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Brasil flexibiliza su política exterior PDF Imprimir E-Mail
Jun-24-15 - por Rosendo Fraga

La visita oficial que realiza la Presidenta de Brasil a los EEUU tiene un lugar relevante en la política exterior de su segundo mandato. En su primera presidencia la visita fue suspendida por las filtraciones del espionaje electrónico estadounidense, que controlaba las comunicaciones por Internet de Dilma, como así también las de muchos otros jefes de estado y gobierno, incluyendo aliados como Merkel. La elección del Embajador brasileño en Washington (Vieira) para ocupar el Ministerio de Relaciones Exteriores en su segundo mandato fue una señal que indicaba la intención de recomponer la dañada relación bilateral. La Cumbre de presidentes americanos que tuvo lugar en Panamá en abril fue el ámbito donde terminó de cerrarse la recomposición, que tiene como hecho central esta visita. Dilma lo hace cuando su popularidad está en el mínimo no sólo de su gestión. Un giro más ortodoxo en economía para recuperar la confianza de mercados e inversores se refuerza también con una recomposición de la relación bilateral con EEUU. El libre comercio es un tema en la agenda de los dos países en el largo plazo, en el que por ahora sólo pueden darse propósitos más que hechos concretos. En cuanto a la región, el giro de Washington respecto a Cuba, así como las gestiones brasileñas en Venezuela para que Maduro convoque las elecciones legislativas, acercan las posiciones de Washington y Brasilia.

La búsqueda de un acuerdo comercial del Mercosur con la UE es otro aspecto de la política exterior brasileña que muestra un cambio. El Mercosur (en concreto Brasil, Argentina y Venezuela, que son el 95% del PBI, la población y la región del grupo), es la subregión de América Latina y del mundo emergente que menos crece en 2015, y al mismo tiempo es la que tiene una economía más cerrada. Asumiendo esta realidad, Brasil viene haciendo esfuerzos para reactivar la negociación del TLC del Mercosur con la UE, que lleva más de una década de negociaciones frustradas. En paralelo con la reciente cumbre UE-CELAC realizada en Bruselas, Brasil, Uruguay y Paraguay reactivaron la negociación, comprometiendo un intercambio de ofertas para el último trimestre del año. Pero Argentina y Venezuela se oponen a avanzar en este acuerdo y Bolivia ha dicho que cancela su ingreso al Mercosur si se firma el acuerdo con la UE. La posibilidad de un acuerdo de "dos velocidades" entre los dos grupos de países no parece fácil y Uruguay sostiene que los países de este grupo regional deben recuperar su capacidad de negociar bilateralmente en materia comercial. Brasil ha adoptado en este punto así una flexibilización de su política que lo aleja de los países más populistas de América del Sur, la que resulta coincidente con el mejoramiento de la relación bilateral con los EEUU y el giro económico interno hacia mayor austeridad para recuperar la confianza de mercados e inversores.

Respecto a Venezuela, Brasil ha adoptado una política más crítica hacia el Chavismo, la que ha influido en la decisión de Maduro de poner fecha a las elecciones legislativas. La política de "no ingerencia" en los asuntos internos de otros países -la que en realidad se ejecuta ideológicamente, porque se aplica en Venezuela pero no en Honduras o Paraguay-, venía dominando la posición brasileña respecto a la crisis venezolana. Pero esta postura tenía un límite: la exigencia de que Maduro convoque a elecciones legislativas para los mandatos que vencen en enero de 2016. El Presidente venezolano venía postergando esta convocatoria, presumiendo que podía perder las elecciones. La hostilidad que mostró el Chavismo contra los senadores opositores brasileños que, encabezados por Aecio Neves, visitaron Caracas la semana pasada, generó críticas del gobierno brasileño. La visita del presidente de la asamblea venezolana (Diosdado Cabello) a Brasilia parece haber tenido influencia en la efectividad de la gestión de Dilma para que Maduro convoque a elecciones para el 6 de diciembre. Se trataría entonces de un éxito en la política regional brasileña, que va en línea con la posición asumida al recomponer la relación con los EEUU y reactivar la negociación comercial con la UE. Tanto Washington como Bruselas y Brasilia coincidían en que Maduro debía llamar a elecciones como principio de solución o contención para la crisis venezolana.

Pero el giro en la política exterior tiene lugar cuando Dilma registra el menor nivel de popularidad desde que asumió la Presidencia cuatro años atrás. Las investigaciones por corrupción avanzan: fueron detenidos los principales ejecutivos de dos de las principales empresas de construcción a consecuencia del caso Petrobras. A ello se agrega que el Tribunal Fiscal investiga ahora a la Presidenta por irregularidades en las cuentas públicas de su primer mandato. Las medidas de ajuste avanzan pese a todo -la principal central sindical, hasta ahora aliada del PT, las rechaza-,  incluyendo las reducciones de pensiones a la viudez y enfermedad. La inseguridad ha llevado a debatir la baja de la imputabilidad penal de 18 a 16 años. Crece el pesimismo sobre la economía, que en el primer cuatrimestre acumula una caída del 2,23% y que podría finalizar el año con una del 1,4%. Los indicadores sociales -empleo y pobreza- han dejado de mejorar, como fue una constante en los 12 años de gobiernos del PT precedentes. Dilma en el último Congreso del PT logró un apoyo limitado a su plan de ajuste. Lula -a quien también alcanzan las investigaciones por corrupción- ha reconocido que su partido "ha perdido la utopía" y que sus dirigentes ahora deben elegir entre "defender el proyecto o defender su pellejo". Encuestas recientes muestran que la aprobación de Dilma ha descendido al 10%, la más baja desde que llegó al poder en 2011 y podría también ser la peor de un Presidente brasileño en el último cuarto de siglo. Pero el juicio político no es probable en el corto plazo y no está en juego la estabilidad del gobierno.

En conclusión: la visita oficial que realiza Dilma a los EEUU a fin de junio muestra un giro hacia el pragmatismo en su política exterior; en la misma línea se ubica la decisión de reactivar la negociación comercial del Mercosur con la UE; algo similar sucede con la política regional, al haber jugado Brasil un rol importante en las gestiones o presiones para que Maduro pusiera fecha a las elecciones legislativas; por último, la situación política y económica de Dilma sigue siendo difícil, aunque ello no pone en riesgo su estabilidad por ahora.  

 
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