Navegador



Balance 
Militar de
América
del Sur 2017
:

Presentación
Prólogo
Comentario
Adelanto
Adquisición

Buscador

Investigaciones sobre Defensa

        RESEÑAS

Los valores del Martín Fierro 

La tragedia de los rugbiers de Villa Gesell que bien puede calificarse como "homicidio en banda", es cuestionada por nuestro poema nacional.

Martin_fierro_1894_1.jpg

 

Reseñas anteriores:

Parar la pelota. 

Perón íntimo

Julio Argentino Roca. Un lugar incómodo en el pensamiento nacional 

 

Suscripción a newsletter

Si desea recibir nuestro newsletter, por favor ingrese sus datos.
 
Inicio arrow Análisis arrow Internacional arrow España: La coherencia de los modelos en pugna

España: La coherencia de los modelos en pugna PDF Imprimir E-Mail

Nov-20-13 - por Alberto Vila Porto

Cuando se habla de “modelo”, nos referimos a un esquema teórico que representa una realidad compleja, o un proceso complicado de transformación de la realidad, y que sirve para facilitar su comprensión. Es, por tanto, una simplificación de una realidad a concretar. Dicha realización, como resulta obvio, debe estar asentada sobre una base axiológica, sus valores. Estos, inevitablemente, si no se quiere entrar en un conflicto interno al “modelo” que se pretenda, tienen que guardar coherencia con la propia ideología enunciada.

Una incoherencia interna de los valores del modelo resultará con efectos contrarios a los expuestos. De aquí, no se puede sostener que el Partido Popular adolezca de incoherencia en su modelo. Para nada. Está ejecutando su modelo político y social. La satisfacción de Rajoy cuando se han cumplido los dos primeros años de su mandato, no ha sido poca.

Quienes acusan al partido en el gobierno de incumplir su programa electoral, o no conocen de la historia de la política española, o adolecen de una gran incapacidad de comprensión política. El Partido Popular, a lo largo de su historia como gestor del poder, tanto a nivel municipal, autonómico o nacional, ha mantenido, con escasas modificaciones irrelevantes, el modelo de gestión. La prueba palpable la pone de manifiesto la situación judicial a la que han sido sometidos todos sus tesoreros. A eso se le llama coherencia.

Su política en relación a la educación, a la sanidad, a los servicios sociales, a la economía aplicada, siempre mantuvo una línea consecuente. Recorte del rol regulador del Estado en materias urbanísticas. Liberalizador de las relaciones laborales. Limitación de las libertades individuales. Una gratitud generosa con sus donantes. En lo que más ha fluctuado, tal vez el único ámbito, ha sido en la política fiscal.

El gran enfrentamiento de Aznar con Rajoy, además de los egos personales, que son inmensos, tiene su base en la velocidad y profundidad de los ajustes. No en su pertinencia.

Las “expulsiones” de su paraíso, se deben más a la grosería de sus excesos que a las propias formas. Estas devienen del antiguo régimen. En provincias, tales prácticas siguen intactas. Rajoy proviene de esa cuna. Conoce y sufrió tales prácticas. Su salida de la Pontevedra natal se debió a una concluyente derrota frente a un caudillo local, José Cuiña Crespo, en los albores de la década de los 90. Cuiña era un maestro en el manejo del poder en la Galicia profunda, nido de votos de tradición del PP. Rajoy aprendió la lección.

La certeza de la coherencia del modelo del PP, es lo que permite que mantenga de manera irreductible entre un 25 a un 30% del voto. Esa fidelidad sorprende a los votantes ajenos. La respuesta: es previsible. Quien lo vota sabe lo que debe esperar.

De allí, resulta inverosímil la sorpresa de amplios sectores de la población que optaron por esa alternativa. Toman los discursos de los mítines de campaña como prueba de la “estafa electoral” del PP. ¿Ingenuidad a la hora de interpretar el proceso electoral? Tal vez. Sin embargo, ya era gobierno en Galicia y en ella se estaba iniciando la aplicación del modelo. Del mismo modo venía haciéndolo en Madrid, Valencia y Castilla La Mancha. Por tanto, no cabría la sorpresa.

En la otra orilla, el partido mayoritario de la oposición, el PSOE se encuentra en una situación resultante de los efectos de las contradicciones internas a su “modelo”. Ello no es ajeno a la socialdemocracia europea, muy adaptada al marco del liberalismo económico desarrollado a partir de los 90, ha ido inoculando una serie de comportamientos contrapuestos al ideario. Tony Blair fue un precursor. Zapatero un buen discípulo. En este sentido, el votante del socialismo está estupefacto. La incoherencia entre sus afirmaciones y sus realizaciones, durante la última parte del gobierno que dirigió, son contundentes. La defensa de los valores de su modelo ha quedado en entredicho.

Entre ellas, la apresurada modificación de la Constitución Española para fijar los límites del déficit. Medida obtenida con los votos del PP. La incipiente reforma laboral. El ajuste a los funcionarios. La modificación de la edad jubilatoria. Sin mencionar las concesiones a las grandes empresas eléctricas, las constructoras y la gran banca.

Pedro Solbes, el arquitecto de la política económica socialista de las últimas décadas acaba de publicar su perspectiva de la época que le tocó vivir. El desconcierto se incrementa en el frente interno socialista. Puede aportar elementos que incentiven la desazón.

Las “puertas giratorias”. Las votaciones contradictorias. Los acuerdos en el Consejo General del Poder Judicial, logrado en tiempo record. Los consensos, más en defensa de intereses de grupo, que los relativos al interés general: desde las remuneraciones de parlamentarios, hasta el proyecto de reducción del número de estos en los niveles autonómicos y estatales. Con la presumible intención de mantener el sistema bipartidista. Todo configura un escenario confuso para el votante “progresista”.

No incluimos en esa categoría a los que han estado, o están, en la nómina del partido u ocupando bancas en concejos municipales, parlamentos autonómicos y del Estado. Estos, realizan una defensa a ultranza, más que otra cosa, por pura supervivencia. La última Conferencia Política ha dejado la evidencia de ese comportamiento. Fue una sinfonía de incoherencias repletas de abrazos y sonrisas. Parecía una noche post electoral. El público lo advirtió. Los analistas políticos lo advirtieron. Las redes sociales “ardieron” en críticas a ese evento. Nada cambió.

Para el votante del PP, no. No hay incoherencias. Vé lógicas las privatizaciones. Entiende que el Estado es un mal gestor. Claro que no se detiene en analizar el descalabro financiero de aquellas Comunidades Autónomas en las que gobierna desde hace años. Eso es lo de menos. Desvincula responsabilidades, respaldado en decisiones judiciales que serán motivo futuro de estudio en foros universitarios. No le preocupa que la división de poderes se diluya y recaiga su control en la Moncloa. En resumen, si se tiene el poder se aplica para la concreción del modelo. Así tenemos el caso de la probable nueva ley de seguridad.

En una nota en el medio digital, Diario.es, Amador Fernandez Savater recuerda la posición de María Naredo. Esta abogada, experta en temas de seguridad urbana, violencia de género y prevención de la criminalidad, colabora con Amnistía Internacional en la materia.

Ella distinguía entre dos modelos de seguridad, la policial y la relacional. El modelo policial propone una definición única de seguridad, canaliza el malestar social como simple miedo a la criminalidad, evita el cuestionamiento de las relaciones desigualitarias y de poder, señala chivos expiatorios y restringe libertades. Es el modelo del PP, por el que se ha diseñado la nueva Ley de Seguridad Ciudadana. Una seguridad que se delega en instancias represivas y que pasa por vaciar la calle como lugar político de vida ciudadana.

El PSOE, u otros modelos progresistas, por el contrario, se decantarían por el modelo “relacional”. Este, según esta experta, propone formas de seguridad basadas en el encuentro, la relación y el diálogo. La seguridad, en el modelo relacional, pasa sobre todo por recrear el lazo social. No vaciar la calle, sino todo lo contrario: repoblarla de relaciones de vecindad, de buena vecindad también entre desconocidos. Para así poder confiar en los “otros” si ocurriese algo en el espacio público. La seguridad relacional no se delega, sino que “nos la damos unos a otros”.

Según María Naredo, la crisis contrapone hoy en día muy visiblemente estos dos modelos: la represión y las redes de autocuidado de la ciudadanía (contra los desahucios, contra la exclusión sanitaria, etc.). La diferencia estribaría en: miedo contra confianza, confianza contra miedo.

El PP parece anticipar la respuesta social que pueda darse cuando produzca nuevos recortes. Está dispuesto a reprimir con dureza toda manifestación de discrepancia. No se trata la violencia callejera, que ya se contemplaba en la anterior legislación. No. Las penalizaciones que se aplicarán serán de magnitud desconocida en la España post franquista.

Lo curioso, es que hoy el PP le recuerda al Psoe la época de Corcuera como ministro del Interior. La ley de la “patada en la puerta”. Estas contradicciones vienen a la memoria de sus votantes. Tal vez sea esa la causa de la alta abstención que manifiestan sus votantes tradicionales. Tienen dudas. No es el caso de los votantes del PP. Ellos saben que están votando defienden sus valores. Los del socialismo habrá que definirlos.

 
Documentos del CENM
¡nuevo!

Una visión de largo plazo:
Análisis del documento “Tendencias globales 2035” del Consejo de Inteligencia de los EEUU

ACTUALIDAD

      ELECCIONES 2019

SITIOS WEB RELACIONADOS !! (NUEVO) 

WEB ACADEMIA NACIONAL DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS

     WEB SITIO "ROCA HOY"      

  

SECCIONES

ARGENTINA

BOLIVIA
BRASIL

CHILE

COLOMBIA
COYUNTURA
CUBA
DEFENSA
EL SALVADOR
EVOLUCION SOCIOPOLITICA
HONDURAS
IBEROAMERICA
INTERNACIONAL
LAS AMERICAS
LATINOAMERICA

MEXICO

MUNDO
NICARAGUA
OPINION PUBLICA
PARAGUAY

PERU

URUGUAY

VENEZUELA

Opinion Publica Indicadores de opinion publica de Argentina Indicadores de opinion publica de Argentina Indicadores de opinion publica de America Latina

Archivo historico banner_cp.jpg


Indicadores