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El rol de los militares en Argentina: I. Chavismo y kirchnerismo PDF Imprimir E-Mail
Mar-05-14 - por Rosendo Fraga

El Chavismo como fuerza dominante y hegemónica en la política venezolana llega al poder a fines de 1998. En análoga situación, el Kirchnerismo lo hace a mediados de 2003, cuatro años y medio más tarde.

Ambos fenómenos políticos han dominando así la política de los dos países en forma simultánea durante más de una década.

La simpatía entre Kichner y Chávez fue mutua y surgió el mismo 25 de mayo de 2003, cuando el Presidente venezolano asistió a la asunción de su colega argentino. Mientras el Presidente que asumió mostraba inusual frialdad frente a quien era su colega colombiano (Uribe), mostraba una fuerte simpatía por el presidente cubano (Castro) y su homólogo venezolano. 

Durante el mandato de Kichner (2003-2007) se tejió una fuerte relación bilateral con coincidencias políticas e intereses económicos. Entornes Argentina no necesitaba el petróleo venezolano, pero sí que el gobierno de Hugo Chávez le comprara bonos. La Cumbre de las Américas realizada en Buenos Aires en 2006 mostró cuán fuerte era la coincidencia entre Kirchner y Chávez.

Pero mientras el gobierno argentino derogaba las llamadas “leyes del perdón” (punto final y obediencia debida) y avanzaba en una política adversa hacia las Fuerzas Armadas, los militares venezolanos fueron un fuerte integrante de la coalición chavista. Chávez era al mismo tiempo un líder político y militar, mientras que Kichner prefería buscar la adhesión de las organizaciones de derechos humanos y reducir al mínimo sus actuaciones como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. 

Durante el primer gobierno de Cristina Kirchner (2007-2011), se acentuó el sesgo antimilitarista del Kirchnerismo con la profundización de la política de derechos humanos. Los militares y policías detenidos y acusados de violaciones a los derechos humanos se acercaron al millar. El presupuesto militar se fue reduciendo más que en los gobiernos anteriores y llegó a ser el más bajo de la región como porcentaje del PBI.

Paralelamente, Chávez fue ampliando en Venezuela la influencia de los militares en el gobierno, utilizándolos como funcionarios en áreas civiles relevantes. Más de una vez, el entonces Presidente venezolano preguntó a los Kirchner por qué los militares estaban ausentes en el entorno presidencial, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de los países del mundo.

Hoy en Venezuela, la mitad de los ministros son militares y también lo son la mitad de los gobernadores de los estados. Cerca de 400 militares en actividad ocupan cargos públicos y el número dos del régimen, Diosdado Cabello, es militar retirado, compañero de Chávez en la escuela militar.

Entre 2007 y 2011, el modelo venezolano y el argentino fueron convergiendo en lo político, lo económico y en el enfoque de las relaciones exteriores. Pero la diferencia sustancial se mantenía en el rol de los militares, muy relevante en Venezuela y prácticamente ausente en Argentina, donde se llegó a disponer que las bandas de música y las unidades históricas dejaran de visitar escuelas, como lo hacían habitualmente en las fechas patrias.

El primer año del segundo mandato de Cristina Kirchner (2012), la coincidencia económica con el Chavismo se acentuó en economía con la estatización de YPF y el cepo cambiario, en lo político con el conflicto con los medios y la justicia y en la política exterior con el acuerdo con Irán por la causa AMIA, pero la diferencia en cuanto al rol de los militares siguió inalterable.

Es recién en 2013, con la designación del General Milani como jefe del Estado Mayor General del Ejército, que ambos modelos pasan a converger en el único punto que los diferenciaba. A partir de agosto del año pasado, la política militar cambia no en cuanto a los derechos humanos, pero sí en cuanto al rol de los militares, al mismo tiempo que se otorgan algunos fondos adicionales y en el presupuesto 2014 se contempla una inversión en reequipamiento.

Desde que Nilda Garré llegó al Ministerio de Defensa a fines de la Presidencia de Néstor Kirchner, Milani -que era entonces subjefe de inteligencia- fue escalando posiciones, siendo primero jefe del área y después subjefe del Estado Mayor General del Ejército. Fue ampliando sus vinculaciones -llegando a la Casa Rosada- y presta servicios en materia de inteligencia en el área política. Su poder real fue creciendo, logando autonomía decisional frente al jefe del Ejército primero (Pozzi) y sobre el ministro que sucedió a Garré (Puricelli).

La llegada de Milani -cuya influencia se extiende a la Armada y la Fuerza Aérea- significó un cambio de política que busca incorporar a los militares como integrantes de la coalición kirchnerista. El nuevo jefe del Ejercito lo asumió públicamente al decir que la Fuerza buscaba integrarse al “proyecto nacional” del oficialismo.

Pese a que denuncias de corrupción contra el nuevo Jefe del Ejército, además de las acusaciones de haber participado en violaciones a los derechos humanos en Tucumán como joven subteniente en los primeros años del gobierno militar, en diciembre logró el acuerdo del Senado para su ascenso a Teniente General, que el cuerpo había negado cuatro meses antes, cuando fuera designado.

Lo cierto es que se ha desarticulado el control civil sobre las Fuerzas Armadas y el Jefe del Ejército ha recuperado la autonomía institucional que siempre criticaron los partidos políticos en la Argentina tras el último gobierno militar (en particular lo ha hecho con énfasis, paradójicamente, el Kirchnerismo). Al mismo tiempo la Secretaría de Seguridad, de la cual dependen las cuatro fuerzas de seguridad federales, está a cargo de un teniente coronel medico del Ejército (Berni). 

El Kirchnerismo se inicia como el gobierno más enfrentado con las Fuerzas Armadas en los treinta años de democracia, para ser ahora el que les ha otorgado mayor autonomía decisional -sobre todo en el caso del Ejército- en todo este período.

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