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El impacto del 1M en la política "oscilante" de Brasil PDF Imprimir E-Mail

Mar-14-08 - por Fabián Calle

En los meses previos al ataque aéreo y terrestre sobre territorio ecuatoriano que derivó en la muerte de uno de los líderes guerrilleros de las FARC, Raúl Reyes, el gobierno del Brasil (en especial su Cancillería y el repotenciado Ministerio de Defensa) venían desarrollando y acelerando pasos en el sentido de consolidar esquemas de consulta y cooperación en materia diplomática, económica y aun militar a nivel sudamericano y, en menor medida, en la zona Caribe. Dos instrumentos sobresalían claramente: 1) la Unión Sudamericana, 2) La Consejo Sudamericano de Defensa, y 3) la visita de Lula da Silva a Cuba y su larga y al parecer fructífera reunión con los hermanos Castro. En este sentido, entre fines del 2007 y comienzos del presente año el ministro de Defensa Nelson Jobim recorrió diversos países de la zona con el objeto de presentar la idea de un mecanismo a escala regional que podría ser visto como un reemplazo parcial (y no de alcance hemisférico) del colapsado TIAR luego de la guerra por las Islas Malvinas en 1982. Al menos dos interrogantes se planteaban al ver la intención de Brasilia en materia de desarrollar un esquema flexible y sin garantías de asistencia recíproca en el área militar con sus vecinos: Colombia y Venezuela. El primero, por su alineamiento con Washington y el peso decisivo de los más de 5200 millones de dólares en ayuda y equipamiento que desde el inicio del Plan Colombia en el año 2001 hasta hoy han llegado a las FF.AA. y de seguridad colombianas desde el tesoro de los EE.UU. y las claras evidencias (en especial desde mediados del año 2002) de ser Colombia y en especial las FARC dos blancos prioritarios de la estrategia antiterrorista de la superpotencia luego del trauma del 11/9. En lo que respecta a Venezuela, la agenda abiertamente confrontativa de Chávez en materia de política exterior con los EE.UU. e Israel y, desde el año 2005, el incremento sustancial de los gastos en adquisición de armamentos (básicamente a Rusia, seguido por España, China, Irán y Corea del Norte). Así como la existencia a partir del año 2004 de la Doctrina Militar oficial del régimen de Caracas que pone como hipótesis de conflicto centrales: 1) la agresión de Colombia con respaldo aéreo, naval y de guerra electrónica de la superpotencia, y 2) un ataque directo aeronaval de los EE.UU.

Frente a este panorama, todo parecía indicar la posibilidad cierta de un Consejo Militar Sudamericano que tuviera mayor dinamismo y profundidad en el Cono Sur  y parte de la zona andina y relaciones más protocolares y modestas con los dos casos paradigmáticos de alineamiento y choque con los EE.UU., o sea Bogotá y Caracas. Claro está que la esperanza del gobierno de Lula se depositaba en la existencia de espacio para tener cierta incidencia en la agenda de Defensa y seguridad de estos dos países. Para ello, basta recordar la firma del Tratado de Tabatinga en el 2004 entre los Ministerios de Defensa de Brasil, Colombia y Perú orientada a reforzar y optimizar la lucha contra el narcotráfico, las FARC, los paramilitares y contrabandistas en la zona amazónica compartida, así como la voluntad de compartir con Lima y Bogotá parte de la información de radar, electrónica y de sensores terrestres con que cuenta el SIVAM (sistema de vigilancia amazónica). Como antecedente de la necesidad de ese esquema de cooperación, cabe recordar la captura en el año 2001 en territorio colombiano controlado por las FARC del narcotraficante brasileño y líder del "Comando Rojo" de Río de Janeiro, Beira Mar, y su posterior extradición a Brasil bajo el cargo de tráfico de estupefacientes, armas y explosivos. En fechas más reciente, y con motivo del "Estado de sitio" que decretó de hecho otra organización criminal, el Primer Comando de la Capital, en el año 2006 en la zona de San Paulo, se conoció la activa presencia de ese grupo en países como Colombia y Paraguay. Esta realidad queda reflejada en el Decreto sobre Defensa Nacional formado por Lula en el año 2005 en donde la lucha contra grupos armados irregulares y el narcotráfico aparecen como una de las tareas prioritarias. En el mismo año, un General brasileño con mando de tropa en la zona amazónica brindó una larga entrevista periodística en donde comentaba cómo sus hombres se entrenaban activamente para esta tarea, pero también para resistir una eventual ingerencia militar estadounidense en territorio del Brasil. Si bien la nota duró pocas horas en el portal de Internet del Ejército del Brasil, ni esta Fuerza ni el gobierno desmintieron esta afirmación. Poco tiempo después, otra nota de prensa mostraba a militares del Brasil entrenando a indígenas en operaciones armadas en la selva contra los mismos potenciales enemigos.

Con respecto a la relación en materia de Defensa con Venezuela, cabría citar la intención en el año 2005 de vender aviones de entrenamiento avanzado y ataque a tierra Super Tucano (no concretada por el veto de EE.UU. de transferir pieza y parte de ese origen que contiene el avión), la firma de un preacuerdo entre Caracas y la empresa Imbel del Ejército del Brasil para reparar decenas de miles de fusiles de asalto FAL (los recientemente reemplazados por el fusil AK-103 de origen ruso) y la venta de miles de revólveres para fuerzas militares y policiales venezolanas. Asimismo, pocos años atrás Lula y Chávez acordaron la posibilidad que información del SIVAM fuera utilizada de manera conjunta para luchar contra el narcotráfico.

El 1M: la "Revolución en los Asuntos Militares" (RAM) hace su aparición en Sudamérica.

Pero algo claramente se interpone y altera parcialmente este relato y la misma estrategia del Brasil de consolidar su liderazgo a escala sudamericana mediante los instrumentos institucionales descriptos al comienzos del presente artículo: el ataque aéreo y terrestre sobre territorio del Ecuador del 1 de Marzo 2007 y el uso de armas de última generación para concretar ataques de alta precisión sobre territorio ajeno. Sin tener información fidedigna de los debates internos en Brasilia en los días posteriores a este hecho, bastaría analizar y reflexionar sobre la ausencia, nada más y nada menos, del mismo Lula da Silva en la Cumbre de Presidentes del Grupo de Río que buscó encauzar la escala entre Colombia y el eje Ecuador-Venezuela-Nicaragua. Más allá de la sagacidad que seguramente Itamaraty asignará, y probablemente de manera justificada, a esta decisión, no deja de impactar tamaña ausencia en tamaño momento crítico para la región. ¿Alguien se imagina una crisis, aun de menor escala que la vivida en los días reciente en los Andes, en la Unión Europea sin la presencia del Canciller de Alemania? Ello no implica desconocer -ni mucho menos- el rol central que tuvieron el Presidente brasileño y sus ministros en apaciguar los estados alterados de Uribe, Correa y Chávez.

¿Qué podría explicar esta ausencia de Lula y el bajo perfil público de la altamente profesional y coherente diplomacia brasileña? Una posible explicación, entre tantas que seguramente deberán converger para entender acabadamente la cuestión, es que el ataque del 1M dificulta en extremo en juego heterodoxo y pendular del Brasil vis a vis al tablero que componen Venezuela, Colombia y Washington y, en menor medida, actores claves del Medio Oriente como Israel e Irán. En situaciones como las vividas por la región sudamericana en los días reciente, los grises y los espacios de maniobra se reducen sustancialmente. Las definiciones netas en esos días tienden a rigidizar fuertemente los cursos de acción posteriores. Parece ser que esto mismo es lo que buscó evitar de todas formas el Brasil. Veamos más detenidamente algunos procesos y políticas que en los últimos años ha llevado a cabo este país.

A modo de somero ejemplo, enumeremos algunas de las más destacadas "heterodoxias" en que caería el Brasil vis a vis las visiones, imperantes básicamente en ciertos sectores de la Argentina, que tienen a ver a un "Lula neoliberal" y alineado con EE.UU. Podríamos comenzar con la abstención de la delegación brasileña en la Asamblea de la INTERPOL (punto que desarrollaremos posteriormente) de fines del 2007 en donde la Argentina (con el activo respaldo de Israel y los EE.UU.) reclamó la captura internacional de un ciudadano libanés y otros de nacionalidad iraní por el ataque a la AMIA en 1994, la activa política de inversiones de la empresa petrolera brasileña con mayoría de capital estatal en países como Venezuela e Irán, la postura de Brasilia de definir a las FARC como grupo insurgente y no como terroristas, los recientes preacuerdos y acuerdos estratégicos y militares firmados con Francia y con Rusia, las referencias directas e indirectas en sectores de la Defensa del gigante sudamericano a la necesidad de estar preparados para una "resistencia asimétrica" frente a la eventual "injerencia de una superpotencia extra regional", la reciente, fluida y amistosa visita de Lula a Fidel Casto y la negativa a permitir un completo acceso de la Agencia Internacional de Energía atómica a la planta de enriquecimiento de uranio de Resende. En el campo económico-comercial, se podría citar la negativa de avanzar en el ALCA deseado por Washington, el ser el país que más veces ha llevado a los estadounidenses a paneles de resolución de controversias comerciales en la Organización Mundial del Comercio y la firma de numerosos acuerdos comerciales durante la reciente visita del presidente brasileño a Cuba. Frente a este panorama, el Brasil parece tener frente a sí la posibilidad, o mejor dicho hasta la necesidad, de hacer una política oscilante que busque sacar provecho y al mismo tiempo evitar escalas radicales de la confrontación entre Caracas y Washington. Un socio en cierta medida compatible para esta dificultosa pero seguramente realista estrategia, parece ser la Argentina en particular y el MERCOSUR en general.

La votación brasileña por la causa AMIA ayuda a analizar a esta potencia regional desde una perspectiva más amplia y profunda. Paradójicamente, una década atrás muchos de estos actores políticos y sociales argentinos caracterizaban a Brasil como un elefante esclerosado que no había encontrado el atajo al primer mundo como lo había logrado la Argentina y lo percibían aun aferrado a posturas industrialistas, estatistas y tercermundistas. Alejándonos de esta instrumentalización pueril para debates políticos internos en la Argentina, cabe recordar que ya en 1981 W. Selcher editaba un libro sobre el ascenso de Brasil como "potencia intermedia" correlato del "milagro económica brasileño" 1967-1973. Desde 1955 la economía del Brasil ha superado en tamaño a la Argentina para llegar actualmente a ser 2,7 veces mayor según las estadísticas 2007 del FMI. En el mismo sentido, dos renombradas especialistas brasileñas, M. Hirst y M. Regina Soares, en un reciente artículo titulado "El Brasil como Estado intermedio y poder regional" afirman que "desde principios del siglo XX, la máxima aspiración de la política exterior brasileña ha sido alcanzar un reconocimiento internacional" al tiempo que refirman el actual interés del país en conservar niveles de autonomía vis a vis los lineamientos de Washington y de acentuar su participación en el sistema internacional y sus principales instituciones a sabiendas de no contar con un poder económico y militar considerable. En este sentido, en Noviembre 2007 H. Kissinger expresó que la ampliación de los países con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU "debería ser reformada" (una clara aspiración de Brasilia) si bien lo consideró "improbable" por el mismo desinterés de Washington. Finalmente, destacan que "para EE.UU. la importancia de Brasil en los asuntos mundiales y la seguridad es muy reducida", la preocupación existente en ciertos sectores de Washington por un rol más preeminente de Brasil en Sudamérica que debilite la hegemonía de la superpotencia (¿a agudizarse paradójicamente con el debilitamiento del proyecto chavista por referéndum?) y los desacuerdos sobre temas tan sensibles como Colombia y aun Venezuela. Cabe recordar, en este sentido, las recientes declaraciones del Canciller brasileño Celso Amorin calificando a Chávez como demócrata y rechazado calificar a las FARC colombianas como un grupo terrorista. En el mismo sentido, durante la larga y más que amigable cumbre entre el Presidente Lula da Silva y Fidel Castro en enero de 2008, uno de los temas centrales, junto a la firma de numerosos e importantes acuerdos económicos y comerciales, habría sido al tarea de moderar las tensiones entre Caracas y Bogotá y reencauzar el canje humanitario en este último país.

La pata militar del "liderazgo-soft" brasileño. 

Luego de "tocar fondo" a comienzos del presente siglo, el área de la Defensa en Brasil parece también comenzar a sumarse a esta tendencia internacional y regional. Desde el año pasado y mucho más claramente en el 2007, el Poder Ejecutivo y el mismo Parlamento han puesto blanco sobre negro la necesidad de fuertes incrementos en las partidas presupuestarias y un respaldo explícito a proyectos retrasados, como la construcción del submarino nuclear para ponerlo en servicio para el año 2015, vectores para la colocación de satélites en el espacio y un mayor nivel de desarrollo de la industria de Defensa (esta vez, aspirando a tener una menor dependencia tecnológica de la existente hasta principios de la década de los ´90). Los nuevos mandos del Ejército han expresado su satisfacción con los recursos previstos para el presente año y el venidero. Asimismo han puesto como prioridades la adquisición de vehículos blindados a rueda, la puesta en funciones de las nuevas Brigadas de Operaciones Especiales, de selva y blindadas, la capacidad antiaérea, de comunicaciones y puentes y embarcaciones para operaciones ribereñas y municiones.

También desde la Marina se destila un claro cambio de clima en lo atinente a los recursos económicos para el corto y mediano plazo. Ello haría factible la terminación del submarino de propulsión nuclear (con su carga de imagen y prestigio, funcional a la estrategia del Brasil de mostrarse como un actor con proyección internacional y aspirante a bancas especiales en el Consejo de Seguridad de la ONU y en un eventual Grupo de los 8 ampliado), la modernización y construcción de submarinos convencionales de origen alemán y la compra de torpedos, helicópteros y sistemas de comando y control de los EE.UU.

En el caso de la Fuerza Aérea, se ha reabierto la licitación (cancelada en el 2002) para la compra de una docena de aviones de combate de superioridad aérea1, se han alquilado con opción de compra 12 aviones Mirage 2000C de segunda mano provenientes de Francia, se han comenzado a modernizar los aviones de ataque a tierra AMX y comprado un centenar de aviones turbohélice Super Tucano para entrenamiento avanzado y operaciones contrainsurgentes (COIN)2.

En meses recientes, el Presidente Lula anunció un incremento del 50% en los gastos operativos de la Defensa para el 2008 y la decisión estratégica de dotar al país de un instrumento militar disuasivo creíble. En este sentido, ha ordenado al Ministro Jobin (tal vez el responsable del sector de la Defensa con mayor peso político propio desde la creación tardía de esa cartera en 1999) la confección de un informe estratégico a ser entregado el año que viene y que guiará el reequipamiento y doctrina de las FF.AA. en el mediano y largo plazo. ¿Qué factores explican estos cambios en el sector de la Defensa del Brasil? Para poder responder este interrogante, cabría recordar la existencia desde el regreso de la democracia a mediados de los años ´80 de un acuerdo implícito: alta autonomía de los militares y la no revisión del pasado en materia de DD.HH. por un lado, y estancamiento o descenso relativo del presupuesto de Defensa en los gastos nacionales Hecho facilitado en parte por el deterioro y colapso de la capacidades disuasivas de la Argentina y las agudas crisis económicas vividas por Brasil (1982, 1990, 1999 y 2002). En los últimos tiempos, se han combinado una creciente fortaleza fiscal y macroeconómica del Brasil, la reelección de Lula, la agudización del accionar de grupos del crimen organizado dotados de armas de guerra y con lógicas cercanas en algunos casos a la guerrilla urbana y terrorismo, la consolidación política, económica y militar de H. Chávez en Venezuela, el ascenso del nacionalismo indígena en Bolivia y el incremento de la presencia militar de los EE.UU. en Colombia en particular y en otras zonas en general (Manta en Ecuador, Mariscal Estigarribia en Paraguay, bases logísticas en Perú, etc.). En este sentido, cabe recordar que en enero de 2007 la principal agencia de inteligencia del Brasil dio a conocer un informe en donde advertía y criticaba sobre el creciente "cerco" que viene montando Washington con la instalación de bases de diferente tamaño en países fronterizos al Brasil tal es el caso de Colombia, zonas del Caribe, Ecuador, Paraguay y Perú. Ligado a ello, con tantas referencias periodísticas y académicas a la "doctrina de guerra asimétrica" implementada por Venezuela en el año 2004 frente a una eventual injerencia armada de los EE.UU. o una guerra indirecta la superpotencia por medio de Colombia y-o "Proxy forces" (paramilitares colombianos junto a milicias antichavistas venezolanas), se suele olvidar que también el Ejército brasileño se ha orientado a desarrollar capacidades de guerra no convencional contra lo que ellos definen la penetración de una "potencia extraregional". En agosto de 2007, a poco de asumir su cargo, el ministro Jobim efectuó un diagnóstico sobre la situación del sector de la Defensa y su entorno regional e internacional: 1) el Amazonas y el Atlántico Sur son las prioridades estratégicas; 2) se debe avanzar hacia un Ministerio de Defensa más fuerte y un instrumento militar que priorice el accionar conjunto; 3) se debe reconocer el fracaso del denominado "Plan Colombia" en materia de control del narcotráfico; 4) existen claros signos de escalada de violencia delictiva y del crimen organizado en la región, tal como lo evidencia la situación en el propio Brasil y países como México3.

A comienzos del 2008, Brasilia avanzó en la firma de un acuerdo de cooperación estratégico y militar con Francia y el ministro de Defensa Jobim llevó a cabo una amplia gira por esta potencia europea y Rusia para analizar programas de adquisición de armamentos y cooperación en tecnología satelital de uso militar4. Tanto París como Moscú, son vistos por el gobierno de Lula como socios claves en el proceso de modernización de las FF.AA. Con respecto a la relación con los EE.UU. en esta materia, la tendencia parece ser la de mostrar una relación cooperativa pero evitando involucrarlo en procesos tecnológicos que le otorguen a esta superpotencia poder de veto o control sobre la declarada intención de repotenciar la alicaída industria militar brasileña y su acceso de tecnología de última generación. Las compras de armas estadounidenses se han venido dando en los últimos años, en sectores tales como aviones para patrulla marítima Orion P-3, torpedos y sistemas de control de tiro para submarinos y helicópteros para ser usados por la flota de mar. El documento que guiaría el proceso de reestructuración del sector de la Defensa en Brasil en los próximos 10 años, comenzó a ser elaborado por una comisión integrada por el Ministerio de Defensa, la Secretaría de Planeamiento y representantes de las FF.AA. en septiembre de 2007 y se espera su terminación para septiembre del 2008.

Un reflejo de los "nuevos tiempos" al momento de pensar la Defensa de Brasil, quedaron claramente reflejados en los contundentes dichos de General José Benedito de Barros Moreira en octubre del 2007, oficial de cuatro estrellas y a cargo de la importante Secretaría de Política y Estrategia del Ministerio de Defensa. El mismo ratificó la necesidad del Brasil de contar con submarinos de propulsión nuclear así como la capacidad consiguiente de enriquecer uranio en las instalaciones de la Marina. En este sentido, citó los costos que tuvo la Argentina durante la guerra de Malvinas por no contar con este sistema de armas y recordó la importancia central que tienen y tendrán las explotaciones offshore de petróleo y gas para la seguridad energética del país5. A su vez, manifestó que entramos en un escenario internacional en donde se incrementarán los intentos de depredar por vía pacífica o armada los recursos naturales de los Estados débiles y la hipocresía inaceptable que se da en la comunidad mundial de impedir a ciertos países en desarrollo a aspirar a controlar la tecnología necesaria para, llegado el caso, acceder a armamento nuclear.

Para dimensionar (y no dramatizar o sobredimensionar) la decisión política del Brasil de reforzar su alicaído y descuidado sector de la Defensa, cabría hacer notar que la inversión en la misma vis a vis el PBI continúa siendo sustancialmente baja si se la compara con los casos de Chile y de Colombia. Si Brasilia decidiera equiparar a los mismos, en lugar de los 10 a 11 mil millones de dólares, debería asignar alrededor de 30 mil millones de dólares6 y la Argentina bordearía los 6 mil millones vis a vis los poco más de 2 mil millones de la misma moneda de las partidas de gasto del 2007. En otras palabras, el poder militar del Brasil dista de ser, al menos en el corto y mediano plazo, un factor que pueda ser visto como la punta de lanza de un expansionismo armado o de chantaje diplomático. 

Comentarios Finales.

Nada más alejado del proyecto de liderazgo regional del Brasil que una militarización y polarización del choque entre Caracas-Quito-Managua (con el visto bueno más o menos explícito de potencias como Irán, Rusia y China) y la alianza Washington-Bogotá-Tel Aviv (y los amplios sectores antichavistas dentro de Venezuela). Para atenuar esta posibilidad, uno de los cursos de acción posibles sería el de fortalecer el espacio de integración político-económico y militar en el Cono Sur. Tal vez, y de manera indirecta e inesperada como suelen ocurrir las grandes cosas en la política internacional, el 1M sirva en parte para darle una mayor carga de modestia a la intención brasileña de transcurrir de manera acelerada el camino hacia el club de los poderosos del sistema internacional y le brinde argumentos a los que favorecen en Brasil una mayor cooperación con la Argentina. En el caso de nuestro país, tal vez, esperamos que la crisis ocurrida sirva para poner fin a casi dos décadas de desvalorización de la Defensa Nacional y la disuasión así como a posturas minimalistas y burocráticamente dispersas en materia de política exterior.

[1] Los aviones de tecnología francesa (especialmente el Rafale) y en menor medida los rusos, parecen los mejores posicionados para imponerse en esa licitación.

[2] The Military Balance 2007, IISS, UK.

[3] Agencia Brasil, 5 agosto 2007.

[4] O Globo, 5-2-2008.

[5] Correio Braziliense, 13 outubro 2007.

[6] Según las estadísticas del FMI del año 2007, la economía del Brasil es 2,7 veces más grande que la Argentina y 7 veces la de Chile. Para el Military Balance 2007 del IISS, el país trasandino alcanzaría un total de 4500 millones de dólares contando recursos presupuestarios y extrapresupuestarios.

 
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