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El Día del Ejército y la Campaña Antártica PDF Imprimir E-Mail

May-29-13 - por Rosendo Fraga

El 1 de mayo se conmemoró el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea; el 19 de mayo, el día de la Armada y el 29 de mayo el día del Ejército.

La crisis de la campaña antártica -en la cual el Ejército tiene el contingente de personal más importante- es un ejemplo de lo que está sucediendo hoy con las Fuerzas Armadas.

Es curiosa la política respecto a las privatizaciones del Kirchnerismo: las cuestiona en el ámbito político, económico y cultural, mientras promueve estatizaciones (en algunos casos con causas y resultados muy discutibles). Pero, en cambio, concreta una privatización en un ámbito donde el rol del estado es indelegable: las Fuerzas Armadas.

Desde 2007 se ha privatizado la campaña antártica. Ello ha sido la consecuencia de una reducción sistemática de los recursos destinados a las Fuerzas Armadas, la que ha producido una inocultable crisis en su funcionamiento.

La Campaña Antártica que se realiza anualmente para abastecer a las seis bases que tiene la Argentina en el llamado “continente blanco” y renovar su personal, es quizás la función más importante que hoy deben cumplir las Fuerzas Armadas en su misión de defender la soberanía nacional.

La soberanía argentina en la Antártida no solo se origina en que ha sido el primer país en ejercerla ya en 1903, durante la segunda Presidencia de Roca, sino que además ha realizado desde entonces y durante más de un siglo una política sistemática en función de este objetivo.

No sólo fue el primer país en tener bases, sino también en asentar una población, tener una escuela, servicio de correo, etc. Hemos tenido en la Antártida todo lo que no hemos podido tener en Malvinas y lo hemos hecho en función de una verdadera política de estado.

Está confirmado que la Antártida es la mayor reserva de riquezas naturales del mundo, aunque un tratado firmado por más de cincuenta países le crea un status internacional por el que postergan -aunque no renuncian- el ejercicio de la soberanía por parte de los ocho países que la reclaman, hasta mediados de este siglo.

Si con la Antártida en el futuro sucediera lo del Ártico, donde los ocho países con costa sobre el mismo se han puesto de acuerdo para ejercer sus respectivas soberanías, e iniciar la exploración de petróleo y gas pese a las protestas de los ecologistas, los derechos de Argentina adquirirán un enorme valor económico.

Cabe recordar que la Antártida es una prolongación del conflicto con el Reino Unido por la soberanía en las Malvinas, las Georgias y las Sandwich del Sur. Desde los dos extremos de estas islas Gran Bretaña reclama soberanía sobre la Antártida, superponiéndola con la que tiene nuestro país. No en vano el gobierno británico le ha puesto el nombre de Reina Isabel a la mayor parte del territorio antártico que reclama como propio a fines del año pasado.

Desde que en 2007 sufriera un accidente el rompehielos Almirante Irízar -buque integrante de la Armada argentina-, el país se quedó sin su instrumento principal para realizar la campaña Antártica anual.

A seis años de este hecho, el rompehielos sigue sin repararse. Estimaciones no desmentidas por la Armada sostienen que ya se lleva gastado en las reparaciones -que están lejos de finalizar- el costo de cuatro rompehielos. Es decir que con sólo la cuarta parte de la suma invertida en estas reparaciones se hubiera podido comprar un buque nuevo para sustituir al anterior.

En lugar de una rápida reparación o la compra de un rompehielos nuevo -hay varios buques polares que podían haberse adquirido-, el Ministerio de Defensa optó por privatizar la campaña Antártica: se arrendaron buques de Rusia primero y de Holanda después y aviones y helicópteros de Rusia y Sudáfrica. Todo ello a través de compañías domiciliadas en Argentina algunas veces, en Uruguay otras, y que a veces han contratado medios a compañías sudafricanas.

Pero esta curiosa privatización de una función que sin duda corresponde a las Fuerzas Armadas ha fracasado rotundamente, como se ha hecho evidente en la última campaña Antártica. El buque holandés arrendado no pudo cumplir con la totalidad de su misión de abastecer a las seis bases antárticas y helicópteros que debieron operar desde él no pudieron hacerlo.

Hubo que recurrir a un puente aéreo. Pero como de la decena de aviones Hércules de transporte de la Fuerza Aérea vuelan sólo dos o tres, en una situación crítica como esta hasta se recurrió a uno de los pocos aviones Hércules de la Fuerza Aérea uruguaya para que contribuyera.

Al mismo tiempo, helicópteros comprados a Rusia para participar en la campaña antártica, fueron usados con otros fines.

Esta irracional privatización de la campaña Antártica, además de fracasar, es la evidencia más acabada de una política militar que, buscando ante todo quitar a las Fuerzas Armadas cualquier rol trascendente, termina por afectar los intereses vitales del país.

 
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