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Fuerzas Aéreas: Mucho más que aviones de combate PDF Imprimir E-Mail
Nov-01-15 - por Guillermo Lafferriere

Las fuerzas aéreas son un componente relevante en cualquier instrumento militar de la defensa de un país. Desde su aparición en la Ira Guerra Mundial hasta el presente, las mismas representan por lo general a la parte del poder militar que más recursos tecnológicos demanda y ello va acompañado, al menos en los países que pretenden contar con ese tipo de herramienta militar, de un nivel de erogaciones muy importante en términos comparativos con los de las otras fuerzas armadas.  Lo expresado ha hecho que sean muy pocos los países que cuentan con fuerzas aéreas con capacidades para desarrollar la totalidad de las misiones que esas organizaciones pueden llevar adelante en un conflicto bélico, y por lo general la tendencia es que se focalicen ciertas capacidades, abandonando otras. Un caso claro es el de la Real Fuerza Aérea Británica, la cual ya no cuenta en el inventario de su material de vuelo con bombarderos estratégicos, como sí los poseía hasta no hace muchos años atrás.

A pesar que como hemos expresado las fuerzas aéreas en general tienen la tendencia a contar con materiales que tienen a la tecnología más avanzada como un insumo clave; ello no implica que las mismas no enfrenten en el presente siglo con desafíos muy importantes. Algunos de ellos que arrastran desde el pasado siglo XX y otros que vienen de la mano de la propia tecnología. Analicemos algunos de ellos.

En primer lugar, las fuerzas aéreas son altamente dependientes de facilidades en tierra adecuadas para la operación de sus medios.  Ya no es como en los tiempos de la 2da Guerra Mundial, donde se podía operar desde campos improvisados, llegando en casos extremos a calentar sus motores colocando una fogata debajo de los aviones como sucedía en el frente oriental durante los terribles inviernos en esa misma guerra.  Se necesitan instalaciones que puedan proporcionar el sofisticado sostén tecnológico que las aeronaves requieren, el cual está muy lejos de poder ser brindado, en términos generales, en lugares de gran precariedad.  Esta situación hace que las propias instalaciones sean blancos de altísima sensibilidad para un potencial enemigo, y que se deban de realizar diferentes obras para "endurecer" a las mismas; tales como hangares que posean protección contra acciones aéreas enemigas, sistemas de defensa antiáerea colocados en diferentes lugares que permitan a las instalaciones contar con una mínima protección así como replicar esas protecciones al personal y material que debe sostener la actividad aérea en caso de realizarse operaciones.

Lo mencionado sobre las facilidades en tierra que requieren las aeronaves, hace que todo lo relativo a la proyección de una fuerza aérea en misiones operativas lejos de su territorio requiera de contar con una infraestructura en el lugar donde se operará muy importante o que esa fuerza posea la capacidad para transportar todo lo requerido al lugar donde se actuará. Ese tipo de capacidades son altamente costosas, y muy pocos países pueden sostenerlas.

Otro aspecto que las fuerzas aéreas mantienen como una constante desde el siglo pasado tiene relación con la duración de los efectos que su accionar puede lograr sobre un enemigo.   Por más que se han alcanzado enormes avances en el desarrollo del armamento que los aviones emplean, y quizás los más significativos pasan por el empleo de bombas guiadas y en ciertos casos de misiles crucero, los que producen efectos destructivos en no pocos casos devastadores en un blanco que reciba su acción. Sin embargo, ese efecto suele por lo general no ser permanente.  ¿A qué nos referimos? Pues al hecho que ese accionar no implicará que el oponente no pueda continuar desarrollando sus acciones en el marco más amplio de la zona donde se opera.  Esto es porque las fuerzas aéreas, salvo en el caso de operar contra un enemigo no determinado a luchar o carente de medios eficientes para el combate; carecen de la capacidad de ocupar constantemente un territorio y negar el mismo al enemigo.  Esta última capacidad la tienen las tropas terrestres (1). Ello hace que las operaciones aéreas deban estar coordinadas con las que realizan las fuerzas en tierra, de manera de complementar sus capacidades y crear la sinergia necesaria en el accionar. Esto siempre es muy fácil de ser escrito por parte de un analista, y ser replicada la demanda en las doctrinas de empleo conjuntas de muchas fuerzas armadas en el mundo entero. Pero la realidad indica que no siempre se puede lograr ese desempeño armónico. Y esto no porque quienes conducen las operaciones no comprendan los conceptos, es que la guerra es una fuente constante de fricciones; donde no pocas veces lo que parece muy sencillo de ser implementado resulta sumamente complejo de ser materializado en el campo de la acción y ello hace que ocurran descoordinaciones, malos entendidos y en no pocas ocasiones situaciones que ponen en riesgo a las propias fuerzas. Esto es algo de aplicación universal, reconocible aun en aquellas naciones que se presume cuentan con una extensísima experiencia en estos temas.

Las fuerzas aéreas comparten con los sistemas de apoyos de fuego terrestres y navales (artillería, cohetes y misiles) las mismas dificultades para poder desarrollar operaciones en ambientes urbanos: es común que a pesar de contar con municiones "inteligentes", sus acciones estén acompañadas de un número de bajas colaterales entre lo que se pueden definir como no combatientes.  A esa dificultad, se le suma que cuando el accionar se prolonga en el tiempo sobre un mismo escenario urbano, la destrucción que se genera proporciona al enemigo que allí opera nuevos lugares y materiales donde fortalecerse todavía más en la defensa,  complicando todavía más las operaciones que las tropas desarrollen en tierra. Esto hace que todo lo referente al empleo del recurso aéreo en escenario urbanos, y por extensión el de los elementos de apoyo de fuego de otras fuerzas; requiera de un análisis muy particular. Uno que sopese las ventajas que puedan obtenerse del mismo con las desventajas que comentamos. Quizás la tendencia hacia el futuro pueda dirigirse a empleos muy puntuales de este tipo de acciones,  evitándose una aplicación masiva e indiscriminada del mismo; y que el esfuerzo aéreo se oriente más a las operaciones que ayuden a evitar que el oponente pueda reforzar sus operaciones urbanas a través de incrementar el número de tropas y el sostenimiento de las mismas.  Esos blancos, normalmente estarán más alejados de los centros urbanos donde pueda estar combatiéndose.

La aparición creciente de cada vez mayores aeronaves no tripuladas, es en sí mismo un enorme desafío para las fuerzas aéreas. Hemos tocado este tema en otro artículo en el pasado (2). ¿Deben desarrollar más este tipo de aeronaves en desmedro de las tripuladas? La respuesta a esa pregunta es compleja de ser respondida. Hay importantes ventajas en los nuevos sistemas no tripulados y ciertamente aparece claramente un enorme horizonte donde esas aeronaves cada vez tendrán mayores capacidades y prestaciones que solamente hoy pueden proporcionar los aviones de combate tripulados. Mientras esas capacidades llegan, la lógica indica que por varias décadas por delante las aeronaves tripuladas tendrán un lugar relevante en los inventarios de las fuerzas aéreas; aunque es seguro que llegará un punto donde esta discusión deberá zanjarse en un futuro hoy lejano pero reiteramos muy previsible.

Las fuerzas aéreas son mucho más que la capacidad de atacar blancos en el aire o en el espacio. Son complejos sistema tecnológicos interactuando no solamente en esas funciones que acabamos de comentar, sino en otras tan cruciales como ellas.  Algunas de las mismas son el control del espacio aéreo, tanto en tiempo de paz como de crisis; la coordinación de la defensa contra acciones aéreas hostiles de todos los sistemas que para ese fin tienen las propias fuerzas aéreas y las otras fuerzas armadas; el sostenimiento de capacidades de transporte de cargas pesadas y su posicionamiento en el terreno sea a través del uso de pistas o del lanzamiento de esas cargas por paracaídas; la capacidad de desarrollar operaciones electrónicas de altísima complejidad en apoyo no solamente a las operaciones aéreas sino a las que llevan adelante las otras fuerzas; el empleo del espacio como un ámbito donde hacer uso de facilidades satelitales que proporcionan una inmensa cantidad de recursos cada vez más críticos en la guerra moderna; y por supuesto actividades de adiestramiento y capacitación de su personal de manera continua y con la desventaja que el ritmo del cambio tecnológico impone ajustes permanentes a estas acciones.

Las fuerzas aéreas seguirán siendo un elemento crítico en toda nación que juzgue que el empleo del espacio aéreo tiene algún valor.  Los desafíos que hemos descripto constituyen elementos que en definitiva evidencian las altísimas complejidades que este tipo de organizaciones enfrentan para llevar adelante sus tareas. Comprender las mismas puede ayudar a dimensionar el inmenso liderazgo y visión que requieren esas fuerzas para operar y generar desde los tiempos de paz estructuras que nunca será posible de contar en tiempos de crisis. Como solemos mencionar, la estrategia no acompaña a los improvisados. Y pocas cosas requieren una mirada estratégica como todo lo que hace a las fuerzas aéreas.


(1) Lo descripto es de aplicación en un ambiente donde no se empleen municiones nuclerares.

(2) Ver "Drones un sistema con un largo futuro" en http://www.nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=4840&Itemid=30

 
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