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Siria: Más allá de las imágenes PDF Imprimir E-Mail
Sep-08-15 - por Guillermo Lafferriere

Miles de refugiados viviendo desde hace cuatro años en inmensos campamentos en Jordania, o en la calles de ciudades de Medio Oriente y Europa; civiles viviendo entre ruinas mientras sobreviven a los bombardeos y a los combates en las ciudades; cristianos y musulmanes siendo víctimas de la violenta intransigencia de los fundamentalistas islámicos y más recientemente la imagen de un niño ahogado siendo sacado de las aguas por un agente de seguridad son todas ellas a un tiempo una suerte de caleidoscopio que en sus distintos fragmentos componen la visión de un país, Siria,  que hace cuatro años se desangra de la manera más cruel.  También esas imágenes hacen que muchos y con razón, se indignen. Se pregunten cuestiones tales como: ¿Dónde están los organismos internacionales?,  ¿cómo nadie hace algo para detener esto? Trataremos de darle a esas preguntas alguna respuesta, que de manera apresurada intuimos no lograrán satisfacer a quienes se las han formulado.

La guerra civil en Siria, como casi todas las guerras civiles, ha demostrado la tendencia que estas poseen a la internacionalización de las mismas.  Es común que ello suceda. Los bandos en conflicto, y en el caso sirio ellos son diversos y bien diferentes entre sí; han venido buscando la ayuda internacional para apoyar sus respectivas causas o en otros casos, asistimos lisa y llanamente a la intervención de extranjeros. Sean estos últimos encarnados en los grupos islámicos extremistas que han aprovechado el conflicto sirio para expandirse en ese territorio a costa del mismo o bien estados extranjeros que para accionar contra estos grupos radicalizados que operan como en el caso del Estado Islámico también en otras naciones, recurren pues a acciones por medio de sus fuerzas aéreas o mediante el empleo de drones; aunque pensamos que también lo hacen con incursiones encubiertas de sus fuerzas especiales. 

El gobierno de Siria, por su parte, ha evidenciado algunas capacidades que ciertos observadores no presuponían al inicio del conflicto. Entre ellas están:

  • Gran capacidad para asimilar pérdidas importantes de territorio, reteniendo a pesar de ello el poder político en una parte relevante del país.
  • Mantener la lealtad de las fuerzas armadas, a pesar de la prolongación del conflicto.
  • Decisión de recurrir a medidas extremas para atacar a los rebeldes, tales como el empleo de agresivos químicos y bombas aéreas que producen un alto nivel de daño colateral.
  • Retener la posición de actor político relevante en cualquier negociación que pudiera darse en un futuro.

El régimen sirio podrá estar viviendo una etapa crítica, pero paradojalmente, la predominancia de los grupos radicalizados entre quienes lo combaten, ha logrado que en cierta manera su propia posición se vea fortalecida por:

  • La creciente mirada que ve en el régimen gobernante en Siria un "mal menor" en comparación con lo que podría ser el país si estuviera en manos de grupos como AL Nusra o el Estado Islámico.
  • Las acciones de las fuerzas extranjeras contra los irregulares islámicos, coadyuva a que las tropas del régimen sirio tengan un cierto alivio en sus acciones y puedan al menos seguir conteniendo a sus enemigos sin perder todavía más territorios.
  • Rusia, un aliado tradicional de Siria, no solamente viene apoyando políticamente a Bashar al Asad, sino que comienza a haber evidencia que indica que Moscú está dando algunos paso más allá; destacando aviones de combate tripulados por pilotos rusos accionando contra blancos enemigos del régimen sirio  y hasta un pequeño contingente de tropas terrestres, las que podrían estar danto adiestramiento o desarrollar otro tipo de acciones.

Lo que hasta aquí hemos desarrollado, consideramos que evidencia que la guerra civil en Siria no muestra signos de estar encaminándose a una definición, sea esta a favor del gobierno de al Asad o de la multitud de quienes lo enfrentan. Por el contrario, si algo surge de todo lo expuesto es que muy probablemente la guerra se prolongue por un tiempo más.

Creemos que la única vía factible para una solución a la guerra pasa por que los elementos más radicalizados que se oponen a al Asad sean eliminados del territorio sirio, o bien debilitados drásticamente en su capacidad de operar. Si ello sucede, es factible que la comunidad internacional encuentre maneras para que pueda generarse una solución pacífica al conflicto, que tenga como meta una transición política en el país hacia un gobierno diferente al de al Asad pero que simultáneamente no posea el peligro de ser extremadamente débil para conducir el país y de esa manera facilitar el reinicio de los combates favoreciendo claramente a los actores más radicalizados.

Para que esos actores radicalizados pierdan sus capacidades de combate, se requiere de mucho más que bombardeos aéreos, drones y acciones puntuales de fuerzas especiales. Se necesita de tropas regulares, adiestradas y bien conducidas, dispuestas a combatir y a sufrir severas bajas en la lucha contra los insurgentes islámicos.  El problema está en que no hay naciones dispuestas seriamente a enviar sus soldados a combatir a Siria.  Y esto nos vuelve a las imágenes del comienzo de nuestro artículo. Muy posiblemente, muchos de quienes justamente se indignan por las mismas, también se nieguen a que compatriotas suyos sean enviados al verdadero matadero que la guerra civil en Siria se ha convertido. Es que cualquier intervención de tropas extranjeras allí sería extremadamente difícil de ser llevada adelante. Piénsese en las consideraciones políticas: ¿Accionar con soldados para salvar al régimen autoritario de al Asad?, ¿aliarse con irregulares "moderados" para operar contra Al Nusra y el Estado Islámico?, ¿quién hoy claramente puede definir que opositor de al Asad es lo suficientemente confiable para aliarse con ellos?, ¿cuánto tiempo requeriría una campaña contrainsurgente en Siria contra Al Nusra y el Estado Islámico?, ¿cuántas bajas propias se sufrirían y cuántos daños a la población civil se cometerían durante esas acciones?, ¿quién pagará el costo económico de esas operaciones que bien podrían durar entre meses y quizás años?

Estos interrogantes son, paradojalmente, la respuesta a las preguntas que la indignación internacional plantea ante la exposición cruda de la crueldad de la guerra en Siria. También las preguntas que nos formulamos son en última instancia evidencia de lo lejos que está el mundo de contar con un sistema confiable de resolución de conflictos y de cuanto a veces el gran público confía en ciertos estamentos internacionales, pensando que en ellos encontrarán una solución a los dramas a los que asisten por la prensa azorados e indignados. También el drama de Siria es un llamado de atención, para aquellos que desde playas lejanas a ese conflicto suelen confiar demasiado en la buena voluntad internacional para la solución de los conflictos. La realidad, suele ser muy diferente a las construcciones que a veces lo hombres suelen hacer.  

 
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