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Ejércitos privados PDF Imprimir E-Mail
Ago-10-15 - por Guillermo Lafferriere

Península Itálica, Siglos XV y XVI: el territorio se encuentra dividido en distintas "repúblicas", ducados, un marquesado, un reino y los estados pontificios.  Dependiendo de las intrigas políticas, pueden muy bien un tiempo aliarse algunos de ellos contra otro y poco tiempo después los antiguos aliados pelear entre sí no pocas veces recurriendo a la ayuda extranjera.  En ese ambiente, de guerra casi permanente, los ciudadanos de esas entidades políticas, mayoritariamente preferían no servir en los ejércitos, y por lo tanto, los "príncipes" y el Papa, recurrían a las compañías de condotieros. El lector no debe confundirse: el termino compañía podía remitirse a una organización militar, pero en los hechos las mismas eran verdaderas empresas privadas. Sus dueños fueron famosos en sus tiempos: Borgia, Sforza, Colleoni, Gatamelatta, y otros, eran dueños de esas compañías de mercenarios, que por una "condotta" adecuada proporcionaban las fuerzas militares que los señores de la época no lograban reunir en número suficiente de sus ciudadanos (1).

Nicolás Maquiavelo veía a esas compañías de condotieros como una verdadera amenaza para Florencia y por extensión para cualquier estado, aunque paradojalmente, en su "El Arte de la Guerra" se sirve de un capitán condotiero para que enseñe a unos jóvenes florentinos sobre los diferentes aspectos que hacen a la guerra. ¿Qué veía de peligroso Maquiavelo en los ejércitos mercenarios? ¿Acaso no eran los mismos una solución a la falta de tropas y en definitiva ellos luchaban en las guerras y podían ser despedidos cuando estas finalizaran sin que el estado debiera cargar con los costos de mantener una fuerza militar permanente? Ensayaremos algunas respuestas a esos interrogantes:

  • Los acuerdos para lograr los servicios de los mercenarios no eran baratos en modo alguno. Los condotieros sabían de la premura del estado por sus servicios y por lo general sabían extraer los beneficios a los que aspiraban.
  • El estado que contrataba a los condotieros esperaba que la guerra fuera corta, pues si la misma se extendía mayores eran los costos a afrontar para retener a los mercenarios. Como contraparte, para las compañías de condotieros el negocio era precisamente que la guerra se prolongara, aumentando sus contratos y su capacidad de obtener mayores recursos.
  • El punto anterior tenía de parte de los condotieros otra consecuencia: si se empeñaban en la guerra con mucha eficiencia y derrotaban rápidamente a los enemigos del señor que los contrató, quedaban en poco tiempo desocupados y necesitados de otro contrato para mantener el "capital humano y material" de la compañía. Por lo tanto los condotieros tenían una natural tendencia a no empeñarse muy decisivamente, para así como lo mencionáramos prolongar la guerra.
  • Como el dinero era el lazo que unía a los condotieros con su señor, existía también la posibilidad que "el enemigo" hiciera una oferta económica mejor, y así la compañía cambiaba de enemigo con sorprendente rapidez.
  • También los condotieros advirtieron otra ventaja de su condición: ser la única fuerza capaz de imponerse al señor que los contrataba dentro del estado que este controlaba. Así, no pocos capitanes mercenarios se hicieron del poder en estados italianos, creando una vez en el poder su propia dinastía en el control político del territorio.

Como podemos advertir, no faltaban razones para que Maquiavelo tuviera severas prevenciones contra las tropas mercenarias.  Ahora bien, y con razón el lector se preguntará ¿esta columna se ha volcado a analizar la situación de Italia y del ejercicio del poder en los tiempos del Renacimiento? En modo alguno. Sucede que lo que describimos, y que se extendió incluso más allá de ella y en el tiempo, incluyendo contingentes mercenarios en la Guerra de los Treinta Años; consideramos que puede aplicarse a la realidad de nuestros días. Veamos por qué.

Ya hemos tratado en esta columna que hay una severa dificultad en Occidente para reclutar tropas, debido ello a muchas circunstancias.  Sin embargo esa circunstancia no sucede en simultáneo con una menor demanda de "servicios militares". Por el contrario, el mundo que vivimos en este Siglo XXI muestra una alarmante tendencia a la diseminación de crisis en diversos lugares del planeta, las que requieren del empleo del recurso militar.  A la dificultad de reclutar tropas se suma otro aspecto, también tratado por nosotros, que es la renuencia de la mayoría de los estados a desplegar sus fuerzas militares.  Esos dos factores han hecho que desde hace ya al menos casi veinte años, hayan proliferado una importante cantidad de empresas militares privadas.  Las mismas, localizadas en distintos países del mundo, proveen a quien pueda afrontar sus costos una muy diversa cantidad de servicios militares. Ellos pueden ir desde aspectos relativamente sencillos como la protección de instalaciones, buques mercantes o sectores del terreno, pasando por la custodia del transporte de cargas logísticas críticas hasta el desarrollo de operaciones de combate directo.  Y la oferta no se limita a capacidades digamos "terrestres": pueden ofrecer aeronaves de combate, buques de patrullaje, aviones no tripulados e incluso el acceso a información satelital. Estas compañías ya han sido empleadas largamente en Afganistán y en Irak por parte de los Estados Unidos, bajo el nombre de "contratistas" para cumplir diferentes misiones y ¡aun las Naciones Unidas han requerido a algunas de ellas! (2)

Creemos que no en poca medida, las consideraciones que hicimos en relación a los condotieros italianos pueden aplicarse por extensión a sus modernas contrapartes del Siglo XXI. También el lector podrá aducir, y no sin razón, que los mercenarios han estado presentes ya en el Siglo XX. Es cierto, y un continente con presencia de los mismos ha sido África especialmente durante los sesenta y en los ochenta hubo mercenarios en algunos de los conflictos de Centroamérica.  Sin embargo esos mercenarios eran distintos de las compañías que estamos tratando. Por lo general eran contratados en números relativamente más modestos, y se lo hacía sobre dos bases distintas:

  • Capacitar a las fuerzas locales.
  • Dirigir las fuerzas locales en combates.

Como expresáramos las actuales compañías de ejércitos profesionales ofrecen servicios mucho más amplios que el antecedente de los mercenarios que mencionamos. Al mismo tiempo estas compañías de ejércitos privados presentan también importantes desafíos desde el punto de vista legal: ¿en caso de ser capturado deben ser considerados combatientes y por lo tanto tratados como prisioneros de guerra o ser tomados por delincuentes y juzgados como tales? ¿Qué autoridad poseen para retener a las tropas que pudieran capturar? ¿Se hará responsable quien los contrató de los excesos que pudieran cometer o delegará esa responsabilidad a esas compañías privadas? La respuesta a esos interrogantes está en plena discusión en nuestro días.

Hay un aspecto más que quisiéramos discutir, y es aquel que ve en el estado como quien legítimamente detenta el monopolio de la fuerza.  Los ejércitos privados aparecen como una amenaza a esa visión y si ellos en el tiempo se siguen multiplicando junto con sus servicios, los escenarios que podrían plantearse hacia el futuro son cuanto menos impredecibles y creemos tremendamente peligrosos.  Ojalá no requiramos de algún florentino contemporáneo que deba advertir a otros en el futuro de las tribulaciones vividas con los condotieros de nuestro tiempo.



(1) Condotta: Nombre con que se conocía al acuerdo entre la compañía de mercenarios y el "príncipe".

(2) Ver http://www.globalresearch.ca/the-privatisation-of-war-private-security-companies-on-contract-with-un-humanitarian-and-peace-keeping-operations/5342155

 
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