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Mundo: La calle desafía al poder PDF Imprimir E-Mail
Feb-27-14 - por Rosendo Fraga

Las protestas opositoras en la calle desafían al poder en diversos países de todos los continentes.

En Europa la caída del Presidente Yanucovich en Ucrania deja planteada una fuerte incertidumbre sobre el futuro del país. El Presidente -que huyó con rumbo desconocido- buscaba alinear al país con Rusia tanto por las presiones políticas de Putin como por necesidades económicas y energéticas, por lo cual suspendió las negociaciones para integrarse a Europa. La oposición pro-europea ganó las calles. La represión, especialmente en la capital del país (Kiev), fue sangrienta: dejó 80 muertos y cientos de heridos. Esto precipitó el final del gobierno ucraniano pro-ruso. El Presidente del Parlamento (Turkovich), aliado de la principal líder opositora (Timoshenko) que fue liberada luego de la partida de Yanucovich tras años de encarcelamiento, se hizo cargo del gobierno, pero no pudo sostenerse y fue reemplazado por un tecnócrata pro-europeo sugerido por EEUU (Yatseniunk). Los grupos de autodefensa organizados por la oposición en las últimas semanas para enfrentar la represión dan la seguridad al nuevo gobierno y ha sido disuelta la policía antimotines. Estaban convocadas elecciones anticipadas para el 25 de mayo y mantener las mismas será una de las decisiones inmediatas. Pero han surgido brotes secesionistas de minorías pro-rusas, como está sucediendo en la región de Crimea. El apoyo económico que EE.UU. y Europa den al nuevo gobierno ucraniano será la clave de su viabilidad, en un país profundamente dividido entre quienes son partidarios de Rusia y quienes lo son de Europa. La pérdida del control de la calle fue la clave de la caída de Yanukovich. Washington garantizó un primer crédito por 1.000 millones de dólares -el país necesitaría 35.000 millones- y Rusia realiza un ejercicio militar con 150.000 hombres en la frontera.

Pasando al Asia, desde que el 30 de noviembre se iniciara la crisis política en Tailandia, en las protestas de la oposición han muerto 17 personas y han sido heridas casi 800, incluidos policías. El país se encuentra profundamente dividido. Desde 2001, cuando llegó al poder Taksin Shinawatra -un ex policía transformado en multimillonario de las telecomunicaciones-, la política tailandesa se divide entre sus partidarios y sus detractores. Con un modelo populista logró crearse una sólida base de apoyo en los sectores populares y se enfrentó con la clase media y las élites. Fue destituido por corrupción y desde el exilio en 2011 logró ganar una elección, poniendo como primera ministra a la menor de sus nueve hermanos, con lo cual logró dos años de relativa estabilidad sin afectar los intereses del Rey, su corte y del Ejército. Pero la oposición -organizada alrededor del tradicional Partido Demócrata- ganó la calle y llegó a bloquear en forma permanente la capital (Bangkok), sitiando al gobierno y obligándolo a funcionar en una semi-clandestinidad. El gobierno convocó a elecciones adelantadas que se realizaron el 2 de febrero. La oposición las boicoteó e impidió que se votara en algunas regiones; aunque la concurrencia fue muy baja, el gobierno se atribuyó el triunfo y éste fue desconocido por los opositores. En la última semana de febrero el gobierno ha convocado a elecciones complementarias para abril y han recrudecido los enfrentamientos en la capital y el interior del país, con muertos y heridos. La estabilidad del gobierno de la primera ministra Shinawatra es incierta. El control de la calle determinará posiblemente la evolución de la crisis política que vive el país.

Siguiendo con África, en el país más grande del mundo árabe -que es Egipto- la división y la violencia en la calle también son la clave del proceso político. Cuando a comienzos de 2011, con el inicio de la llamada “Primavera Árabe”, fue destituido Mubarak bajo el impulso de las protestas en las calles que tuvieron como epicentro la Plaza Tahrir de la capital (El Cairo), un avezado analista político egipcio sostuvo que el país sólo tenía dos fuerzas con capacidad de ejercer el poder: el Ejército y La Hermandad Musulmana. La segunda llegó al poder mediante elecciones libres tras la victoria del presidente Morsi. En los meses iniciales gobernó en una línea de islamismo moderado y sin chocar con el ejército y la justicia, estructuras que no logró modificar. Pero durante el año 2013 Morsi se fue radicalizando, la oposición laica y moderada comenzó a ganar la calle, la justicia emitió fallos contra el gobierno y el Ejército mostró reticencias al ser convocado a reprimir. Es en este marco que la fuerza militar, con el aval de la justicia, destituyó a Morsi, quien fue encarcelado, enjuiciado y sustituido por un gobierno civil controlado por el Ejército, el que renunció en forma sorpresiva el 24 de febrero. En este proceso, los partidarios de la Hermandad Musulmana ganaron la calle pidiendo la libertad de Morsi, enfrentándose primero con los partidarios de su destitución y luego con la represión militar. En estos incidentes han muerto decenas de personas y han sido heridas centenares, mientras grupos islamitas radicalizados -algunos vinculados a Al Qaeda- han realizado acciones terroristas. El jefe del Ejercito (Sisi) ha emergido como el hombre fuerte y anunció que se presentará como candidato a Presidente en elecciones que tendrían lugar en los próximos meses. La pérdida del control de la calle fue la clave de la caída de Morsi y su control la del afianzamiento de Sisi.

En el caso de América Latina, la crisis política que vive Venezuela confirma la importancia del control de la calle como clave de la estabilidad política de los gobiernos. Desde que Hugo Chávez llegara al poder a fines de 1998 y lo consolidara con un modelo populista de corte izquierdista, el país se fue dividiendo en quienes están a favor y en contra de su modelo. Las elecciones presidenciales realizadas el año pasado tras la muerte de Chávez ratificaron en el poder a su sucesor, Nicolás Maduro. Fueron comicios en los cuales la oposición, con un candidato único (Capriles), obtuvo el 50% de los votos y el gobierno -con un porcentaje similar- se adjudicó el triunfo en elecciones cuestionadas, con otro tanto. Desde entonces, la situación económica se ha deteriorado fuertemente, con una inflación del 56%, una brecha cambiaria altísima, desabastecimiento y recesión. Durante el mes de febrero las movilizaciones opositoras -con predominio de clase media y de estudiantes- ganaron la calle y fueron reprimidas en forma violenta. Leopoldo López, el líder del ala radicalizada de la oposición, se presentó detenido ante una orden de captura del gobierno, acusado de terrorismo y homicidio. Pero la oposición se reunificó y siguió dominando la calle, endureciendo Maduro la represión con grupos para-policiales que han provocado 15 muertos -el gobierno dice que varios son chavistas- y casi 150 heridos, mientras paralelamente aumenta la censura. El 22 de febrero, al percibir que su permanencia en el poder corría peligro, Maduro convocó a una Conferencia Nacional de Diálogo buscando distender. Pero la oposición ha rechazado dialogar con él, exigiendo el fin de la represión y la liberación de los detenidos. Posiblemente el control de la calle seguirá siendo el factor determinante de la crisis venezolana, que comenzó el 4 de febrero con protestas en el estado de Tachira -fronterizo con Colombia-, donde ha sido decapitada una estatua de Chávez y el gobernador chavista ha pedido se frene la represión y se liberen los presos políticos.

En conclusión: aunque las redes sociales dominan el mundo de la comunicación, la política y la protesta, el control de la calle es un factor cada vez más determinante de la estabilidad de los gobiernos; en cuatro países medianos (Ucrania, Tailandia, Egipto y Venezuela), las crisis políticas se definen entorno a la capacidad de los gobiernos y sus opositores de controlar la calle; en Ucrania el Presidente abandonó el poder acosado por las protestas y en Egipto, Morsi fue destituido cuando la misma Plaza Tahrir que en 2011 reclamaba la salida de Mubarak, en 2013 pidió la suya; en Tailandia y Venezuela se desarrollan crisis políticas de resultado incierto, con la oposición teniendo la iniciativa en el control de la calle y los gobiernos pagando el costo de la represión. 

 
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