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Rescatando la figura del soldado: como convocar y retener jóvenes para servir en el Ejército PDF Imprimir E-Mail
Jul-24-15 - por Guillermo Lafferriere

La adopción del sistema voluntario para aportar tropas a un ejército tiene muchas ventajas relevantes desde el punto de vista operativo. Básicamente el ejército cuenta con alguien que desea servir y además hacerlo por un tiempo relativamente prolongado. Esto facilita enormemente todo lo relacionado a su capacitación, y en forma directa, influye en que las organizaciones de combate cuentan con personal mucho mejor preparado para desempeñar sus funciones.

Sin embargo, el sistema tiene inconvenientes también. Básicamente es más caro en términos económicos que un sistema compulsivo que aporte tropas, pero paradojalmente, lo que el ejército, puede pagar es por lo general una remuneración más baja que la que podría lograrse en el medio civil.  Esto plantea fuertes desafíos, que en general los ejércitos suelen compensar con otro tipos de ventajas tales como la capacitación que permite a esos soldados aprender oficios relacionados con actividades que son relevantes en cualquier ejército como distintas aptitudes relativas a la mecánica, conducción de vehículos, y un muy amplio espectro de diferentes servicios. Ahora bien, ese tipo de soluciones no se aplica a otro universo: El de los soldados que deben capacitarse para desempeñarse como combatientes. Las destrezas, conocimientos y técnicas que dominan son de muy difícil aplicación en el medio civil. ¿Cómo convocarlos, retenerlos y darles un horizonte de futuro? Sobre ellos nos enfocaremos en este artículo.

Lo primero que debemos tratar de comprender son las razones que impulsan a un joven a querer incorporarse al ejército en las armas de combate.  Hay muchas respuestas, que obviamente eluden el tema exclusivamente económico. Muy pocos lo hacen motivados por razones patrióticas, mayoritariamente la búsqueda se orienta por hacer algo distinto, desafiante, que lo coloque en una situación que lo saque de la rutina de su vida y le proporcione la oportunidad de desarrollar talentos que él intuye que cree poseer.   El ejército, en sus organizaciones de combate puede proveer un sinnúmero de puestos donde esas expectativas pueden llevarse adelante, pero para que ello suceda, ese ejército debe también tener una aproximación al tema que vaya en concordancia con esas aspiraciones. Veamos:

  • El elemento de combate donde el soldado sea incorporado debe tener en el adiestramiento operacional el centro de sus esfuerzos. Y por lo tanto emplear sus recursos mayoritariamente a lograr la mayor capacitación operativa posible con los medios que dispone. Esto que tan lógico suena, en la práctica suele no suceder, cuando encontramos ejemplos de ejércitos donde esa capacitación permanente no ocupa el centro de la actividad diaria, y si lo hacen otras actividades tales como la construcción de instalaciones, el acondicionamiento de otras, tareas de mantenimiento generalizadas que nada tienen que ver con lo que se espera de cuidar los efectos necesarios para desarrollar operaciones militares, o directamente actividades de relaciones con la comunidad donde masivamente también las tropas son empleadas en limpiezas y/o acondicionamiento de otras instalaciones de uso civil en situaciones donde no ha ocurrido una catástrofe que naturalmente reclame el auxilio de la fuerza militar.  En estos casos de desviaciones del quehacer militar, el soldado no es visto en los hechos como un combatiente al cual hay que capacitar permanentemente, sino solamente como mano de obra que puede emplearse de manera masiva en tareas que no requieren mayor capacitación previa, y que como hemos ya mencionado, en nada se relacionan con la capacitación militar de la organización. Esa situación será profundamente desmotivadora para las tropas que pretendieron ingresar a ese ejército para ser soldados combatientes. Esa desmoralización se canalizará por varias vías: Primero por tratar de ser reasignado a alguna organización donde pueda aprender oficios de utilidad civil; y en segundo lugar;  se buscará la ocasión para encontrar un trabajo mejor rentado fuera de la vida militar. Esta desviación de lo que la actividad militar debiera ser es de de fácil solución cuando en esos ejércitos hay un convencimiento de la necesidad de la preparación militar.  En ese caso, al detectarse desviaciones, estas son corregidas con rapidez. Cuando esa mirada no está colocada en la capacitación para la guerra, y no hay estándares que cumplir claramente definidos en esa dirección, es muy probable que primen otras consideraciones, y seguramente el empleo de las tropas como mano de obra será una actividad común; y por lo tanto, el continuo drenaje de soldados a la vida civil será una constante.
  • En todos los ejércitos hay elementos de combate que deben cumplir actividades de ceremonial. Esa situación es muy difícil de evitar por distintas razones. Esas actividades demandan mucha preparación y la misma está muy alejada de lo que se requiere para combatir con eficiencia. Sin embargo, aún esas circunstancias, tienen solución. Hay ejércitos donde el período que el soldado sirve en ese tipo de elementos de ceremonial es acotado y luego rota a prestar servicio en elementos de combate. En otros casos, los soldados dentro de ese elemento de ceremonial, cuentan con períodos donde son excluidos de esas actividades de ceremonial y reciben adiestramiento operativo. La clave reside en que ese soldado encuentre en sus líderes la preocupación por su capacitación y que ella se vea concretada en los hechos.
  • Los soldados, deben contar con la posibilidad de realizar cursos de perfeccionamiento operativo de acuerdo a sus condiciones personales. Esto quiere decir que deben abrirse a los mismos las posibilidades para capacitarse en especialidades de combate muy diversas como paracaidismo, buceo, comandos, especialistas en lucha en selva o zonas desérticas, etcétera. Independientemente de si están destinados en una organización donde ese entrenamiento sea el que debe recibir. Esto, hace que existan mayores posibilidades de retención de las tropas al ofrecerse distintos caminos de capacitación, al tiempo que aumenta el universo de postulantes para la adquisición de ciertas destrezas, que en algunos casos no cuentan con una cantidad importante de postulantes.
  • Claramente los soldados que son capacitados en elementos de combate deben ver que poseen un camino claro y sencillo para convertirse en suboficiales de ese ejército, en la medida que cumplan con los requisitos necesarios. A fin de fomentar que más tropas combatientes puedan ser retenidas, se puede asegurar a aquellos que logran ser admitidos como suboficiales la elección de un destino militar que esté de acuerdo a su capacitación y en el lugar que ellos puedan seleccionar.
  • Soldados capacitados son un elemento indispensable para cualquier empleo de los ejércitos en zonas de combate o de operaciones de paz. En ambos casos, debe propenderse a que el número de soldados sea el que corresponda a la organización que se despliega fuera del país. Cuando el número de soldados desplegados es inferior en la proporción que indica su presencia en relación a suboficiales y oficiales, estamos ante un claro indicio que la organización militar no confía en la capacitación que ella misma otorga a sus soldados, o bien que no considera con seriedad el despliegue, y pretende ampliar el número de contingentes de sus suboficiales y oficiales como una suerte de búsqueda de privilegiar a estos últimos por sobre los primeros.
  • Debe también existir un plan de recalificación de aquellos soldados que por su voluntad o bien por no ser aptos para continuar sus servicios como suboficiales, deben abandonar el ejército. Para ese personal, los ejércitos debe desarrollar un período de ajuste de los mismos para capacitarlos en algún oficio que les pueda ser de utilidad en el medio civil. Ello puede lograrse en el término de un año en la medida que el sistema esté bien direccionado y tenga la flexibilidad necesaria para atender esta demanda. Asimismo, debe de fomentarse y facilitarse que esos soldados apliquen para continuar sus servicios en organizaciones policiales o servicios de seguridad privados, donde una buena parte de sus aptitudes y capacitaciones serán valoradas.

Como vemos, existen diferentes aproximaciones para un tema crítico en un ejército, como es el de atraer y retener jóvenes para que sirvan en los elementos de combate del mismo.  Esta actividad exige no solamente de un cuidadoso planeamiento y seguimiento de las autoridades de ese ejército, sino también que ciertas pautas culturales negativas sean erradicadas de manera terminante; y que se adopten otras que vayan en consonancia con la presencia de ese soldado voluntario que desea servir en elementos de combate. 

Cerramos expresando que toda la temática que este artículo trata pueda parecer demasiado técnica, detallista y lejana al lector de esta columna. Sin embargo, contar con soldados combatientes capacitados es la condición básica para poder a partir de ellos tener un instrumento militar capacitado para desarrollar operaciones letales contra un enemigo.  Si se carece de ellos, podrá contarse con un sinnúmero de prestaciones de diferente tipo que puede dar ese ejército. La fundamental no estará presente: Saber pelear eficientemente.

 
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