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El siglo de las Armadas PDF Imprimir E-Mail
Sep-16-15 - por Guillermo Lafferriere

Desde fines de la 2da Guerra Mundial, existió un solo enfrentamiento aeronaval entre naciones. Uno donde buques eran atacados por submarinos, helicópteros o por la acción de aeronaves de combate, e incluso con misiles y fuego de artillería emplazados en tierra firme. Como resultado de esas acciones, centenares de marinos perdieron sus vidas, sufrieron severas heridas por quemaduras o sofocación; no pocos navíos fueron hundidos, otros muchos severamente dañados, y de algunos solamente tenemos serias presunciones que sufrieron averías, pero sin confirmaciones oficiales.  Esos hechos ocurrieron en 1982, durante la Guerra de Malvinas.  Desde ese entonces, no se han vuelto a enfrentar las armadas a combates de ese nivel de intensidad.

Pero a pesar de las escasas ocasiones en que las armadas tienen que enfrentar amenazas como las que brevemente describimos, ello no ha influido en modo alguno para que se continuara llevando adelante el desarrollo del poder naval, y cuando no pocos analistas han apostado a que el mundo en el futuro solamente enfrentaría situaciones donde se tuviera que enfrentar a fuerzas irregulares e incluso se avanzara en el desarrollo de navíos orientados a enfrentar ese tipo de amenazas, otros pensamos que la eventualidad del choque violento de fuerzas regulares es algo que no puede en modo alguno descartarse en el presente siglo, y menos cuando se asiste a la conformación de escenarios en distintas partes del globo donde los intereses de los países diputan el control del acceso a materias primas, de recursos que yacen en el fondo oceánico, a nuevas rutas de navegación que el deshielo del Ártico posibilita y el mantenimiento de pretensiones soberanas por el acceso a potenciales explotaciones de recursos mineros en zonas por el momento vedadas a esas actividades por tratados internacionales.

Esos factores, están incidiendo para que muchos analistas vislumbren que el presente siglo será uno donde las armadas tendrán roles relevantes en potenciales conflictos, pero sin que ello signifique que los modos de operación serán similares a los observados en otras situaciones del pasado. Veamos algunos casos que consideramos pueden ayudarnos a comprender mejor el potencial desarrollo de las armadas en el futuro.

  • Portaaviones: desde su aparición operativa en la 2da Guerra Mundial los mismos han sido un símbolo el poder naval. De hecho su capacidad de destrucción destino a la desaparición a los acorazados que por décadas dominaron la guerra en el mar y abrieron el camino a que las armadas pudieran enfrentarse y causarse mutuamente severos daños sin que sus respectivos navíos se vieran en ningún momento.  Posteriormente, oscilaron entre ser elementos para proyectar poder lejos del propio territorio y apoyar acciones de castigo contra enemigos sin que estos pudieran en modo alguno afectarlos o bien constituirse en un elemento simbólico de poder relativo para algunos estados. Entre quienes adquirieron gran experiencia empleando estos medios contra blancos ubicados en territorios enemigos sin mayores riesgos para sus portaaviones destacan los EE.UU., el Reino Unido, Francia y la India.  Pero el presente siglo está presentando algunas novedades para los portaaviones. La tecnología está proveyendo ya de misiles que pueden alcanzar blancos navales de gran porte a centenares de kilómetros de la costa, lo que obligará a los portaaviones aun cuando cuenten con poderosas escoltas,  a tomar cada vez mayores distancias respectos a sus potenciales blancos al tiempo que dificultarán las operaciones de sus aeronaves embarcadas, obligadas a ejecutar sus operaciones con un menor tiempo de permanencia sobre los blancos. Posiblemente, de continuar el proceso de desarrollo de los misiles con esas capacidades, conocidos en la jerga militar como Anti Acceso, los portaaviones deban reducir su tamaño o cambiar sus tácticas drásticamente.
  • Submarinos: Dejando a un lado el caso de los submarinos que  poseen capacidad de lanzamiento de misiles nucleares y que son un elemento de disuasión de naciones como Francia, EE.UU., Rusia, China, Reino Unido y la India;   lo cierto es que los sistemas de armas submarinos tanto en sus versiones de propulsión nuclear como diesel se encuentran en una etapa de amplio desarrollo de capacidades que los tornan en elementos cada vez más demandados en los inventarios de las armadas de decenas de países, y esto por varios motivos: posibilitan ejercer control sobre muy amplios espacios del mar de una manera sigilosa; poseen capacidad para ejecutar operaciones encubiertas contra objetivos costeros a enormes distancias; permiten realizar operaciones electrónicas y de reconocimiento para posibles acciones de fuerzas anfibias; constituyen por el solo hecho de presumirse su presencia, un elemento de disuasión o bien de perturbación para posibles desplazamientos navales que se consideren hostiles. Además, están siendo dotados de torpedos y otros sistemas de armas aptos para ser lanzados sumergidos que los transforman en plataformas de armas con diversas prestaciones; capaces de actuar aún los de propulsión no nuclear por largos períodos de tiempo sin regresar a sus bases y operando incluso en aguas costeras de relativa poca profundidad.  Todas estas condiciones, otorgan a los submarinos mayores posibilidades para afectar a potenciales enemigos en el mar y en la tierra, otorgando a los políticos de herramientas muy flexibles en tiempos de crisis. Lo que acabamos de desarrollar debe colocarse también en el contexto que hace que cada vez será más accesible para las naciones que poseen satélites en el espacio,  el contar con herramientas que permitan detectar concentraciones navales con cierta rapidez, lo que hará cada vez más difícil el evitar que un esfuerzo naval masivo pueda ser ocultado por mucho tiempo y forzará a que se busque minimizar el número de buques, facilitando así encubrir su accionar. Todo ello potenciará todavía más el empleo de submarinos en el futuro.
  • Buques anfibios: ya hemos hecho mención en otro trabajo al enorme potencial que las fuerzas de infantería de marina poseen para los conflictos en este siglo (1). Ello está haciendo que la demanda de buques capaces de transportar tropas hacia potenciales lugares de empleo se encuentre en alza. Estos buques han avanzado mucho más allá del tradicional rol de transporte, sino que se han transformado en plataformas desde las cuales proyectar no solamente a los elementos de infantería de marina para que accedan a la costa por medio de vehículos anfibios o helicópteros, sino que a su vez poseen el potencial de lanzar ellos mismos acciones ofensivas contra blancos en tierra empleando para ello sus aeronaves embarcadas, algunas de las cuales son no tripuladas.  Simultáneamente estos buques anfibios poseen capacidades para desarrollar operaciones de guerra electrónica y constituirse en puestos de comando para la conducción de las operaciones anfibias y al mismo tiempo retener capacidades muy importantes para llevar adelante operaciones de ayuda humanitaria a enormes distancias.  Su menor tamaño relativo los torna en blancos más difíciles para los misiles Anti Acceso, aumentando sus capacidades de supervivencia en escenarios de combates de alta intensidad.

El control del mar seguirá siendo un factor relevante en los escenarios de crisis que puedan evidenciarse a lo largo del presente siglo, y mucho más para aquellos países que tengan intereses concretos que proteger en ese ambiente.  Contar con una armada apta para poder materializar la presencia en los espacios marítimos es clave para concretar el ejercicio de las pretensiones de derechos que se reclamen. Obviamente, existirán naciones que apuesten todo a que sin capacidad naval puedan respaldar sus intereses merced a la buena voluntad de terceros actores. Es una opción válida. En general el mundo se está encargando de demostrar que no goza de muchos adherentes.



(1) Ver "El regreso al mar de la infantería de marina" en http://www.nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=4837&Itemid=30.

 
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