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El difícil camino hacia un Consejo de Defensa de Sudamérica PDF Imprimir E-Mail

Abr-03-08 - por Ignacio J. Osacar (Coordinador de la Comisión de Defensa del CENM)

Pocos recuerdan hoy lo dicho por el presidente Chávez en 2006: "Debe llegar el día en que el Mercosur tenga una organización de defensa donde vayamos fusionando las Fuerzas Armadas de nuestros países y donde enmarquemos una estrategia propia de seguridad, soberanía y defensa". Esto fue expresado en presencia de muchos presidentes de la región, cuando celebraban el 195 aniversario de la independencia de Venezuela. Esta idea, que quizás sorprendió a algunos, no recibió apoyo de casi nadie, fue más bien vista como otra extravagancia inviable del bolivariano petrolero y pasó prontamente al olvido. Sin embargo, hace pocos días, acaba de ser relanzada por el presidente Lula, lo cual, lógicamente, merece ser apreciado de otra manera.

Es conveniente efectuar una revisión retrospectiva. El único apoyo recibido a la propuesta de Chávez provino casualmente del Dr. Aurelio Garcia, asesor del presidente Lula, quien se mostró partidario de una "Junta Sudamericana de Defensa", diferenciándose de la ya existente "Interamericana" con sede en Washington, con la finalidad de no cometer errores en la integración sudamericana, como los que cometiera Europa por no haber implementado oportunamente una forma autónoma de defensa europea y que, a pesar de tener firmes definiciones políticas, no contó con el instrumento militar necesario para detener la crisis en los Balcanes, antes de que escalara al nivel de conflicto bélico generalizado.

Dijo Garcia en ese momento: "Nosotros deberíamos empezar a discutir en Sudamérica una seguridad colectiva para la región, con las especificidades del caso, que son distintas a la seguridad que nos quieren imponer de afuera hacia adentro", en clara alusión a las nuevas doctrinas militares de Estados Unidos. Sin embargo, agregó que es necesario para implementar estas ideas en el marco de la integración "ceder soberanía" en algunos casos, además de llevar adelante "políticas industriales comunes en los sectores militares".

Otras voces no brasileras del Mercosur señalaron en ese momento que Brasil quería crear nuevas estructuras para liderarlas y presidirlas, lo que afirmaría su rol hegemónico, el que ya ha planteado en otros ámbitos, y que también lo extendería a la defensa de la región. Efectivamente, esto es así pero Brasil no solo pretende liderar la región, sino que va más allá y aspira a poseer un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. 

El general brasilero Augusto Heleno Pereira, quien fuera jefe militar de la misión MINUSTAH en Haiti (importante laboratorio de conducción de tropas multinacionales regionales y extraregionales, experiencia que hasta ese momento era muy escasa para Brasil), quien es hoy Comandante de la vasta y estratégica Región Militar de Amazonía, agregó prudentemente al respecto que: "Se deben aumentar las relaciones entre las FFAA de América del Sur, con intercambio de personal y ejercicios conjuntos. Lo estamos haciendo pero podemos hacer mucho mas". El general Heleno quizás sea hoy uno de los más calificados para liderar una estructura como la anunciada por el presidente Lula.

Las objeciones al llamado de Chávez surgieron de Uruguay, en donde un documento militar afirmaba que: "La integración de un mecanismo de defensa regional, a partir de la asociación comercial existente implica estudiar en qué calidad nos integraríamos, junto a los demás miembros del bloque, y en particular con respecto a Brasil y Argentina, ya que se deberá tener en cuenta en qué proporción ellos estarán dispuestos a considerar nuestras posibilidades en recursos humanos y materiales, o nuestras limitaciones económicas."

Agregaba el documento uruguayo que "deberá quedar claramente establecida si la integración tendrá como objetivo la participación de fuerzas de paz, como se viene realizando en Haití, o si abarcará también la participación en cuestiones de seguridad interior de los países miembros del bloque, con lo cual nuestro país podría verse obligado a participar en la lucha contra el terrorismo, la delincuencia organizada o la insurgencia dentro del territorio de uno de los países del bloque y viceversa."  

Más adelante afirma que: "Seguramente todos los países integrantes de la región comparten la visión actual de las "nuevas amenazas" (narcoterrorismo, narcotráfico, crimen organizado, corrupción, marginación, pobreza extrema, etc.). No obstante esto, por diversas razones de orden geográfico, político o económico, no todos los países se verán afectados por éstas, de la misma forma o con la misma intensidad, lo que puede llevar a que nuestro país "importe" amenazas  (Internacionalización de la Amazonia). Ello provocará concepciones diferentes en lo que respecta a la definición de seguridad o a la formulación de las políticas de defensa".

Cabe señalar que esa misma inquietud es válida para otros países, muy especialmente para Argentina, cuyas tropas serían empeñadas en operaciones militares en un ámbito internacional que, paradójicamente, les son estrictamente prohibidas por ley en su propio país, pero que de hecho las están ejecutando en Haití bajo el mandato de la ONU.

Es posible que no se hubiera revalidado la necesidad de un órgano autónomo, independiente en su accionar de la participación o ingerencia de los Estados Unidos o de los mandatos de la ONU, sin que hubiera sucedido el ataque de Colombia contra las FARC, dentro de territorio de Ecuador, con la consiguiente movilización de efectivos militares hacia las fronteras, no sólo de los países directamente involucrados sino de un tercero como Venezuela. Esto quizás fue la gota que rebasó el vaso, ya que no es por la violencia originada por actores no estatales, la cual es sufrida por varios países de la región desde hace décadas, sino por la velocidad demostrada para que ésta pueda transformarse en un conflicto interestatal de proyecciones imprevistas.

La creación de un Consejo Sudamericano de Defensa fue anunciada por el ministro de Defensa de Brasil, Nelson Jobin, en la Escuela de Guerra Naval el 14 de marzo último. Se espera realizar una reunión con todos los representantes de países sudamericanos antes de fin de año en Brasilia para consolidar la creación de dicho organismo. Afirmó Jobin que: "América del Sur necesita tener una sola voz en la cuestiones de defensa. Esa voz única en el continente permitirá que los países de la región articulen medidas multilaterales de fomento, de confianza, de transparencia y de seguridad". Como cierre concluyó que: "La osadía tiene que ser la forma para alcanzar nuestra meta, sumada con la capacidad política de percepción de aquello que llamamos sentido de la oportunidad".

Ante el ofrecimiento de colaboración por parte de Estados Unidos al proyecto, la respuesta que trascendió de Jobin fue al parecer que "colaborarían mucho no haciendo nada."

La realidad es que no hay en la actualidad país sudamericano, que además de sus conflictos de seguridad internos, no mantenga alguna disputa o tensión con alguno de sus vecinos o, incluso, con países extracontinentales, como nuestro país por el reclamo por las Islas Malvinas con Gran Bretaña, la superposición de los limites del sector antártico, también con Gran Bretaña y con Chile, la demarcación de los Campos de Hielos Sur con Chile, las Papeleras con Uruguay y la Triple Frontera con Brasil y Paraguay. En el caso de Bolivia, ésta mantiene su reclamo a Chile y Perú por un corredor en Atacama para acceder al mar. Brasil, a pesar de su inmensa extensión territorial, ocupa una pequeña isla en el rio Cuareim, reclamada por Uruguay, caso que involucra también a la Argentina, además de otro litigio por una reducida zona fronteriza denominada Triangulo de Artigas. Perú reclama correcciones en sus límites marítimos, lo cual no es aceptado por Chile ni por Ecuador, además de sufrir en su territorio de cierta actividad narcoterrorista proveniente de Colombia. El Ecuador recibe la presión constante de numerosos refugiados colombianos y actividades de narcoterroristas localizadas en su frontera norte. Colombia, además del conocido conflicto interno terrorista-insurgente, que se extiende a países vecinos, también sostiene un litigio con Nicaragua y Venezuela por límites marítimos en el Caribe. Por otro lado Venezuela reclama el territorio de la Guayana Esequiba a Guyana y en consecuencia la extensión de sus límites marítimos, lo que es rechazado conjuntamente por los estados caribeños insulares de St. Kittis y Nevis, Dominica, Santa Lucia, San Vicente y las Granadinas. Por último, Surinam reclama a Guyana gran parte de su territorio oriental y las áreas marítimas correspondientes, y también reclama a la Guayana Francesa (léase Francia) sectores delimitados por los ríos Litani y Marovini, con lo cual se constituye, al igual que Argentina, en otro país sudamericano que mantiene disputas territoriales con potencias extracontinentales.

Con seguridad que la empresa emprendida por Brasil de crear un Consejo de Defensa Sudamericano es muy compleja, aun cuando se encuentre en construcción discreta y prolija desde hace ya bastante tiempo, observada de cerca con un complaciente blind eye de Estados Unidos, demasiado comprometido en otros escenarios conflictivos del mundo, a los cuales les asigna mayor prioridad, y que le requieren dedicación exclusiva. No obstante, la experiencia internacional respecto a estas superestructuras colegiadas indica que no tienen valor alguno si no están en capacidad de producir respuestas militares rápidas, contundentes y eficaces para enfrentar cualquier crisis, lo que implica antes superar las naturales diferencias políticas o ideológicas de sus miembros. Y en la actualidad no son precisamente pequeñas en la región sudamericana.

Aun teniendo en cuenta los positivos antecedentes acumulados en los últimos años, con ejercitaciones de interoperatividad entre las distintas FFAA, intercambios de alumnos en escuelas superiores, la integración en unidades tácticas para operaciones de paz, asistencia en desastres naturales y muchos otros gestos de confianza y buena voluntad, se aprecia que no serían suficientes para actuar con la necesaria libertad de acción, ante un escenario de crisis provocado eventualmente por algún conflicto que confronte los intereses nacionales fundamentales, de dos o más países miembros del bloque, como podría ser un simple caso de violación de la soberanía territorial o la afectación de recursos naturales esenciales para la subsistencia y el desarrollo económico, en especial en lo referido a la energía no renovable.

Fuentes:

Agence France-Presse. 26-03-08
"La Republica" Montevideo, Uruguay. 20-07-06
www.infotalam.com 26-03-08
www.defesa.gov.br 03-04-08
www.cia.gov 03-04-08

 
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