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Brasil: La victoria de Dilma y los 16 años del PT en el poder PDF Imprimir E-Mail
Oct-29-14 - por Rosendo Fraga

El triunfo de Rousseff en Brasil implica que el PT gobernará dieciséis años continuos el país y que se ha impuesto la continuidad sobre el cambio. Con período presidencial de cuatro años, los dos períodos de Lula primero y los de su sucesora después, generan un ciclo político sin precedentes en cuanto a su duración. Cuando ella termine su segundo mandato al comenzar 2019, la mitad del tiempo transcurrido desde el reestablecimiento de la democracia a mediados de los años ochenta del siglo XX, habrán sido gobernados por el PT, con una duración similar a la que tuvo el gobierno del caudillo populista Getulio Vargas entre 1930 y la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Hay quienes imaginan para entonces una nueva candidatura de Lula. Es una especulación, pero que en Uruguay Tabaré Vázquez, el líder de la coalición de centro-izquierda que ha gobernado el país durante la última década, que ganaría la segunda vuelta, sería presidente por otro período gobernando entre los 74 y los 79 años, sería un antecedente que no le hace imposible a Lula volver a competir en 2018 por razones de edad. Cuando las protestas de las nuevas clases medias que irrumpieron en 2013, el estancamiento económico y el rápido surgimiento de Marina Silva primero y Aecio Neves después, auguraban un cambio, el triunfo de Dilma en la segunda vuelta por sólo tres puntos, mostró que se impuso la continuidad. El análisis geográfico del voto evidencia que el asistencialismo que beneficio a los sectores populares, ha sido clave del resultado. El 30% de los brasileños que sigue bajo el nivel de pobreza mantuvieron una fuerte lealtad hacia el PT, aunque las nuevas clases medias que salieron de la pobreza durante sus gobiernos, votaron divididas.

La Presidenta brasileña no tiene por delante un periodo de gobierno fácil. Los mercados, que durante la campaña electoral subían cada vez que Dilma retrocedía en los sondeos y caían cuando subía, volvieron a tener un comportamiento negativo tras su victoria. Con una economía que ha dejado de crecer, fuga de capitales y con inversión en disminución, reconstruir la confianza económica no será fácil. Es que la reconciliación con los mercados, no sólo requiere un cambio de política económica por parte de Dilma, sino también una modificación en su actitud política y quizás ello sea más difícil de lograr. Ella ha tenido la victoria electoral por menor margen en la historia de Brasil que coincide con una división política del país, que se ha ido profundizando y que la dureza en la campaña electoral -inusual para Brasil- lo evidenció. La corrupción, que fue un arma central en la campaña de la oposición, implica para Dilma una alteración ilegítima en las reglas de juego políticas y para la oposición una situación que deslegitima al oficialismo. Construir una coalición de gobierno que genere mayorías parlamentarias, no será en cambio demasiado difícil, dado el funcionamiento tradicional de la política brasileña y la disposición que ha mostrado el PT para negociar y compartir poder con sectores de la política tradicional del país.

En América del Sur, el triunfo de Dilma por un lado refuerza la continuidad de los oficialismos y por otro el predominio de las fuerzas de centro-izquierda. En América del Sur, la reelección de Santos en Colombia en mayo, implicó que la coalición de centro-derecha que gobierna el país desde 2002, lo hará dieciséis años seguidos hasta 2018, más allá del enfrentamiento con el ex presidente Uribe. En Bolivia, la reelección de Evo Morales el 12 de octubre en primera vuelta, hará que gobierne quince años continuos su país entre 2005 y 2020. En Brasil ahora, el PT gobernará dieciséis años, entre 2002 y 2018. Si gana en Uruguay Tabaré Vázquez, el Frente Amplio gobernará también quince años entre 2005 y 2020. A ello se agrega que el triunfo de Bachelet en Chile el año pasado implicó el retorno al poder de la coalición de centro-izquierda que había gobernado el país entre comienzos de los noventa y 2009, cuando ganó el centro-derecha con un empresario (Piñera). Pero esta continuidad, implica que las fuerzas de centro-izquierda que han predominado en América del Sur desde comienzos de los noventa, se mantendrá. Para los gobiernos sudamericanos que integran el ALBA (Venezuela, Ecuador y Bolivia), como para el de Argentina, el triunfo de Dilma es una buena noticia, al igual que para el de Uruguay cuyo candidato, tras haber obtenido la mayoría parlamentaria en la primera vuelta que tuvo lugar el mismo día que la segunda en Brasil, entra con muchas posibilidades en la segunda, alentado ahora por el triunfo del centro-izquierda en Brasil.

En cuanto al rol de Brasil en el mundo, otro gobierno del PT implica que seguirá predominando la visión del país como potencia BRICS. Durante el primer gobierno de Dilma, la política exterior brasileña asumió este rol. En casi todos los conflictos globales, Brasil sostuvo la misma posición que Rusia, China, India y Sudáfrica. Ello se dio tanto en la UN, como en el G20 e implicó una posición distante de los países del G7 y una postura crítica hacia los EEUU. Con este país, las relaciones bilaterales se encuentran en tensión, desde las denuncias sobre el espionaje cibernético a la Presidenta brasileña -que lo sufrió al igual que gobiernos aliados como el de Alemania- situación que llevó a suspender sin fecha la visita que Dilma iba a realizar como Jefa de Estado a dicho país. Los acuerdos de libre comercio, que con Neves hubieran tenido impulso, en el nuevo gobierno de Dilma seguirán sus tiempos negociados desde el Mercosur, lo que no los hace fácil, dadas las políticas de Venezuela y Argentina. El acuerdo con la UE, que es el primero en la agenda, probablemente se seguirá demorando.

En conclusión: en la elección brasileña se ha impuesto la continuidad sobre el cambio y el PT gobernará así dieciséis años seguidos el país; el segundo mandato de Dilma no será fácil, con una perspectiva económica pesimistas y una país dividido políticamente, no solo numéricamente sino en materia de actitudes; en la región, el resultado de esta elección refuerza la tendencia a que un mismo partido gobierne quince o dieciséis años seguidos y se mantenga el predominio de las fuerzas de centro-izquierda en sus diversas variantes; por último, en la segunda Presidencia de Dilma, la autopercepción de Brasil seguirá siendo la de una potencia BRICS, con más coincidencias con China y Rusia en lo global que con EE.UU. y el G7. 

 
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