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Una nueva estrategia argentina para el conflicto por Malvinas PDF Imprimir E-Mail
Jun-22-15 - por Gustavo E. Andrés

Han pasado 182 años desde que el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, hoy Irlanda del Norte, tomo posesión del archipiélago en enero de 1833. Desde 1845 ondea en el parque de la casa del gobernador de las islas, la bandera de la Unión Jack. Todo un símbolo.

Argentina que heredo los territorios del virreinato español del Río de la Plata y le corresponde la soberanía de estas tierras insulares, ha declinado desde entonces por omisión o error, la posesión efectiva de las mismas, limitándose a realizar reclamos diplomáticos hasta 1982, en que decidió retomar el dominio y fue expulsado por una fuerza expedicionaria británica, luego de una breve campaña militar de casi 2 meses y medio.

En la actualidad las islas forman parte de los territorios de ultramar del Reino Unido, con una población de 3.000 súbditos de la corona, los cuales están muy contentos de ser ingleses y no argentinos. Una de las consecuencias  negativas que dejó la ocupación transitoria del archipiélago y la posterior guerra de 73 días, fue que ex ante, vivían en el archipiélago nativos de las islas conocidos en el argot británico como kelpers (1), los cuales no poseían pasaporte británico y residentes de nacionalidad inglesa, propietarios y administradores en las islas, de las tierras cuya protección estaba a cargo de no más de 50 marines. Hoy ex post a la guerra residen en las islas, británicos nacidos o no en ellas  (British Nationality Falkland Islands Act 1983) y 1300 militares con aproximadamente 400 familiares provenientes de las Islas Británicas, en la Base Aérea de Monte Agradable (RAF Mount Pleasant).

La política doméstica argentina parece no entender que la construcción del orden internacional, no pasa por el derecho constitucional argentino. Tampoco parecen asimilar a Hans Morgenthau cuando expone  "Todas las naciones se sienten tentadas a encubrir sus propios actos y aspiraciones con los propósitos morales universales" (2). La teoría del realismo político, niega identificar las aspiraciones morales de una nación con los preceptos morales que gobiernan el universo. Los estados existen adentro de un sistema anárquico caracterizado por la ausencia de una autoridad jerárquica. Bajo esta condición de anarquía del sistema internacional, las naciones solo pueden confiar en sí misma. La preocupación más importante de los estados es manejar su inseguridad. Para ello se basan en el equilibrio de poder y la disuasión, de esta manera se estima que pueden lograr mantener intacto y poco amenazado al sistema internacional.

La actual clase política argentina, que siente tanta vergüenza de identificarse con el Liberalismo, recurre al mismo, cuando invoca reiteradamente el idealismo wilsoniano  y su optimismo, al clamar en forma permanente el apoyo de Naciones Unidas a la causa argentina sobre la soberanía en las islas.

Desde 1983, la nueva democracia canaliza el conflicto Malvinas en forma motivacional, mediante el estímulo al sentimiento que experimenta todo argentino por la soberanía de las islas, a sabiendas que la aversión al riesgo, neutraliza todo efecto ulterior. En otro lenguaje para la política argentina, la causa Malvinas parece ser un sentimiento pero no un objeto con valor es decir un interés, olvidando de esta forma, todos los intereses que dominan este escenario, sean coincidentes, como los recursos naturales o discrepantes como la autonomía territorial y la autodeterminación de los antiguos kelpers. La ponderación de este sentimiento en mayor o menor medida, produce opiniones de halcones y palomos y permite vislumbrar la posibilidad de aumentar la escalada o des escalar la causa Malvinas, en función de la determinación de los dirigentes nacionales.

Al intentar interpretar esta situación desde la teoría estratégica, surge inmediatamente una trama de intereses alrededor del conflicto, los cuales son valorizados y jerarquizados por cada decisor en este caso Argentina y Reino Unido, dando origen a una racionalidad o escala de valores propia de cada uno.

La situación o conflicto se produce, ya que un decisor no puede realizar sus fines por la simple formulación de un plan que ignore los intereses de  otro decisor.

La teoría del conflicto considera que toda interacción humana ocurre en situaciones de decisión interdependiente, donde los intereses en juego pueden ser coincidentes o discrepantes, generando maniobras (3) de cooperación o competencia. Son situaciones donde la maniobra que ejecuta un decisor depende en alto grado de la maniobra de otro.

La visión de la situación que debería tener Argentina, debe permitirle apreciar la confluencia de intereses como el petróleo, recursos ictícolas y otros recursos naturales marinos que dan como resultado coincidencias con los ingleses en el aprovechamiento de los mismos y por tanto la necesidad de que exista cooperación. Está claro que en cuanto a soberanía existente discrepancia y por tanto competencia. La alta ponderación que argentinos y británicos dan a las islas, mantiene siempre el conflicto en un nivel competitivo.

También debe comprenderse además que en esta trama hay otros decisores como EE.UU, Francia, Rusia, China, Brasil, Uruguay, Chile, etc.; los cuales frente a la situación sostienen relaciones interdependientes con Argentina y Reino Unido de acuerdo al objetivo de sus intereses. Si cada decisor tuviera un solo interés, simplificación propia de crédulos o radicales, llevaría a pensar tan solo en ídolos si comparten la posición o traidores si no.  Verbigracia Argentina con EE.UU no solo comparte la vocación por una democracia, sino el papel de las inversiones de capital, derechos humanos, paraísos fiscales, sin embargo sería cándido pensar que la relación es totalmente de cooperación, aun dejando de lado el tema Malvinas, ya que en cuanto a patentes, hold outs, narcotráfico, Irán, Venezuela, etc., existe una importante discrepancia que ha sido más exacerbada por la administraciones de Kirchner y Fernández. No obstante a nivel diplomático e histórico, nuestra relación con EE.UU tiende a enmarcarse en una agenda de cooperación, algo que no se logra con los británicos.

Como bien lo ha expresado Frederick Hartmann (4) (US Naval War College), un conflicto muy rara vez es bilateral, ya que la trama de intereses entre los decisores, forja cadenas de coincidencia en los mismos, originando amigos o enemigos comunes, que da lugar a coaliciones o alianzas.

Además de estas relaciones de identificación entre decisores, basada en la sincronía o antagonismo de sus fines, es necesario entender las relaciones de poder, que permiten percibir la dependencia entre los fines de uno en relación a los medios de otro. El poder es una relación virtual asimétrica de consecuencias reales, dado que si no entendemos el poder, solo queda la relación de fuerzas, concepto ampliamente abarcado por doctrinas como Power standard (5) o el concepto chino de Anti Access - Area Denial (2A/AD) o su opuesto americano la doctrina del Air SeaBattle actualmente renombrada como Joint Concept for Access and Maneuver in the Global Commons (JAM-GC).

El escenario Malvinas presenta un ámbito político teñido por la disputa de soberanía en todos los foros internacionales, que se extiende obviamente a la Defensa, engendrando un  teatro de operaciones particularmente complicado para la Argentina. Sin embargo el ámbito económico refleja un espacio donde la economía de los recursos del mar, podría ser un punto de coincidencia en las relaciones entre los estados, con posibilidades de progresar en el tiempo a diferencia del tema soberanía que nos mantiene en un letargo sin fin. Este escenario presenta reglas particularmente alejadas de lo justo y moralmente aceptable por el derecho internacional, como es el establecimiento desde julio de 1982 de una zona de protección a partir de los 51°400S  y 59°300O (Estrecho de San Carlos) y con un radio de 150 millas marinas. Este sector fue ratificado en 1986, con la creación de una faja de pesca alrededor de Malvinas, la Falkland Islands Interim Conservation and Management Zone, similar a la anterior, con la excepción de que el círculo esta romo en el sector sudoeste, donde se superpone con la ZEE continental argentina. El Reino Unido se reserva el derecho a ejercer su soberanía partir de las líneas de base costeras y hasta las 200 millas marinas, incluyendo el lecho y subsuelo de la plataforma submarina. Desde entonces concede licencias de pesca para pescar en la zona a barcos pesqueros de distinta nacionalidad. Este es otro legado de la guerra de 1982, ya que hasta ese momento, Argentina ejercía  su soberanía en la zona económica exclusiva en torno a Malvinas a partir de las 12 millas náuticas y hasta las 200 millas.

Argentina deberá evaluar la situación en función de la trama de intereses, no solamente de la soberanía. Este es el conflicto en que debería empeñarse. Es decir en términos de racionalidad clausewitziana, debe preparar una estrategia que relacione fines y medios. No se puede iniciar ningún proceso de solución de problemas sin una estructura minina de medios y fines, es decir lo que tenemos y lo que queremos. La evaluación debe partir de conocer el poder que tiene la República Argentina sobre el reino británico (libertad de acción), poder que tiene 10 Downing Street sobre Balcarce 50 (vulnerabilidad), el nivel de conflicto es decir el nivel de relación entre fines o  medios así como la relación de fines contra medios o viceversa de ambos decisores. Otro aspecto es el riesgo de escalada o sea el riesgo que los ingleses lleven el conflicto a un nivel insostenible para los argentinos, producto de sopesar los costos como menores a los beneficios de dicha acción.

Esta evaluación permitiría discernir si el conflicto es o no satisfactorio para la Argentina. En función de los intereses retenidos, surgirá  el diseño de una política que contemple los nuevos intereses que Argentina necesita defender y buscar una coalición amiga que apoye la elección de la maniobra a realizar. De nada sirve el compromiso de los miembros de UNASUR, a la causa Malvinas, si la valoración de los intereses comunes con el Reino Unido, Unión Europea, o EE.UU que estimen varios de sus miembros, supera con creces la interdependencia con Argentina.

La política debe llevar el conflicto actual al deseado, lo cual implica cambiar la valoración y jerarquía de los intereses en juego como de los decisores. Esto conlleva a plantear un nuevo escenario futuro para Malvinas, denominado Atlántico Suroeste y determinar la viabilidad de su control ya sea este nulo, parcial o total. Esta apreciación nos indicará hasta donde deben comprometerse recursos, para crear, mantener o extender la libertad de acción.

Para precisar la magnitud del esfuerzo al que se comprometería Argentina en este nuevo escenario, es imprescindible realizar una acaba recopilación de información, para reducir la ignorancia, frente a otros decisores sean estos aliados o no y en la elección de la maniobra a realizar a fin de determinar el modo que se accionara, buscando primordialmente la cooperación en detrimento de la competencia. En otros términos la acomodación debería prevalecer sobre la imposición.

Teniendo en cuenta que la vulnerabilidad de Argentina es alta y baja la libertad de acción, resulta razonable intentar llevar adelante con ellos una maniobra cooperativa, dejando de lado en forma momentánea los fines ideales como la soberanía y autodeterminación de los habitantes de las islas, los cuales indefectiblemente nos colocan en un nivel de conflicto  de permanente debate, con la posibilidad de derivar en actos de coacción que requieren medios que no se poseen. El nivel de conflicto debería centrarse en opciones donde se procure algún tipo de beneficio a los fines británicos, como tender puentes de confraternidad, posturas declarativas no agresivas y  ofertas conjuntas para el aprovechamiento de los recursos marinos en el venidero escenario o directamente ceder medios propios a cambio de británicos, es decir recursos naturales "nuestros" por tecnología y financiación británica o negociar el control conjunto de las aguas costeras a las islas,  a cambio de distribuir los permisos de pesca para la zona Malvinas de manera consensuada.

Esto evidentemente disminuiría el riesgo de escala (6) en el escenario de mañana, favoreciendo la dominancia de la situación a favor de Argentina, en la medida que la nación sudamericana jerarquice la entrada de  inversiones y las relaciones políticas y económicas con el primer mundo  occidental. La contraparte vería mermado los beneficios de estas acciones para sí, por el alto costo político y económico de su estructura militar en las isla (7).

La estrategia para Malvinas debe ser un intercambio de mensajes materiales o simbólicos que continuamente permitan reconsiderar los intereses en juego. La estrategia como la política es el arte de lo posible. Herbert Simon (8) concluyo en que la decisión humana descubre y selecciona casi siempre alternativas satisfactorias, solo en excepciones llega a encontrar alternativas óptimas.



(1) Los isleños son apodados kelpers por los británicos, porque las islas están rodeadas por grandes algas marinas, llamadas kelp en inglés

(2) Politics Among Nations The Struggle for Power and Peace.

(3) Maniobra es el resultado de la decisión a seguir con cada decisor.

(4) The Relations of Nations, Mac Millan 1983

(5) Mahan, Alfred: Naval Strategy Compared and Contrasted with the Principles and Practice of Military Operations on Land. Naval War College, 1911

(6) Equilibrio de la determinación, riesgo crítico en Snyder, Glenn & Diesing, Paul: Conflict Among Nations: Bargaining, Decision Making and System Structures in International Crisis. Princenton, 1977.Dominancia de la escalada en Kaku, Michi & Axelrod, Daniel: To win Nuclear War. South End Boston, 1987.

(7) Un modelo numérico considera el riesgo de escalada, como un ratio que en este caso particular estaría compuesto por los saldos de beneficios menos costos para Reino Unido (numerador) y Argentina (denominador). De esta forma al Reino Unido el beneficio de obtener energía en el mar o recursos ictícolas resultaría neutralizado por el excesivo costo militar de las islas, dando en consecuencia un saldo bajo entre beneficios y costos. Argentina al ponderar con mayor magnitud las inversiones y relaciones con el primer mundo occidental, reducir la valoración y jerarquización de otros fines como soberanía y ciudadanía de los habitantes y  bajos costos en medios, tendría como resultado un saldo alto. La relación Bajo sobre alto, ofrecería un cociente menor a uno (1) y por tanto una dominancia de la situación favorable a Argentina.

(8) Simon, Herbert A. (1916 -2001) Premio Nobel de Economía 1978 por sus trabajos en toma de decisiones.

 
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