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Mar-28-08 - por Rosendo Fraga
Ambos países tienen la inflación más alta de América Latina y los dos están hoy entre la media docena de naciones que sufren la más alta del mundo.
Venezuela tiene 22% de inflación anual y en Argentina, la inflación real oscila entre 20 y 25%, más allá de los índices oficiales manipulados que la mantienen por debajo del 10%.
En los dos países se está aplicando el control de precios a los alimentos y ello ha comenzado a generar desabastecimiento. En los dos casos, se ha recurrido a subsidiar determinados productos para evitar el encarecimiento del costo de vida en los sectores populares, pero tanto en Argentina cono en Venezuela, el aumento del precio de los alimentos está aumentado el nivel de pobreza y, en particular, de la indigencia y pobreza extrema, dada la significación que tiene este gasto en los que reciben los ingresos más bajos.
Esta situación se da cuando Venezuela tiene el precio más alto del petróleo en décadas y Argentina el más alto de la soja en el mismo período.
En el caso venezolano, la popularidad de Chávez -que dos años atrás era del 60%, inmediatamente después de haber sido reelecto-, en los últimos meses del año pasado, cuando es derrotado en el referéndum para aprobar la reelección indefinida, había caído al 38%. Ahora está en sólo 34%, y si las elecciones municipales de noviembre fueran hoy, el oficialismo sería derrotado.
Si doce meses atrás, cuando el petróleo estaba a 60 dólares, se hubiera planteado qué sucedería hoy con Chávez en el caso de que llegara a 100, como entonces él lo anunciaba y en general no se le creía, la respuesta lógica era que estaría más fuerte y no más débil en términos políticos.
Pero no ha sido así. Es que la historia muestra, ya desde los tiempos de Grecia y Roma, que la inflación en los alimentos genera graves costos políticos para quienes gobiernan.
En la Argentina parece darse el mismo proceso, aunque con algunos meses de demora.
Si hace doce meses se hubiera preguntado qué pasaría hoy políticamente con el actual precio de la soja, la respuesta era que la administración Kirchner estaría más fuerte y no más débil en términos políticos que en ese momento.
Pero pese al alto precio de la soja, la imagen de Cristina Kirchner ha caído 7 puntos en la primera quincena de marzo en el sondeo de la empresa Poliarquía, el índice de confianza del consumidor de la Universidad Di Tella acaba de mostrar la mayor caída en cinco años, el agro realiza un paro que ya lleva dos semanas y que se prolonga indefinidamente, y el discurso de Cristina Kirchner confrontando con dicho sector, ha producido la mayor protesta de los sectores medios urbanos desde que los Kirchner llegaron al poder cinco años atrás.
Los sectores medios son el eje de la oposición a Chávez y lo mismo está sucediendo en la Argentina, como lo mostraron los recientes cacerolazos.
Inflación, precios de los alimentos, controles de precios, e impuestos a las exportaciones del agro, han jugado un rol importante en las dificultades políticas que está enfrentando el gobierno de Cristina Kirchner.
Argentina parece encaminarse por la misma dirección, por cual la Venezuela de Chávez está entrando en crisis y comienza a sufrir los mismos efectos.
Cristina Kirchner todavía está a tiempo de un viraje que reoriente el modelo argentino en dirección de las políticas que hoy se desarrollan en Chile, Brasil y Uruguay.
Pero hasta ahora no parece dispuesta a utilizar este tiempo, que cada vez es menor.
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