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Los fantasmas de la Guerra del Pacífico PDF Imprimir E-Mail

Abr-29-13 - por Rosendo Fraga

La Corte Internacional de Justicia de La Haya se ha transformado en el ámbito en el cual se reeditan las consecuencias de la Guerra del Pacífico que, entre 1879 y 1883, involucró a Perú, Chile y Bolivia.

En política exterior, el Presidente del Perú Hollanta Humala puso en evidencia sus diferencias con el modelo venezolano del chavismo, lo que implica profundizar la diferencia con el enfoque de Bolivia.

Frente a la crisis generada por la elección presidencial venezolana, había tomado la decisión de no concurrir a la asunción de Nicolás Maduro el viernes 19 de abril. En esto coincidía con la postura de los EEUU, que mantuvo durante más tiempo que los demás países del mundo la negativa a reconocer al gobierno de Maduro hasta tanto no se realice el recuento de los votos reclamado por el candidato opositor.

La crisis de Venezuela vuelve a Mostrar posiciones diferentes entre Washington y Brasilia, como las tuvieron en las crisis de Honduras y Paraguay, precipitadas por la destitución -a cargo de sus respectivos parlamentos y con el aval de la justicia- de los presidentes Zelaya y Lugo.

Frente a la actitud de Perú, Brasil reaccionó impulsando la convocatoria de la Cumbre de Presidentes de UNASUR en Lima para el día antes de la asunción. Con esta iniciativa Dilma Rousseff buscó neutralizar la postura peruana y cerrar las fisuras que mostraba UNASUR frente a la crisis venezolana. Cabe señalar que Perú ejerce la secretaría pro-tempore de este grupo regional y esto explica el también el lugar de la reunión.

Pero Humala mostró así que entre EEUU y Brasil puede llegar a optar por el primero en cuestiones cruciales. La pertenencia de Perú a la Asociación del Pacífico es una de las causas que ha alejado a Lima de Brasilia en las últimas semanas.

En política exterior se espera para los próximos meses el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya respecto a la controversia por el límite marítimo entre Perú y Chile, que tendrá impacto entre los dos países dada la carga histórica generada por la Guerra del Pacífico, durante la cual el primer país perdió territorios a favor del segundo.

En la política interna sigue el gradual giro hacia el centroderecha. El referéndum revocatorio que ganó la alcaldesa de la capital peruana, que es una dirigente de izquierda, puso en evidencia las diferencias entre los partidarios de Humala y dicha corriente política.

Por otro lado, sufrió la presión y el reclamo proveniente de familiares y partidarios del ex Presidente Fujimori -su hija quedó muy cerca de Humala en la última elección presidencial-, a la que el Presidente resiste.

El hermano de Humala continúa detenido por haber encabezado hace más de una década un levantamiento militar nacionalista. Quienes quieren el indulto para Fujimori plantean al Presidente que podría ser sancionada una amnistía general o un indulto amplio que incluyera la liberación de su hermano y del ex Presidente al mismo tiempo. Pero Humala por ahora resiste esta alternativa.

La esposa del Presidente está ganando popularidad y algunos la ven como posible sucesora, en un país que no permite la reelección inmediata del Presidente. Por ahora la elección está lejos -el Presidente todavía no ha llegado a la mitad de su mandato- y la oposición critica el rol de la mujer de Humala.

Frente a los reclamos de indígenas y ambientalistas para regular e impedir las inversiones y minería, Humala ha mostrado claridad, apoyando la inversión aunque ello implique romper con algunos de sus aliados políticos del pasado.

La decisión de combatir con mayor firmeza a los remanentes de la guerrilla de Sendero Luminoso y de adoptar políticas más firmes en materia de seguridad pública responden no sólo a convicciones del Presidente, sino también a conveniencias políticas.

En lo económico, continúa el crecimiento basado en las exportaciones y en particular de la minería. El Presidente parece decidido a mantener estas políticas pese a la oposición de sus aliados originales.

En Chile, el regreso de Bachelet al país es el hecho más relevante en lo que va el año. Los sondeos muestran que si hoy se votara para Presidente, ella gana en primera vuelta con casi 60% de los votos. La elección es en diciembre y muchas cosas pueden cambiar hasta entonces, pero su consenso es alto y parece firme.

Hay algunas críticas hacia ella dentro de la Concertación por su estilo personal un tanto alejado de la política tradicional. Pero los dos partidos más importantes de esta coalición, el Socialista y la Democracia Cristiana, están decididos a mantener con firmeza su candidatura. Nadie por ahora parece con voluntad para intentar competir con ella en unas primarias sabiendo que, por lo pronto, las perdería.

Bachelet se mantiene en una actitud prudente, pero ya ha dicho que si tuviera otro mandato impulsaría una reforma constitucional para incorporarle derechos sociales. Apunta con ello a neutralizar las críticas que recibe el socialismo chileno por su postura neoliberal en materia económica.

Mientras tanto, el Presidente Piñera ha iniciado el último año de su mandato con un fuerte desgaste, el que se origina más por razones políticas que económicas. La economía sigue creciendo por encima del 5% anual y el desempleo sigue siendo bajo. Pero la personalidad política de Piñera, forjada en la vida empresaria, no ha logrado adecuarse a las necesidades de la política, aunque lleve ya casi tres años y medio de gobierno.

En esta situación, ninguno de los candidatos que puede presentar la derecha -varios de ellos han sido sus ministros- hoy puede disputarle con éxito la presidencia a Bachelet. Pero en esta corriente política pueden realizarse primarias no sólo para elegir el candidato, sino también para producir un hecho político que la potencie frente a la perspectiva ganadora que tiene la Concertación. Entre los posibles candidatos de la derecha se cuentan ministros de Piñera como Golborne (Energía), proveniente del ámbito empresario como él, o Alamand (Defensa), que proviene de la política. Denuncias que vinculan al primero con paraísos fiscales, han producido un crisis en la coalición de la derecha, la que incluso puede llevar a la suspensión de las primarias convocadas para elegir el candidato.

El conflicto político más importante que ha enfrentado y desgastado a Piñera es la educación pública. Las grandes marchas de estudiantes pidiendo una educación pública de calidad se están repitiendo ahora. Frente a ellas, Bachelet ha dado señales de estar preparando una alternativa, mientras que en la derecha no se manifiesta la misma actitud.

Pero en la política exterior, el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre el conflicto por el límite marítimo con Perú, que será emitido a mediados de este año, puede tener efectos políticos en el país y en la campaña electoral, aunque en esta cuestión de política exterior la posición de la derecha y la Concertación hasta ahora es común. Pero un fracaso chileno llevará a buscar culpables y este será el efecto.

Al mismo tiempo el Presidente de Bolivia, Evo Morales, está denunciando en el ámbito internacional la pérdida de la salida al mar de su país a fines del siglo XIX en la Guerra del Pacífico. Evo ha llevado el tema a la Corte Internacional de Justicia de La Haya y ello es rechazado por Chile.

Un posible triunfo de Perú contra Chile en La Haya ha llevado a Bolivia a llevar su causa al mismo ámbito.

Los dos conflictos son derivados de la Guerra del Pacifico, aunque tengan tratados internacionales firmados en distinta época. Con Perú la cuestión es un conflicto de interpretación sobre un tratado bilateral de límites. En cambio, con Bolivia es el desconocimiento por parte del gobierno de Evo Morales de tratados firmados por gobiernos anteriores hace ya más de un siglo, donde se acepta la cesión de los territorios perdidos en la guerra.

Mientras tanto Evo Morales se muestra cada vez más decidido a buscar un tercer mandato consecutivo dentro de unos dos años. La Constitución permite dos mandatos consecutivos y el buscaría que la Corte -la cual controla políticamente Evo tras la reforma constitucional realizada en su primer mandato- establezca que ello rige a partir de la entrada en vigencia de la nueva Constitución. La oposición va a cuestionar esta interpretación pero lo probable es que la decisión judicial sea favorable al Presidente boliviano.

Su estado de salud es un interrogante. En un contexto en el cual la salud de los presidentes de la región ha mostrado mucha vulnerabilidad -han muerto Chávez y Kirchner y operados de cáncer Lula, Dilma, Lugo y Santos-, los temores respecto a Evo no parecen tan infundados. En caso de no poder presentarse, no aparece un sucesor claro para Evo entre sus partidarios. La situación que vive Venezuela muestra que no es fácil suceder a los líderes populistas latinoamericanos a comienzos del siglo XXI.

La oposición sigue débil pero está llevando adelante gestiones con miras a lograr su unidad para la próxima elección presidencial. El éxito relativo obtenido por Capriles -una derrota con sabor a victoria- está alentando a la oposición boliviana a unirse.

Las últimas elecciones presidenciales realizadas en Argentina y Ecuador, en las cuales fueron reelectos Cristina Kirchner y Rafael Correa, mostraron la incapacidad de unirse de la oposición frente a los líderes populistas, quienes ganaron por cerca de 40 puntos sobre el segundo, que no logró polarizar el voto opositor.

En lo económico, Evo sigue combinando la tendencia hacia la estatización de empresas extranjeras, pero al mismo tiempo manteniendo el respeto hacia las reglas macroeconómicas en temas como las reservas internacionales, la baja inflación y el superávit fiscal. Esto está mejorando la reputación económica de Bolivia y diferenciándola de Venezuela ante los mercados financieros internacionales, como lo evidenció la reciente colocación de deuda y la que está en preparación.

Pero en el campo internacional Evo Morales mantiene una postura radicalizada, mostrándose como un firme aliado político de Chávez y su sucesor, manteniendo una buena relación con Irán y denunciando duramente a los EEUU tras un momento de mejora en la relación bilateral entre Washington y La Paz.

Muchas cosas han cambiado a cuarenta años de la finalización de la Guerra del Pacifico. Las secuelas de dicho conflicto no se han superado, pero hoy es la Corte Internacional de Justicia de la Haya y no los campos de batalla donde se desarrolla el conflicto y ello no es algo menor.

 
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