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Las islas artificiales de Beijing en el Mar de China PDF Imprimir E-Mail
May-07-15 - por Guillermo Lafferriere

Es común entre nosotros escuchar comentarios que adjudican poco valor a islas ubicadas en el mar. Así consideraciones tales como "...qué valor pueden tener unas rocas en medio de la nada..." no son extrañas de ser formuladas por muchos, incluso por comentaristas. Quizás eso pueda deberse a una cultura que no ha tenido al mar como un espacio hacia el cual proyectar el desarrollo del país.

No son ese tipo de expresiones las que pueden encontrarse entre otras naciones, y no nos referimos solamente a aquellas que por su historia colonial pudieran retener "pedazos de roca en medio de la nada", sino que algunos de nuestros vecinos son celosos en cuanto al valor que esos territorios poseen.   Chile y Brasil por ejemplo, tienen muy en claro el valor de sus territorios insulares y la manera en que los mismos amplían el espacio en el cual pueden ejercer su control soberano. Y ese control no es un hecho declamatorio. El mismo está ligado al ejercicio del derecho de percibir ingresos por las actividades que en esas aguas se realizan y además en no pocos casos esas islas sirven como una vía para que el país pueda facilitar su acceso a otros territorios todavía más lejanos,  como es el continente Antártico.

Ha habido casos extremos de procedimientos adoptados por países para ejercer soberanía sobre territorios muy alejados en el mar. No hace muchos años atrás un submarino ruso, empleando un brazo mecánico colocó una bandera de ese país en el lecho del fondo marino del Polo Norte. (1) La bandera indicaba que ese era territorio ruso y toda la operación de colocación de la bandera fue filmada y difundida al mundo. Es harto evidente que nadie va a descender al fondo del mar para buscar una bandera puesta por  un país.  Sin embargo el mensaje de Rusia fue muy claro: Podemos acceder a ese lugar y estamos dispuestos a asumir el costo de pretender ese territorio.

Pero a nuestro entender el caso más llamativo es el de la República Popular de China y la construcción de islas artificiales en el Mar de la China.  Esa masa de agua tiene varias particularidades, quizás las más relevantes sean las dos que enunciaremos a continuación:

  • En el Mar de la China existe una verdadera superposición de pretensiones soberanas: Filipinas, Vietnam, Brunei, Indonesia y China reclaman en el Mar de la China del Sur y en el Mar de la China del Este se suma Japón.
  • El Mar de la China es la vía de ingreso de las materias primas que a través del Indico y por el estrecho de Malaca ingresan al mencionado mar y de allí a los puertos chinos y a sus industrias manufactureras.

Dado el valor crítico que para China tiene ese sector marítimo, ha comenzado desde hace meses a la construcción de islas artificiales de gran tamaño. En las mismas, coloca diferentes facilidades para el acceso por modo marítimo y probablemente pistas para la operación de aeronaves. Es claro que para Beijing esas islas artificiales son territorio chino, y en ese carácter fortalecen la pretensión del país de ejercer el control en toda la zona adyacente a las mismas.  Pero Beijing es plenamente consciente del potencial que estas acciones poseen para escalar a una crisis con cualquiera de los países que como China reclaman el derecho de ejercer el control allí.  Por ello, de una manera muy inteligente, está conduciendo esta problemática en el marco de una "preocupación por el medio ambiente y la protección de los recursos marítimos".  Así quienes ejercen el patrullaje en la zona no son los navíos de la Armada del Ejército Popular de Liberación sino alguno de los buques de las más de diez agencias gubernamentales chinas que poseen embarcaciones tipo guardacostas oceánicos, armados por supuesto,  para el control de distintas cuestiones relativas a los aspectos ambientales que mencionamos. Así en caso de producirse un incidente, este puede ser considerado como uno de tipo cuasi policial, dada la naturaleza no militar de las naves empeñadas en esta actividad.

Es evidente que siendo la principal potencia en esa región del mundo, es muy probable que la actitud china tenga muchos reclamos de parte de sus vecinos, y será poco probable que haya acciones directas contra las mismas.  Sin embargo la actitud descripta no puede desligarse de la que en el Indico China lleva a cabo construyendo facilidades portuarias en distintas zonas críticas del mismo, con una evidente actitud de pasivo desafío del creciente poder naval de la India. En ambas actitudes es posible reconocer el extremo valor que para Beijing representa el asegurarse el control del acceso del país a las fuentes de materias primas que se sitúan a grandes distancias de su territorio.  Lo viene haciendo, como mencionamos, con una mezcla de acciones pacíficas, enmarcadas en preocupaciones medioambientales pero que trasuntan claras miradas estratégicas del país.

Es cierto que como dice Kissinger en su monumental "On China", que este país no es una nación sino una cultura; y que además puede remontar su pasado midiéndolo en milenios.  Desde esa perspectiva, el tiempo posee un valor muy diferente al vertiginoso devenir con que en otras culturas lo percibimos.  El problema en este caso es que China desarrolla su accionar en una zona del mundo que en los últimos años está armándose a una gran velocidad, y una porción relevante del gasto en defensa los países de la región lo están destinando a todo lo relativo a sus armadas, muy especialmente a la adquisición de submarinos y otros medios navales útiles para ejercer el control del mar a grandes distancias.  Todo ello ocurre además en el marco del ya famoso "Pivot al Asia- Pacífico" que el Presidente Obama anunciara tiempo atrás.  Cuando tantas pretensiones estratégicas comienzan a superponerse, y a las mismas se las apoya con un creciente poder militar, va llegando quizás el tiempo que se generen acuerdos, en el marco de organizaciones multinacionales, para que se encuentren caminos que canalicen las tensiones y eviten que las mismas escalen en crisis que pueden tener un peligros potencial para alcanzar umbrales que pueden tornarse imposibles de retrotraer a un statu quo ante.

Mientras ese marco multinacional que sirva de contención se establezca, deberemos de acostumbrarnos a ver nacer de la nada islas en el Mar de la China. Islas que al menos para muchos en esa zona del mundo, en modo alguno son rocas sin valor.



(1) Ver http://news.bbc.co.uk/2/hi/europe/6927395.stm.
 
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