con una nueva coalición, en la cual el PT perdería influencia y la adquirirían sectores de la política tradicional. No puede descartarse en caso que la crisis se agrave un acuerdo de las principales fuerzas políticas del país (PMDB y PSDB) en detrimento del PT. Ello implicara un giro importante en la política brasileña y para el populismo latinoamericano una derrota política importante.

En conclusión: la prolongación de la crisis político-económica de Brasil afecta a los países de America del Sur, pero también se globaliza a través del grupo BRICS; que la situación se prolongue tres años más hasta el final del mandato de Dilma es posible pero no probable, por los perjuicios que ello provoca en la economía y sus efectos sociales; pero el juicio político no avanza en el corto plazo, temiéndose tanto en el ámbito empresario como en el político por sus costos institucionales; por último, entre ambas alternativas se plantea la posibilidad de una renuncia de Dilma que permita una salida menos cruenta a la crisis, pero por ahora ella la resiste.  

 
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