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La Reina Isabel y el futuro de la Antártida PDF Imprimir E-Mail

Dic-02-13 - por Rosendo Fraga

La decisión del Reino Unido de denominar a un tercio del territorio Antártico que reclama como propio con el nombre de Reina Isabel, como parte de los homenajes con motivo de cumplirse el 60 aniversario de su reinado, si bien es un hecho simbólico, evidencia y anticipa la importancia estratégica que el continente blanco y el Ártico tienen en el largo plazo.

Entorno al Polo Norte, los ocho países ribereños del Océano Ártico han acordado reivindicar su soberanía sobre su lecho. Entre ellos se encuentran EEUU y Rusia, las dos potencias que todavía tienen el mayor poder militar.

En 2007, el comandante de una misión rusa colocó la bandera de su país en la cordillera submarina que atraviesa el subsuelo marítimo que considera propio.

Cuatro años más tarde, un acuerdo entre la petrolera estatal rusa y la estadounidense Exxon permitió iniciar la prospección petrolífera en la zona.

Los ambientalistas han criticado duramente esta actividad, al igual que varios países han cuestionado esta suerte de nacionalización del fondo del Ártico por parte de los países ribereños.

Si bien la Antártida tiene en suspenso el ejercicio de las soberanías a partir del llamado Tratado Antártico de 1959 que en vigencia dos años después, cuyo vencimiento tendrá lugar antes de promediar el siglo XXI, el futuro de los recursos de este continente ha comenzado a generar interés.

Durante una reunión del Tratado Antártico que tuvo lugar en Buenos Aires, el Embajador de Francia para los polos, el ex primer ministro socialista Michelle Rocard, dijo en un reportaje que el petróleo de la Antártida se va explotar; la cuestión es discutir cómo se va a hacerlo.

Francia es uno de los ocho países que reivindican soberanía sobre la Antártida, aunque sea el que menor territorio reclama como propio.

Puesto en este contexto, el Reino Unido ha presentado ante las Naciones Unidas su reclamo de soberanía sobre el lecho del Atlántico Sur y a partir del extremo oeste de las islas Malvinas -que ocupa- y el extremo este de las islas Sandwich, traza un triángulo hasta el Polo Sur, el que reivindica como de soberanía británica.

Este triángulo se superpone con los que reclaman como propios Argentina y Chile, que están contiguos.

Recientemente, el Reino Unido ha separado el gobierno de las islas Georgias y Sandwich del Sur -incluyendo a la Antártida- de la administración de Malvinas, conservándolos en uno de los catorce dominios de ultramar británicos.

A ello se agrega la decisión de asumir la responsabilidad por la protección anbiental de algo más de un millón de kilómetros cuadrados entorno a las Georgias y las Sandwich, lo que de hecho aumenta el rol británico en el Atlántico Sur.

Dicha superpie es aproximadamente equivalente al territorio antártico que reclama el Reino Unido, el que equivale aproximadamente a la mitad del territorio continental argentino.

La explotación de los recursos naturales del continente blanco está vedada por el Tratado Antártico, pero este tiene fecha de vencimiento y podría o no ser renovado. Su riqueza es inmensa.

EEUU, Rusia y China, sin ser países que reclamen soberanía, están incrementado su presencia antártica y la potencia asiática ha terminado de construir una gran base en el territorio antártico reivindicado al mismo tiempo por Argentina y el Reino Unido.

La Argentina fue el primer país en tener presencia soberana en la Antártida y lo hizo a partir de 1903, en la segunda presidencia de Julio A. Roca. También ha sido el primero en tener en una de sus bases una población permanente con familias, escuela y niños de nacionalidad argentina nacidos en la Antártida.

Pero el país parece haber perdido conciencia sobre la importancia estratégica que en el largo plazo tiene el continente blanco para el país. El hecho de que el único rompehielos esté averiado desde hace casi un lustro y su reparación se siga demorando, es una evidencia al respecto. Ello sucede cuando el abastecimiento de la base antártica Belgrano II del Ejército, la más austral de las seis con dotación permanente que tiene Argentina, ubicada a 1300 kilómetros del Polo Sur, enfrenta dificultades para su abastecimiento logístico para el próximo invierno.

En conclusión, la discusión sobre la cuestión Malvinas y su futuro está estrechamente ligada al interés por la Antártida y esta decisión de Londres de denominar Reina Isabel II a una parte del territorio que pretende, es una confirmación a respecto.

 
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