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Voto, clase media y capas medias PDF Imprimir E-Mail
Feb-12-14 - por Oscar Bottinelli

La pregunta es si hay un voto de la clase media1, entendida como la clase media profesional y emprendedora, o más exactamente el segmento social de burguesía baja y pequeña burguesía compuesta por profesionales, trabajadores de alta calificación, dirigentes o ejecutivos asalariados, y además los pequeños y medianos tanto comerciantes como industriales, prestadores de servicios o productores rurales. La sociología política, influida por las definiciones marxistas, pero que son utilizadas no solo por el marxismo sino por pensadores de tinte socialdemócrata, socialcristiano y liberal progresista (aunque también en algunos casos por conservadores), considera que una clase social implica no solo una pertenencia objetiva a un segmento determinado, sino un sentido de pertenencia y un accionar en defensa de sus valores e intereses.

Para que la clase media exista como clase y no solamente como capa o conjunto de capas, segmento, estrato o nivel, es esencial que exista esa conciencia de clase, que se traduce en acciones de tipo corporativo y de tipo político en defensa de sus valores e intereses. Y la máxima expresión de la acción de clase en el campo político es el voto. Dicho de otra manera, para que exista clase media y no solo capas medias, se requiere que sus componentes actúen de manera coherente como tales.

Hay casos o momentos en que ese segmento actúa como clase. Un momento definido fueron las elecciones de Roma de 2008, al cabo de cuatro lustros de administración capitalina del centro izquierda. Allí esa clase compuesta por gente que trabaja 14 y 16 horas por día, el hombre y la mujer, con hijos que estudian, que ahorran, que tratan de tener su vivienda propia, que no son inversores porque a lo sumo ahorran unas pocas monedas, sintieron que las políticas positivas fueron dirigidas por un lado hacia los grandes inversores y por otro hacia todas las minorías habidas y por haber, y los mayores impuestos, cargas y controles fue hacia ellos. Y el 27 y 28 de abril de ese 2008 votó de manera compacta. Esa vez abandonó el centro izquierda y se inclinó hacia la derecha más pura.

Otro caso italiano es el de la Lega Nord -grupo caricaturizado en el exterior como si fuese una réplica del francés Le Pen- pero que en esencia es la representación de las demandas y especialmente de los miedos de esa clase media de las regiones más dinámicas de Italia: Lombardia, Piemonte, Veneto. Es el mismo público descrito en el retrato de Roma, pero además temeroso de la destrucción de su trabajo pequeño fabril por la entrada masiva de productos chinos, y la destrucción de sus pequeños almacenes y tiendas por la avalancha del comercio informal turco. Un tercer caso, más inorgánico, es el voto masivo de los adultos jóvenes y medios con título universitario, de la burguesía baja y la pequeño burguesía urbanas, hacia el Movimento 5 Stelle, también caricaturizado en el exterior por tener como referente a un famoso actor cómico; lo que la caricatura oculta es que ese voto es el grito de un segmento social y etáreo que siente que el estudio y el título universitario no le han servido para ubicarse en la vida. Siempre es más fácil caricaturizar que tratar de entender.

Aquí en Uruguay se da la contradicción que mientras hoy el Frente Amplio -en sentido opuesto a su discurso fundacional- no es aliado de esa clase media y como gobierno ha sido su mayor agresor, en el plano ético cultural es el que tiene el mayor puente con la misma. Porque es un segmento en el cual domina la concepción liberal-libertaria en lo ético cultural, y eso lo diferencia nítidamente de los partidos tradicionales y en gran medida también del Partido Independiente; y aunque tiene el mayor puente con el Frente Amplio siente fuerte lejanía de Tabaré Vázquez.

Las diferentes clases, etnias, colectivos logran su poder de dos maneras: cuando se organizan corporativamente y realizan acciones inteligentes y eficaces en lucha por sus principios e intereses, y cuando expresan colectivamente su voto hacia la opción o las opciones que defiendan esos principios e intereses. Lo primero no existe, esa clase media profesional y emprendedora no actúa corporativamente como tal, en tanto clase, sino que cuando segmentos de la misma actúan corporativamente, lo hacen en defensa de pequeños intereses, a veces minúsculos, muchas veces en oposición a otros pequeños intereses de otros compañeros de clase. El que ninguna dirigencia política haya sentido la necesidad o la importancia de tomar como objeto de captación electoral a esa clase media profesional y emprendedora demuestra precisamente que no hay una expresión colectiva del voto. Lo uno y lo otro confirman que esa clase media carece de conciencia de clase, de donde, no es una clase, sino un estamento, un nivel, un estrato, una capa o un conjunto de capas.

Lo más curioso es que cuantitativamente este conjunto es capaz de volcar la elección, de darle o quitarle la mayoría parlamentaria al Frente Amplio, o de darle la Presidencia de la República en primera vuelta, e inclusive es capaz de provocar un vuelvo profundo en la elección presidencial y hacerle perder la primer magistratura a la izquierda. Y además es capaz de decidir la elección de más de un senador y de unos cuantos diputados. Su poder cuantitativo es enorme y su poder cualitativo es muy bajo, precisamente por su falta de articulación como clase, su carencia en privilegiar sus principios y sus intereses a la hora del voto.

Esto no es propio del Uruguay. Lo prevalente en el mundo es que estas capas medias actúen así. La excepción -como los tres ejemplos mencionados- es que reaccione al revés, como clase. Y cuando lo hace, provoca tsunamis electorales.


1Ultima de dos notas sobre la conducta electoral de la llamada clase media. Ver La ¿clase? media ante el voto, El Observador febrero 2 de 2014, en Factum Digital www.factum.uy