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Los Episcopados frente a la corrupción PDF Imprimir E-Mail
May-20-14 - por Alberto Vila Porto

En el periódico La Nación de Argentina, escasamente dudoso de representar la opinión de izquierda de aquél país, se publicó el sábado 10 de mayo lo siguiente:

"Frente al delito, deseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia, que tengan los medios para cumplir su función, y que gocen de la independencia, la estabilidad y la tranquilidad necesarias. La lentitud de la Justicia deteriora la confianza de los ciudadanos en su eficacia. Algunos profesionales suelen utilizar de modo inescrupuloso artilugios legales para burlar o esquivar la Justicia: también esto es inmoral", dijo. Y deslizó una crítica a los medios de comunicación, que "no siempre informan con objetividad y respeto a la privacidad y al dolor". Esa opinión fue expresada por el Episcopado Argentino, refiriéndose al estado de deterioro que vive aquel país. ¿Podría referirse al nuestro, no? Precisamente, tomando palabras del Pontífice, en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, los obispos argentinos advirtieron que "la corrupción es un verdadero cáncer social" y es "causante de injusticia y muerte". En su alusión se refirieron tanto a la corrupción pública como privada y objetaron el manejo de fondos.

En concreto, expresaron que: "Desviar dineros que deberían destinarse al bien del pueblo provoca ineficiencia en servicios elementales de salud, educación y transporte". Mencionaron que se trata de "estafas económicas y morales que corroen la confianza del pueblo en las instituciones y sientan las bases de un estilo de vida caracterizada por la falta de respeto a la ley". Y explicaron: "Sólo si las leyes justas son respetadas, y quienes las violan son sancionados, podremos reconstruir los lazos sociales dañados por el delito, la impunidad y la falta de ejemplaridad de quienes tenemos alguna autoridad". 

En tanto, el Episcopado Español se halla entretenido en menesteres más teológicos que su homólogo sudamericano. Un detalle, no menor, es que de aquella institución salió el actual Papa y que, a esta, no se le haya escuchado un posicionamiento éticamente impecable contra los corruptos. Hay muchas Iglesias de Roma y, entre ellas, el trabajo social que representa Caritas. A pesar del ministro Montoro, por cierto. 

Otra Iglesia. El Foro de Curas, en Madrid, se convirtió en una iniciativa surgida en 2007 como reacción a las imposiciones de la jerarquía eclesiástica española. No les gustaba el tono de las liturgias, ni que se oficiara la misa con el cura vestido con vaqueros y la comunión con rosquillas. Ante la amenaza de cierre, cuarenta curas, en vaqueros, se acercaron a ofrecer apoyo. Protestaban, además, contra la represión de todo pluralismo en la Iglesia española. 

Desde entonces el Foro de Curas de Madrid, formado en la actualidad por 125 sacerdotes, ha representado la cara transgresora de la Iglesia, la que critica el silencio de la jerarquía eclesiástica ante la injusticia social, la que difunde comunicados exigiendo cambios profundos. En si mismo este grupo de sacerdotes es un catalizador del problema. El Episcopado Español calla frente a esta destrucción social. ¿Me pregunto por qué? No deben de haber votado por este Papa.

¿De quienes estarán cerca en el proceso de la corrupción? En las posibles opciones pueden estar alguno de los elementos de la definición del problema español. Debo concluir deseando que no repitan su costumbre de pedir el voto desde el púlpito para ciertas opciones políticas afines. Si así lo hiciesen… tendríamos la respuesta. 

En una sociedad que se desentiende de vastos sectores de la población, para los sacerdotes se convierte en motivo de esclarecer su dilema moral, antes que convertirse en terroristas antisistema. Pobreza o equidad, en un contexto corrupto. 

Por tanto, la corrupción como proceso nos lleva a la pobreza y a la desnutrición infantil de modo directo. También, en breve, a que los narcos se sientan seguros de rondar por los límites de nuestras costas, como predadores, para inundarnos con su carga mortal. El ministro Gallardón debe asumir la responsabilidad que le quepa si, su intención inicial, tiene como consecuencia que nuestra juventud se sumerge en la noche de las drogas. La liberación de una cuarentena de narcotraficantes pone en cuestión la sospecha de complicidades con estas estructuras delincuenciales. 

Confío en que no. El Episcopado Argentino sabe de esto. El proceso de deterioro de las condiciones económicas de aquél país, con la complicidad de políticos y corporaciones, también llevaron a un empobrecimiento salvaje a su población. Los sistemas de seguridad estructurados por organizaciones policiales eficientes se destruyeron. Fueron sustituidos por servicios privados. Quién pudo pagarlos, pudo protegerse. Pero sólo por un tiempo. En estos momentos, en aquel país, la situación de violencia se ha desbordado. ¿Pasará algo similar en este?

Todos los acontecimientos sociales forman parte de un proceso. La corrupción es un proceso. Por ello, un proceso son las fases sucesivas de un fenómeno que ocurren en el transcurso del tiempo, con un objetivo. Es un camino hacia un fin. Etimológicamente proviene del vocablo latino “processus”, y es aplicado el término en múltiples campos. Así, se habla de proceso histórico, como el devenir de los actos humanos, de los que se afirma que son repetibles y causales. 

Hace una eternidad me formaron en los Principios del Análisis de Sistemas. Entonces, procuraron que comprendiese que representaban los procesos en la dinámica de los mismos para poder encontrar soluciones efectivas. Entonces, en primer lugar, debería definir adecuadamente el problema que suscitaba tal análisis. 

España tiene un problema. No ocurren las cosas que deben ocurrir. Eso es un problema. La solución debe ser ajustada a resolver esa disfunción. Tan enquistado está el problema, que ha llegado a niveles en los que campea a sus anchas bajo un paraguas de impunidad vergonzosa. Los lobbies colocan a sus personajes al frente de carteras o de entidades que deben ser contralores de los excesos. Corruptores y corrompidos se protegen.

De aquí, la corrupción no solo no se ha limitado, sino que se alza soberbia, con la cobertura de un modelo que está dejando a los españoles al límite de la desesperación. La indignación se reprime de un modo desproporcionado. Ejemplifica las consecuencias de atreverse a discrepar…o a increpar. Se juzga a la víctima. Curioso modo de ejercer violencia. 

El desorden social que se produce en el burdo intento de salvaguardar intereses meramente económicos, como son las relaciones con China, comunista, por cierto, dejan al descubierto unas consecuencias desde todo punto de vista inaceptables. 

Cómo llamar si no a las restricciones a la sanidad que están produciendo sus primeras víctimas mediáticas. Una criatura desatendida. Un anciano que se muere sin atención. Un emigrante que es desasistido ante la impasibilidad de los autores de este atentado a los derechos humanos. Todo, aunque haya numerosas víctimas que quedan atrapadas en la trampa de elegir entre comer o medicarse. 

Intranquiliza que las decisiones que se adoptan en un área del gobierno afectan, porque forman parte de un proceso, a los usuarios desasistidos en otras incumbencias ministeriales, desertoras de sus obligaciones. Recordemos que, esas personas estuvieron aportando una parte substancial de su trabajo al desarrollo de este país.

No les han regalado nada. Pese a que ahora, algunos empresarios iluminados, con un historial de sobrecostes o subsidios en sus propias organizaciones, tienen el atrevimiento de sugerir que los compromisos asumidos serán incumplidos en aras a una versión pervertida de la “productividad”.

La corrupción como proceso indica que, para que se produzca, tiene que haber contado con las complicidades de buena parte de esos empresarios en busca de contratos públicos, de aquellos políticos incompetentes cuyo sentido de la función se aplica a su patrimonio en lugar de al beneficio de la colectividad. 

En España se considera como usual la aceptación de sobrecostes en la obra contratada por la administración. Sin embargo, en Panamá, a Sacyr casi les salen mal los cálculos. Por ello, tuvo el Estado Español que acudir en su ayuda para que no se produjese un colapso financiero. Y nadie se ha propuesto investigar el asunto. Como los contratos que el narco que contrató con Feijoo en su etapa de responsable de una administración sanitaria, tampoco se le facilitan a la justicia que está interviniendo.

En un seminario del FMI titulado “La macroeconomía de la desigualdad del ingreso”, Winnie Byanyima, Directora Ejecutiva de la organización benéfica Oxfam, dijo: la desigualdad no solo es perjudicial para el crecimiento, y representa una amenaza para la democracia, sino que también es “moralmente incorrecta”. También sostuvo que las 85 personas más ricas del mundo poseen ahora más de la mitad de la riqueza mundial. Guy Ryder, Director General de la Organización Internacional del Trabajo, señaló que el creciente consenso con respecto a los efectos perjudiciales de la desigualdad crea una oportunidad sin precedentes para tomar medidas orientadas a reducirla. Antes, se consideraba que la desigualdad era el precio que había que pagar para que la economía mundial funcionara, “pero ahora el FMI y otros organismos dicen que existe una convergencia entre un mejor funcionamiento de la economía mundial, la creación del empleo que necesitamos y la reducción de la desigualdad”, afirmó Ryder. “Si es un problema, y si todos estamos de acuerdo en que es un problema, ¿qué vamos a hacer al respecto?”, añadió. 

La reserva ética es la garantía que permite compensar la acción de las ratas que corroen el sistema democrático corrompiéndolo. Con ellas, no se puede ser complaciente, ni condescendiente, ni dejar librada a la acción de un sistema judicial condicionado por un gobierno que lo está diseñando a la medida de sus intereses.

Tampoco se puede dejar de exigir responsabilidades a los actores invitados a este festín diabólico de perversión de los valores humanos más elementales. Se puede. 

 
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