Navegador

Buscador

Investigaciones sobre Defensa

Suscripción a newsletter

Si desea recibir nuestro newsletter, por favor ingrese sus datos.
 
Inicio

Uruguay: El tiempo de los cuchillos largos PDF Imprimir E-Mail

Ago-12-14 - por Oscar Bottinelli

Pasado el 1° de junio, apagados los ecos de las mal llamadas “elecciones internas”, alejada la tristeza por la derrota de Uruguay ante Colombia y la indignación nacional por el linchamiento de Luis Suárez, vino el momento más duro y más cruel de la política, el más desagradable. Es también el más estresante para los actores del nivel parlamentario, de las figuras que acompañaron la disputa presidencial. Todos y cada uno luchan primero por ascender; si ello no es posible pelean por mantenerse en su lugar, y en última instancia combaten por sobrevivir. Es el momento en que todas y cada una de las fracciones políticas, nacionales y departamentales, elaboran sus listas de candidatos. Cuando el elector recibe esas listas, días antes de la votación, lee un simple y neutro conjunto de nombres. No ve, no conoce, la lucha que hay detrás, las angustias, dolores, éxitos y fracasos que subyacen tras esas asépticas nóminas.

No es diferente a cualquier otra actividad en la vida. No es distinto a la lucha entre empresarios, entre profesionales, entre deportistas o entre universitarios, o la disputa entre compañeros de trabajo. La diferencia estriba que en política todos los actores de todos los partidos y fracciones, luchan al mismo tiempo los unos contra los otros por la reelaboración de los escalafones, de los ranking. En la carrera universitaria los docentes grado 4 de una especialidad de un área de una de las quince facultades compiten un día por un ascenso a grado 5; y los que pierden siguen como grado 5. Otros lo harán otro día, en otro lugar. Y no compiten ni todos los grados, ni todas las especialidades, ni todas las áreas ni mucho menos todas las facultades. La carrera es una por una, separada, a lo largo de los días, las semanas y los meses.

En política, en cambio, todo o casi todo se baraja a la vez. Hubo una preclasificación el 1° de junio y habrá un descarte final el 26 de octubre. Para algunos queda otra carrera el 10 de mayo del año siguiente. Pero ahora se elabora el ranking. Un diputado puede aspirar a ser senador, puede ir en un lugar privilegiado de la lista o no, y en este caso al menos repetir como diputado; o puede no correr para senador ni repetir para diputado. O quedar en el purgatorio, en el lugar o los lugares de riesgo, en los que solo podrá saber si ganó, empató o perdió recién en la noche del 26 de octubre, o según los tiempos geológicos de la Corte Electoral, al día siguiente, o al otro, o al otro.

El contraste entre el triunfo y la derrota lo relató con fría crudeza el célebre periodista norteamericano Thedore White, autor de la crónica de las elecciones presidenciales norteamericanas de 1960, 1964, 1968, 1972 y 1980. Dijo que luego que se cerrasen las casillas de votación, uno de los dos competidores pasaría a ser un capítulo de la historia americana y el otro una simple llamada al pie de página. Así de cruda es la vida política. Es la cara tensa y áspera que los ciudadanos no perciben, que hace de la carrera política una de las más duras que hay sobre la faz de la tierra, capaz de sacar lo mejor y lo peor de cada uno.

Esto es así aquí y lo fue en el pasado. Y lo es y lo fue en las demás democracias de partido a lo largo y ancho del mundo. Ocurre que la intensidad puede ser mayor o menor. Puede ser como aquí y ahora una dura temporada de cuchillos largos, o puede ser algo previsible, que se va dibujando en el horizonte y que al final produce alguna otra magulladura, alguna que otra herida y nada más. En sustancia, todo depende de dos factores: de la arquitectura del sistema de partidos, de las reglas de competencia interior y de la fortaleza y permanencia de los liderazgos y las elites partidarias y fraccionales. Uruguay tuvo a lo largo de buena parte del siglo XX organizaciones partidarias sólidas y estables (más bien fracciones de grandes y complejos partidos), con liderazgos indiscutidos y de larga vigencia. Los traumas, los tiempos de los cuchillos largos, alcanzaron su esplendor en la transición entre la desaparición de un liderazgo o una elite dirigente y la aparición del siguiente liderazgo o la siguiente elite. Por las dudas, no es lo mismo ser referente popular que líder; un líder es un conductor, una persona que traza el camino y es seguida por sus partidarios. Puede haber fuertes referentes electorales y ello no supone la existencia de fuertes liderazgos.

En las últimas décadas se asistió en los tres grandes partidos al debilitamiento de los liderazgos, a la pérdida de poder o la desaparición de esos poderosos conductores, al paralelo debilitamiento de elites colectivas y a la delicuescencia de las reglas internas para la disputa del poder interior y de los cargos de representación. Y paralelo a esa desaparición de estructuras fuertes y reglas claras, se potenció el tiempo de los cuchillos largos.

 

 
BALANCES Y PERSPECTIVAS ¡nuevo!

ARGENTINA:
Balance 2016 | Perspectivas 2017
LATINOAMÉRICA:
Balance 2016 | Perspectivas 2017
MUNDO:
Balance 2016 | Perspectivas 2017

ACTUALIDAD

ARGENTINA
La particular elección porteña

LATINOAMÉRICA
El TLC entre China y el MERCOSUR

INTERNACIONAL
El surgimiento de una nueva era

EVOLUCIÓN SOCIOPOLÍTICA
Balance de la conflictividad social argentina durante abril

DEFENSA
¿Ante una crisis por error de cálculo?

OPINIÓN PÚBLICA
Seguimiento de intención de voto a presidente (Dic 2013 - Nov 2015)

OPINIÓN
Proyección del bicentenario de Chacabuco

SECCIONES

ARGENTINA

BOLIVIA
BRASIL

CHILE

COLOMBIA
COYUNTURA
CUBA
DEFENSA
EL SALVADOR
EVOLUCION SOCIOPOLITICA
HONDURAS
IBEROAMERICA
INTERNACIONAL
LAS AMERICAS
LATINOAMERICA

MEXICO

MUNDO
NICARAGUA
OPINION PUBLICA
PARAGUAY

PERU

URUGUAY

VENEZUELA

Opinion Publica Indicadores de opinion publica de Argentina Indicadores de opinion publica de Argentina Indicadores de opinion publica de America Latina

Archivo historico banner_cp.jpg


Indicadores