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El significado de la nueva cúpula militar PDF Imprimir E-Mail

Jul-05-13 - por Rosendo Fraga

Diez años atrás Néstor Kirchner llegaba al poder, produciendo -como ahora acaba de hacer su esposa- una drástica remoción en los mandos de las Fuerzas Armadas. En ambos casos fueron pasados a retiro cerca de cuarenta generales, almirantes y brigadieres.

En aquel entonces, el criterio de elección de los cuatro jefes de estado mayor fue bien claro: fueron quienes mandaban -o habían mandado- las guarniciones militares de Santa Cruz. Kirchner elegía para mandar las Fuerzas Armadas a quienes conocía. Fue la reproducción, en el ámbito militar, del criterio básico con el cual armó su equipo de gobierno.

Diez años después, la Presidente elige sus mandos militares con un criterio diferente. El conocimiento local ya no es determinante como criterio y es sustituido por la experiencia en el trato que han dado diez años de ejercicio del poder, durante los cuales la Casa Rosada ha generado determinadas lealtades en la jerarquía militar.

La frase que da el significado a los nuevos cuatro jefes de estado mayor es la afirmación del titular del Ejército -la figura militar clave en términos políticos- de que las Fuerzas Armadas “acompañen con renovadas ansias el proyecto nacional”. En términos políticos, ello implica la intención de alinear a la estructura militar con el proyecto K.

Hasta ahora la política militar había tenido como eje la subordinación y desarticulación de las Fuerzas Armadas al combinar la baja presupuestaria, una anarquía y postergación salariales y una constante revisión del pasado por las violaciones a los derechos humanos de los años setenta.

La crisis de la campaña antártica -que de hecho privatizó el gobierno al arrendar medios privados de países como Holanda, Rusia y Sudáfrica por la incapacidad en la que han quedado las Fueras Armada de cumplir una función estatal básica- ha puesto en evidencia la situación en que están. El fracaso que se produjo este año llevó a que hasta un avión Hércules de transporte de la Fuerza Aérea uruguaya tenga que participar en el puente aéreo de emergencia que se improvisó para abastecer las bases.

Una de las paradojas es que tres de los cuatro jefes de estado mayor son de la especialidad de inteligencia, actividad que comúnmente puede conocerse como espionaje. Es la primera vez en la historia que esto sucede. Sin funciones en el ámbito interno, dado que las leyes de defensa nacional y seguridad interior de fines de los ochenta lo impiden, y sin hipótesis de conflicto en el ámbito regional mientras los medios de las Fuerzas Armadas se degradaron en los últimos años, sólo la inteligencia militar recibió más fondos que en el pasado, más equipos y más mandos de esta especialidad fueron ascendidos.

Probablemente la paradoja no pase por lo doctrinario o lo ideológico, sino por el sistema de lealtades que el gobierno ha ido creando en determinados mandos en los últimos años y que culmina ahora con la designación de esta cúpula.

Posiblemente el desencadenante de esta decisión haya que buscarlo en las inundaciones de La Plata. En aquel momento La Cámpora desplegó su primer gran operativo “territorial” en base a camiones y logística de la Guarnición de La Plata. Los viejos camiones Reo de origen norteamericano adquiridos en 1961 -los más modernos por lo general han quedado fuera de funcionamiento- fueron los vehículos más utilizados.

La propia Presidente participó del operativo y habló con los medios de comunicación desde la lavandería el Regimiento 7 de Infantería Mecanizado Coronel Conde de La Plata, elogiado la participación del Ejército. Por eso quizás no sea casual su referencia en la asunción de la nueva cúpula respecto al rol social o solidario de las Fuerzas Armadas. Es posible que en esta oportunidad tanto la Presidenta como La Cámpora hayan percibido la utilidad política de la estructura militar.

En paralelo se articuló el “relato” político-ideológico para justificar el giro en la política militar. Cuarenta años atrás el Jefe del Ejército designado por Cámpora, el Teniente General Jorge R. Carcagno, acordaba con la Juventud Peronista -brazo político de Montoneros- un operativo conjunto de carácter social que se denominó “Dorrego” -el nombre del mismo prócer que hoy lleva el Instituto del Revisionismo Histórico- para paliar los efectos de una grave inundación en la provincia de Buenos Aires. Fue Perón -ya siendo Presidente- quien al poco tiempo relevó a Carcagno y terminó con el experimento.

Aparece así, para el relato, un capítulo trunco del proyecto de Cámpora de 1973, que se reedita ahora.

Pero al mismo tiempo, este giro en la política militar se da cuando la Presidenta acentúa su adhesión al modelo chavista, tanto en la política económica y exterior como en lo cultural y la interpretación de la historia, como bien lo evidencia la estatua de Colón ya tumbada.

Más allá de estas coincidencias, la diferencia hasta ahora más relevante entre Kirchnerismo y Chavismo estaba en el rol de las Fuerzas Armadas: un pilar de la coalición de gobierno en el segundo y un sector estatal marginado en el primero. Esta diferencia puede comenzar a superarse ahora y el modelo kirchnerista puede intentar coincidir con el chavista también en esta cuestión.

Quienes se dedican a la sociología militar tienen en la Argentina un dato empírico útil para conocer el voto de los militares y es cómo vota la población de la Antártida. Es que más del 80% son militares en actividad y además constituyen una muestra muy aproximada del total de los miliares en cuanto a porcentaje que presentan cada una de las Fuerzas y de sus grados y jerarquías.

En 2011 Cristina fue reelecta con 54% en el país y sólo 8% en la Antártida. Nunca un Presidente electo tuvo una brecha tan grande en entre el promedio y el voto militar, algo que quienes hoy emprenden esta nueva etapa para alinear a las Fuerzas Armadas con el proyecto K no deben olvidar.

 
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