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Uruguay: Esse bicho não existe PDF Imprimir E-Mail

Ago-18-14 - por Oscar Bottinelli

Se cuenta que un nordestino (del Brasil) es llevado al zoológico de San Pablo. Y su reacción al ver por primera vez una jirafa, ese animal de patas proporcionalmente no muy altas, cuerpo corto y cuello larguísimo, fue decir: Esse bicho não existe

La dificultad de reacomodarse ante un cambio de realidad es común en el ser humano. Y es más difícil aún a medida que se avanza en la vida, de los hombres y de las instituciones. Para el Frente Amplio -y en especial para Tabaré Vázquez- las elecciones de 2014 y la sociedad uruguaya de hoy con sus reacciones aparentemente desconcertantes, son esa jirafa para el nordestino.

Para empezar, es la primera vez en su vida que Tabaré Vázquez compite como oficialista, como incumbent institucional, es decir, como el representante del titular del cargo, del gobierno o del poder político. En 1989 fue el candidato a intendente de un partido al cual la Intendencia de Montevideo le había sido esquiva en las dos instancias anteriores (1971, 1984); era el candidato del partido desafiante. En 1994, 1999 y 2004 fue por tres veces el candidato presidencial desafiante no solo del partido titular de la Presidencia de la República, sino desafiante del sistema político dominante en el país desde la misma creación de la República. En 1989 fue el recién llegado a la política que debutaba en el escenario departamental. En 1994 el recién llegado al nivel de competencia presidencial, en desafío a un ex presidente de la República; en 1999 contra un veterano en lides presidenciales por su quinto intento. En 2004, cuando gana, es la primera vez que tiene enfrente a dos noveles presidenciables. Quizás es la primera vez que no es el más nuevo, o más ajeno, pero sigue siendo el desafiante de los partidos centenariamente dominantes, casi bicentenariamente. Ahora es diferente. Ël es el candidato del gobierno, el que refleja en todo lo bueno, todo lo malo, todo lo que entusiasma y todo lo que decepciona, diez años de ejercicio de la conducción del Estado: cinco años bajo su capitanía y otros cinco bajo la de José Mujica. Ya no es el desafiante sino el desafiado. Sus dos contrincantes nunca estuvieron en el nivel presidencial cuando las andanzas presidenciales de Vázquez: Lacalle Pou es flamante y Bordaberry casi, ya que va por su segundo intento y apareció como nuevo desafiante del ya oficialista Frente Amplio. Estos son entonces los dos hechos nuevos: la calidad de oficialista frente a contrincantes opositores y la cualidad del veterano o experiente en el ejercicio del poder contra inexperientes en el ejercicio presidencial. Para Tabaré Vázquez 2014 es la contracara de 2004.

Para seguir. Vázquez es un hombre de cuesta arriba. En su vida personal, profesional y política. Siempre partió de abajo y peló para subir. Eso genera un arte de cómo enfrentar las cosas, una psicología de las cosas y de la lucha.

Esta vez es al revés. La elección lo toma cuesta abajo. Un cuesta abajo que empieza en 2009, siendo él presidente de la República y José Mujica el candidato oficialista: en ese momento el Frente Amplio contaba con un 50,4% del electorado más un 1,7% de incremento generado por el recambio biológicoi, lo que daba al Frente Amplio un nivel esperable del 52,1%. Obtuvo el 48,0%, es decir, 4,1 puntos porcentuales menos. Fue el primer declive en casi 39 años de vida del Frente Amplio. Hasta la primavera de 2012 todo indicó que el cuesta abajo se había frenado, que Vázquez por sí solo frenaba ese cuesta abajo del Frente Amplio y lo podía llevar no solo a retener sino a ampliar la mayoría absoluta y ganar en primera vuelta la Presidencia de la República. En setiembre de 2012 los ejercicios de preferencia presidencial otorgaban la posibilidad de hasta 53 diputados para el F.A. Casi dos años después el escenario es el opuesto: el Frente Amplio no logra zafar de la banda del 41-44% y se recuesta más bien en el piso de la banda. No cae por debajo de ese piso, lo cual le es positivo; no supera este techo, lo cual le es negativo. Pero lo más relevante es que no se dio lo que todo el mundo esperaba, propios y extraños, combatientes y observadores: que su aparición en esencia cambiase el escenario. No se movió la aguja.

Tampoco movió la aguja la fórmula presidencial, o -por incidencia o no de la fórmula- la aguja se movió para abajo.

Entonces aparece lo complicado. No se ve ni al candidato ni al partido en un sereno análisis de situación, en una evaluación de fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas. O si lo hay no trasciende, lo cual, si es así, es muy positivo, porque nada desgasta más que la permanente discusión pública, las filtraciones y la publicación de borradores. Hay alguna voz solitaria, desafiante, que sabe que desafía y que dice lo que no quiere ir a la abrumadora mayoría de la dirigencia y de la militancia dura. Porque si algunas cosas son claras es que las elecciones se ganan cuando se convence a la gente, se la entusiasma. Para el Frente Amplio es vital encontrar esas debilidades y amenazas.

Hay problemas del Frente Amplio y de sus corrientes básicas; hay problemas del candidato presidencial y de la fórmula presidencial. Hay problemas de campaña electoral. Ese es un tema. Pero hay otro también, nada fácil, que va más allá de todo esto: la sociedad uruguaya ha terminado de producir un formidable cambio. Sin duda durante largo tiempo se fue procesando un cambio silencioso, soterrado. Ese cambio ha estallado en estos años. Se refleja en la cultura del consumo, en el valor que se da al empleo, al ahorro, al trabajo, al rendimiento en el trabajo y al estudio. Hay un segmento importante de la sociedad que vive un presente sin pasado y piensa que el presente y el futuro son una sola cosa. Hay que ver cuánto de estas elecciones se desarrollan en el contexto de un país distinto.


i Ver Elementos estructurales en las elecciones nacionales de 2009, en artículos académicos, http://www.factum.uy/

 
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