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El conflicto de las fuerzas armadas argentinas (Segunda Parte) PDF Imprimir E-Mail

Jun-12-13 - por Gustavo E. Andrés*

Al analizar el comportamiento de la sociedad argentina con las fuerzas armadas, resulta interesante destacar que en general, desconoce entre cuestiones de defensa y asuntos militares, quizás por ignorancia racional. Si se recuerda el cierre del artículo anterior “los asuntos militares son cosas de militares”, posiblemente se comprenda que a los políticos desde la restauración de la democracia, este principio les ha servido para desentenderse de estas cuestiones. A diferencia de la mayoría de países anglosajones o europeos, en Argentina hablar de este tema para un político, es el camino seguro a perder votos y sin ellos, no existe futuro en la política.

¿Cómo se resolvería este conflicto?

Primero es bueno entender que la política es un intercambio de ideas abiertas donde valorizamos intereses, jerarquizándolos en fines (lo que queremos) y medios (lo que tenemos) con la idea de transformar conflictos en problemas comunes. Por tanto el sistema político como conductor nacional, es el encargado de diseñar la política tendiente a terminar con esta situación.

Si realmente el poder civil aspira a sostener instituciones militares integradas al sistema democrático, la conducción nacional debe establecer las directivas que permiten al Ministerio fijar un plan militar acorde a las necesidades. En otras palabras, así como el Ministerio de Economía prepara su plan económico, se debería tener un plan de defensa claro, preciso, no retórico y vacío de contenido. El ciudadano común debe percibir que sus impuestos, están dirigidos a solventar un bien público como son la salud, educación, o transporte, que en definitiva es, una póliza de seguro, cuya prima constituye la inversión que está dispuesta a realizar una Nación, para asegurar que sus activos tangibles e intangibles estén al mismo nivel de riesgo que el país más seguro o con menores riesgos del mundo. Para llevar a cabo esta función debe existir una organización de profesionales entrenados y dotados del equipamiento necesario, para actuar ante una amplia gama de situaciones complejas que incluyen como opción teórica, un acto de fuerza para preservar la seguridad nacional.

Nunca habrá recursos suficientes para satisfacer todas las necesidades del estado. Por ende, debe observarse opciones, establecer requerimientos, determinar prioridades, tomar decisiones para asignar los recursos limitados a las necesidades más críticas, para todos lo bienes públicos incluidos el sector, a pesar que en este caso, sus beneficios solo se perciben en circunstancias extremas. El planeamiento en la materia es un proceso destinado a establecer requerimientos militares sobre la base de una evaluación de las necesidades de seguridad nacionales y a seleccionar fuerzas militares que satisfagan los requerimientos dentro de los límites fiscales. La misión militar debe tener como propósito, los objetivos nacionales a los que contribuye y como tarea, los objetivos específicos que determinan su rol.

La ley Nº 23.554 promulgada en 1988, es un documento que encuadra a la Argentina en realidades propias de la primera mitad del siglo XX, en otros términos describe escenarios afines con las llamadas guerras de II generación, cuyo elemento distintivo era la capacidad de movilización de un país y su poder de fuego o quizás de III generación, las guerras de maniobras y superioridad tecnológica. Hoy el mundo vive inmerso en las llamadas guerras de IV generación, caracterizadas por la baja seguridad nacional frente al terrorismo ideológico, la existencia de guerrilla de orientación política con conexiones en el narcotráfico internacional y donde la población civil queda altamente expuesta sin existir una guerra declarada. Se generan así conflictos de baja intensidad y asimétricos, en los cuales una organización militar estatal, debe neutralizar a grupos radicalizados que se valen de todos los métodos a su alcance para equiparar el combate.

En la actualidad el instrumento militar argentino es una organización burocrática, que responde a los impulsos de un ministerio, integrado por funcionarios políticos ignorantes de la especialidad, acompañados por un staff de burócratas preparados para confeccionar anualmente el Sistema de Planeamiento Estratégico Conjunto (JSPS) y el Sistema de Planificación, Programación y Presupuestos (PPBS), copiando la dinámica de los países evolucionados en este aspecto, pero vacíos de contenido práctico. Una simple observación permite ver el fracaso por caso, de las operaciones logísticas para asegurar el funcionamiento de las bases antárticas, las cuales siempre contribuyeron a afianzar un objetivo nacional sobre un interés vital como es la soberanía territorial. Durante décadas, esta tradicional operación era solo noticia en los diarios, cuando el rompehielos amarraba en dársena norte finalizando la campaña. Esta como otras innumerables coyunturas que podrían describirse, son una muestra patética de la degradación del sistema, que ya no puede llevar a cabo ni estas periódicas operaciones conjuntas.

Se requiere que el conocimiento sobre la Defensa Nacional, bien público puro, difunda en la cultura ciudadana. Debe formarse una sólida comunidad de expertos que puedan aportar al debate y cooperar en el desarrollo del conocimiento sobre esta ciencia integradora de varias disciplinas. Es requisito clave que no solo el mundo académico militar sea el ámbito para la discusión de estos temas. La universidad y los centros de posgrados civiles también deberían ser espacios de estudio de esta temática. La misma como en varias oportunidades se expresó, es un bien público a pesar que no es visible y raramente consumido por la gente, como son la infraestructura vial o la justicia, las cuales generalmente no pasan un día sin que las empleemos. Pero es imprescindible, que esta póliza cuyo costo asume el Estado con nuestros impuestos para seguridad de todos, sea en esencia útil para los argentinos. Actualmente en nuestro país es cara, no confiable y por sobretodo no cubre el menor riesgo.

A modo de paradigma, España luego de quince años de democracia desde el derrumbe de Franco logro una supremacía civil activa en las esferas de defensa, resultado de un conocimiento documentado sobre la organización militar, la educación, doctrina y la asignación de recursos. Las potencias militares occidentales, EE.UU, Reino Unido, Francia y Alemania, y otros países europeos con una alta calidad institucional estatal como Noruega, Suecia y Holanda, tienen muy claro la importancia de esta área, contribuyendo a afianzarla no solo con un destacado gasto asignado en el presupuesto nacional para equipamiento y entrenamiento de sus fuerzas militares, sino también con un nivel de conocimiento académico de los civiles, que contribuye a una mejora continua del sistema.

Sin el compromiso del poder civil es difícil que la sociedad asuma al sector y a las organizaciones que conforman el área, como un bien público y considere a las instituciones militares un componente más de la institucionalidad democrática y a sus integrantes, profesionales de la función pública, en la máxima jerarquía ya que son los argentinos que en trances críticos, deben exponer sus vidas para cumplir los objetivos nacionales. Sería muy valioso enterrar el fantasma del golpe militar para gobernar en forma autoritaria el país y el castigo crónico a una organización como las fuerzas armadas que se equivocaron, como también lo hicieron los partidos políticos al apoyar de forma directa o indirecta gobiernos autocráticos.

Aun en forma orgánica como administradoras de recursos específicos, nuestras fuerzas armadas, son una de las pocas organizaciones en el territorio doméstico, quizás la única, capaz de hacer viables, los objetivos estratégicos nacionales que la conducción del quehacer nacional necesita materializar en tiempos de paz, contribuyendo al desarrollo económico. Se podría mencionar, actuar frente a inesperados cataclismos, llevar a cabo obras públicas de infraestructura, compitiendo con el sector privado a costos relativos inferiores, generar empleo útil y estable, sin olvidar por cierto su preparación especifica y primaria para monopolizar la violencia en caso de requerirse su uso.

Resulta necesario dotar al Ministerio y a su conducción de equipos de trabajo, con los grados de libertad de acción en tiempos de paz, para tomar decisiones orgánicas y operacionales que le permiten salir a las organizaciones militares de su letargo para transformarse en un vector de crecimiento nacional ya sea, por sus operaciones de vigilancia y control, por adquisiciones, investigación científica, como vector del desarrollo industrial o por generar empleo capacitado, entre varias opciones más que podemos mencionar.

También es imprescindible que el sector comience a proporcionar beneficios tangibles. El instrumento militar es una parte eminente, pero no la única en la defensa y seguridad de un estado y además debe ser bien administrado. A diferencia de EE.UU, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, España o recientemente China, Brasil o Sudáfrica, la industria bélica argentina no genera una cantidad sustancial de empleos para la población. Por ende los políticos no pueden beneficiarse de los votos obtenidos, verbigracia con la instalación de polos industriales del sector, gestionando que las inversiones se realicen en sus distritos. Por lo tanto una aproximación al principio de la ignorancia racional, expresaría: los políticos no adquieren información, porque el costo de hacerlo excede el beneficio esperado.

El área comprende igualmente investigación, tecnología e innovación que se derrama sobre la economía de un estado, en conocimiento básico, a nivel de laboratorio, desarrollo a escala piloto y producción industrial específica. Asimismo sus aplicaciones indirectas son el medio para la motorización de una variada gama de actividades industriales y de servicio. En la actualidad un país no solo importa por su dotación de recursos naturales, su valor relativo está dado por el núcleo de habilidades empresariales o “kernel of know how” que lleva en su matriz. Por su naturaleza, el sector constituye un “cluster” fundamental de adelanto tecnológico.

La Argentina reclama soberanía sobre las islas del Atlántico sur, Malvinas, Georgias y Sandwich, el continente Antártico y necesita controlar y defender actualmente 950 mil km2 de mar que comprende su zona económica exclusiva y en un futuro serán 1, 5 millones de km2, siendo esta región una de las principales reservas en recursos naturales del mundo. Por ende llama poderosamente la atención, que el octavo país del mundo en cuanto a superficie territorial, piense que expresando en forma vehemente en los foros regionales y mundiales “paz y democracia”, tiene garantizado no verse afectada por la anarquía, que es frecuente observar en la construcción del orden internacional.

Para superar esto es necesario que el gobierno considere a las fuerzas armadas un pilar esencial del sostenimiento de la república como institución y defensoras actuales de los valores universales que contribuyeron al progreso del hombre, reflejados en la Revolución Francesa, la Declaración de los Derechos del Hombre o de Naciones Unidas. Estos principios “liberté”, “égalité” y “fraternité”, “peace, freedom, democracy” o unión, justicia, paz, defensa, bienestar y libertad, son palabras que contienen conquistas, por las cuales también deben velar las fuerzas armadas de una Nación democrática y soberana.

Pero aún más significativo es que el poder político encuentre en sus instituciones armadas, el medio natural para proveer a la defensa común que expresa, el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional. Las fuerzas armadas son el instrumento adecuado para asegurar la forma representativa, republicana y federal de gobierno y respaldarla en todas las provincias del territorio y reponer si es requerido, a las legítimas autoridades en caso de ser depuestas por la sedición. Sin sus fuerzas armadas será muy difícil a la Nación mantener su identidad y cohesión para asegurar su supervivencia como estado soberano.

Por último si la política argentina no consigue cohesionar a todos los actores internos, entre los cuales están las instituciones armadas, no logrará la necesaria libertad de acción para enfrentar los intereses externos. Sería adecuado que recordemos que la Asamblea General de la ONU se refirió en el año 1986, respecto al concepto de seguridad nacional, expresando que "es una condición en la que los Estados consideran la inexistencia de peligro alguno para que se produzca un ataque militar, presión política o coerción económica, por lo que puede libremente continuar con su desarrollo y progreso...".

Quizás esta frase de Ayn Rand sintetice el fundamento del porque “un estado nación, una fuerza de defensa”. “Todas las razones que hacen que el inicio de fuerza física sea un mal absoluto, hacen que el uso defensivo de la fuerza sea un imperativo moral. Si una sociedad "pacifista" renunciase al uso defensivo de la fuerza, quedaría indefensa a merced del primer matón que decidiese ser inmoral”.

Notas relacionadas: El conflicto de las fuerzas armadas argentinas (Primera Parte)

* Escuela de Defensa Nacional. MS en Defensa Nacional.

 
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