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La guerra que hoy vemos, ¿será la que se pelee en el futuro? PDF Imprimir E-Mail
Jun-08-15 - por Guillermo Lafferriere

Es muy común escuchar que los militares suelen enfrentar la próxima guerra habiendo aprendido todo lo necesario para combatir mejor la guerra que pasó.   Esto que parece una suerte de juego de palabras en modo alguno lo es, ya que a lo largo de la historia han sido muchos los ejemplos que dan la razón a esa premisa y muy raros los que no siguieron ese destino.  Este artículo tratará de indagar un poco en las razones de esa mirada sobre la preparación militar y aportar algunas ideas para intentar que la misma no siempre tenga tantos visos de realidad.

Las instituciones militares son tremendamente conservadoras en todo lo atinente a encarar cambios en la doctrina de combate de las mismas.  Esto por lo general se basa en un fundamento relativamente razonable: Resulta muy complejo asimilar las enseñanzas de la guerra que ha pasado y hacer que las mismas impacten en la compleja estructura que una fuerza militar tiene en tiempo de paz.  Debe pensarse que esas enseñanzas no se transmiten "por tradición oral" (aunque no son pocos los casos en que eso sucede...), sino que se requiere que las mismas se formalicen en instrumentos tales como reglamentos, procedimientos de combate y para el caso de las academias militares las mismas tienen que ingresar a las curriculas que en las mismas se dicta.  Como podrá deducirse, esta no es en modo alguno una tarea ni sencilla ni mucho menos carente de fuertes fricciones. Permítasenos ofrecer un ejemplo ya clásico. Al final de la Ira Guerra Mundial, estaba claro que la caballería no tenía ningún futuro relevante en el campo de combate.  Es cierto que hubo empleo de la misma en otras guerras, pero en modo alguno los mismos tenían la importancia que esa arma tuvo hasta antes de la Gran Guerra.  Pues bien, en el Reino Unido se dio un gran debate sobre ese tema, y primó el concepto que la caballería seguiría siendo un arma decisiva en la guerra y que los tanques serían solamente un elemento de apoyo de fuego para la infantería.  El lector seguramente conoce que tal decisión fue un error tremendo, uno que retrasó enormemente el desarrollo del arma blindada británica, a pesar que contaban con mentes brillantes entre sus filas que podían generar una doctrina apropiada para esos vehículos blindados y emplearlos de manera muy diferentes en el futuro.

Este ejemplo nos habla claramente no solamente de un error de apreciación flagrante respecto a la evolución de la guerra, sino que en el fondo nos da cuenta del poder del que hacen gala ciertos estamentos internos militares para impedir el avance de procedimientos, equipos u otros aspectos que de alguna manera puedan afectar la posición interna de prestigio o poder que esos estamentos poseen. Pero simultáneamente, lo comentado tiene una contra cara, que proporciona otra conducta, una que es también un clásico y cambió el paradigma de la guerra por muchos años.  Esos blindados que se veían tan solamente como un arma de apoyo fueron considerados por los alemanes como un arma principal del campo de batalla, una que podía actuar independientemente en el combate. Pero dieron además otro paso más: Esos blindados podían comunicarse por radio con aviones de combate diseñados específicamente para atacar blancos en tierra, y de esa manera accionar entre ambos como un equipo de combate aeroterrestre que resultó imbatible durante buena parte de la guerra y que su esencia fue tomada por todos los beligerantes a medida que lo asimilaron y en no poca medida mantiene plena vigencia en muchos empleos de medios blindados en nuestros días.

Volvamos entonces al principio de nuestro problema.  ¿Cómo hacer para que los militares se preparen para la guerra que puede enfrentarse en el futuro sin atarse a lo que la anterior pudo haberles aportado como experiencia? La respuesta a esta pregunta no es sencilla, por algunas de las consideraciones que ya hemos realizado. Sin embargo, también dimos un ejemplo extraído de una experiencia de una guerra del pasado de la que  puede surgir una o más ideas superadoras, que posibiliten enfrentar la próxima guerra con herramientas más aptas para obtener ventajas antes que operar de acuerdo a lo que se pudo solamente mejorar de lo visto en el pasado.   ¿Pero cuáles son las herramientas para poder mirar al futuro?  Paradojalmente la principal medida proviene del propio pasado: El mismo indica que las fuerzas militares que desarrollan procedimientos novedosos son las que mejores condiciones poseen para enfrentar el desafío que todo empleo operacional de la fuerza militar dispone.  

También el pasado nos indica que la flexibilidad organizativa es la que mejores opciones provee a la hora de emplear el recurso militar.  ¿Cómo funciona esto?  Si alguien que sigue de cerca las acciones militares que vienen desarrollándose en el mundo desde la caída de Bagdad hasta el presente en los diferentes teatros de operaciones donde se combate; podrían extraerse las siguientes consideraciones:

  • Hay escasos o ningún escenario donde fuerzas blindadas de gran magnitud combatan contra otras similares.
  • Los enemigos que se enfrentan son por lo general elementos paraestatales o lisa y llanamente irregulares; empleando los mismos procedimientos de guerra de guerrillas, es decir evitando el combate toda vez que sea posible y llevarlo a cabo cuando existan claras ventajas a obtener de la acción.
  • Se presenta un escenario que estaría ligado al empleo de fuerzas extremadamente ligeras, capaces de ser desplegadas con rapidez a grandes distancias por medio de aeronaves y que no requieren de apoyos masivos de medios de artillería pesados, más bien el auxilio de armas antitanque para apoyo de sus fracciones menores, helicópteros o aviones de baja velocidad para el apoyo cercano y poco más.

Si al escenario que describimos tan someramente, y seguramente no pocos lectores agregarían otros aspectos, fuera tomado del modo "tradicional" con que no pocas fuerzas militares observan los conflictos armados, no faltarían quienes llamaran a suprimir del inventario de las fuerzas militares todo el material pesado (tanques, cañones, sistemas de defensa antiaérea, entre otros) y organizar la fuerza militar en base exclusivamente a contar con una masa de tropas ligeras y otros elementos de fuerzas digamos "especiales", para operar en este escenario tan particular. Así claramente estaríamos condenados a enfrentar la próxima guerra tal cual idealmente hay que operar en la que ante nuestros ojos se desarrolla.  Una mirada menos tradicional, tendría por su parte una aproximación diferente.  Esa mirada no tradicional notaría que en el mundo están sucediendo otras cosas además de las operaciones contra irregulares fanatizados por sus ideas religiosas.  Notarían esos planificadores militares, al menos es esperable que tendrían que hacerlo..., entre otros algunos de estos hechos que actúan como indicios del futuro:

  • No son pocos los analistas geopolíticos que advierten sobre la importancia que ciertos recursos críticos tomarán en el futuro. Y que precisamente es posible que en ese escenario, sean los viejos "intereses" nacionales los que guíen las acciones y puedan llevar a confrontaciones de elevado nivel de intensidad por el control o acceso de esos recursos.
  • El Ártico está descongelándose, y con ese fenómeno en desarrollo, se abren territorios que antes estaban vedados a la exploración en búsqueda de minerales al tiempo que se generan nuevas rutas de navegación que acotan distancias a puntos que antes resultaban extremadamente difícil de alcanzar. Todo esto ha motorizado la creación de nuevos comandos militares de algunas naciones para atender a la defensa de sus pretensiones en esa parte del globo o bien a la formación de acuerdos militares de naciones más pequeñas en búsqueda de contar con la masa crítica de poder militar para también ejercer sus derechos.
  • En la cuenca del Índico y en el Pacífico el crecimiento económico y las disputas soberanas y los ejercicios del juego geopolítico de distintos actores está llevando a la adquisición de capacidades militares que eran inconcebibles para muchos de los países de la región en el pasado. Particularmente esas capacidades se orientan a la guerra submarina, la proyección de fuerzas anfibias y a las operaciones contra acceso de grandes flotas a sectores particularmente sensibles.

Hay otros aspectos que podrían destacarse a la hora de enumerar indicios. Pero los nombrados por sí mismos nos muestran claramente que en un escenario de crisis, los medios que podrían llegar a empeñarse, sea en modo disuasorio o efectivo, distan bastante de los que antes mencionamos como los más aptos de acuerdo a una mirada basada solamente en la guerra tal cual hoy acontece ante nuestra mirada. Entonces ¿Cómo proceder?  Creemos que lo razonable pasa por la palabra flexibilidad que antes mencionamos. La misma nos llevaría, siempre a grandes rasgos, a desarrollar una fuerza militar no masiva; prácticamente no hay países que pueden afrontar el costo de una fuerza militar gigantesca que no tiene justificación de empleo inmediato.  Esa fuerza militar debiera poseer:

  • Tropas ligeras y especiales para desplegarse en términos extremadamente breves donde fuere necesario.
  • Fuerzas pesadas mínimas en su número, pero relevantes en su calidad, adiestramiento y capacidad de combate, para hacer frente a la contingencia de combatir contra un enemigo que no responda a las características de "irregular o paramilitar" que tan habitualmente observamos hoy.
  • Sistemas de comando y control que permitan conducir a esas tropas y al mismo tiempo integrarlas a otras de diferentes naciones, pues muy probablemente la necesidad de disuadir o bien de operar deban desarrollarse formando coaliciones de muy rápida formación para atender a la crisis.
  • Esa fuerza sería profesional y entrenada. Es decir dedica su tiempo a la preparación militar, de modo de responder a una crisis en oportunidad. No habrá en el futuro tiempos propios del Siglo XIX para detectar la amenaza, movilizar, concentrarse y operar. Eso dejo de ser una idea viable hace mucho tiempo atrás.
  • Lo expresado, tan centrado en la fuerza terrestre tiene también su mirada en los otros componentes. El futuro parece abrir oportunidades inmensas para los medios submarinos, por su capacidad no solamente de operar directamente contra otras naves, sino fundamentalmente por su aptitud para desarrollar operaciones encubiertas que permitan el desembarco de tropas para operaciones de muy específico alcance, así como para la ayuda en la obtención de información electrónica de posibles zonas de operaciones.  Por parte de los medios aéreos, si bien hoy todo indica la necesidad de aumentar la capacidad de operación de aeronaves no tripuladas, es mucho lo que se requerirá de contar con elementos aéreos tripulados en condiciones de asegurar a las tropas el poder de fuego necesario para enfrentarse contra sus enemigos en el campo de combate y al mismo tiempo esa aeronave contar con la aptitud para operar contra la aviación tripulada o no del adversario.  Todo esto sin entrar en el casi arcano campo del ciberespacio y el de la guerra electrónica.

La guerra es una desgracia. Nadie puede buscarla como objetivo. Sin embargo, pese a todas las prevenciones que con justicia sobre la misma se tienen; ella sigue ahí.  Presente en la vida del hombre y en un estado de permanente mutación. Entender ello debería llevarnos a comprender lo relevante que en algún momento puede llegar a ser el contar con una herramienta militar apta para interactuar junto a otros países en defensa de los intereses que se consideren críticos para un país.  Si ese momento llega, ese instrumento militar debe poseer la suficiente capacidad de adaptación para rápidamente asimilar el tipo de conflicto a enfrentar y generar con la misma velocidad las herramientas organizativas que le permitan darle a la política opciones en la crisis. De ello se trata. Pareciera poco. Lo es en la manera en que se lo enuncia. En modo alguno resulta así cuando todo depende de esa herramienta y de la manera en que será empleada. La historia suele enseñar también que muchas veces será tarde para improvisar.

 
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