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Elecciones en España: Normalidad y sorpresas PDF Imprimir E-Mail

Mar-11-08 - por Joaquín Roy* 

Se han cumplido las predicciones que sistemáticamente y desde todos los ángulos hacían ganador al Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Pero la comodidad con qué ha logrado el triunfo desmiente los temores del impacto negativo de la abstención. La participación ha sido semejante a la de 2004 y confirma la consolidación del espaldarazo al PSOE entonces. También se constata el techo electoral del Partido Popular. A pesar de que numéricamente ha aumentado el respaldo al PP, también ha crecido el propio número de electores, reflejo del aumento de la población y crecimiento del censo. 

La derrota aconsejará al PP que la campaña de oponerse a todas y cada una de las iniciativas del gobierno no le ha dado resultado. Si los conservadores reconocen su cuota de culpa en la generación del clima de crispación, el PSOE también aceptará haber contribuido a un clima no compartido por los electores. De ahí que la participación se haya quedado al nivel de 2004, incluso con un ligero descenso.         

La más notable novedad es el descenso catastrófico del número de votantes para dos partidos minoritarios divergentes. La bofetada electoral de Izquierda Unida ya se dejado notar con la desaparición de su dirigencia, especialmente de su secretario general Gaspar Llamazares. Su formación no logra casar los restos históricos del marxismo con la novedosa aportación de los ecologistas. 

El segundo desastre es el sufrido por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), partido de tendencia independentista que en 2004 había doblado su presencia en el Congreso. Había entonces contribuido a la consolidación parlamentaria del PSOE. Compartiendo el espacio sociológico tanto con Convergencia i Unió y el PP, ERC ha sido la nueva víctima.  

De momento, Joan Puigcercós, su máximo representante en el gobierno tripartito en Cataluña, ha dimitido como consejero en el ejecutivo compartido con los socialistas. Paradójicamente, durante la administración del PSOE, que ha sido acusado de promover a los nacionalistas periféricos, de los que recibía su apoyo parlamentario, ERC ha perdido la fuerza que logró durante los gobiernos de Aznar, a los que los independistas consideraban como enemigo primordial. 

Estos dos impactos en los partidos mayoritarios pueden ser preludio de repercusiones en el PP. En los próximos días se dilucidará la incógnita de qué rama triunfará en cuanto al liderazgo futuro. Los que tienen ambiciones urgentes, presionarán por el cambio de dirigencia. Los moderados aconsejarán prudencia con respecto a la defenestración de Rajoy y su sustitución fulminante por la pretendiente más publicitada, Esperanza Aguirre, presidenta de la Asamblea de Madrid. Pero también puede haber llegado la hora de los centristas que se han sentido desplazados, como el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, marginado en el proceso que ha terminado.     

En el nacionalismo moderado, obsérvese el contraste significativo entre el mantenimiento de la fuerza de la coalición formada por Convergència (debilitada desde la retirada de Jordi Pujol) y los democristianos de Unió, cuyo líder Durán i Lleida siente ahora los requiebros socialistas, para gobernar sin el lastre de pactar con los excomunistas y los radicales de ERC. En el País Vasco, el descenso notable del apoyo al Partido Nacionalista Vasco (PNV) harán meditar al Lehendakari que su estrategia de basar su futuro en la insistencia en un referéndum sobre la autodeterminación, en la senda de la independencia, puede haberse convertido en un boomerang que ha beneficiado al Partido Socialista de Euskadi (PSE), convertido en primera fuerza. Ambos estarán todavía condicionados por el impacto de los ataques terroristas de ETA que, aunque debilitada, ahora se convierte en más peligrosa por tener que acudir a los asesinatos esporádicos y difíciles de detectar.    

El balance tiene una doble lección. Por un lado, el PSOE ha logrado no solamente el triunfo sino haberse sacado de encima el estigma, inventado y explotado por el PP, de que la victoria en 2004 fue una excepción generada por los ataques terroristas. Por otro, el PP puede sentirse satisfecho de haber aumentado numéricamente el número de escaños. Pero, al no haber logrado el empate técnico que le auguraban algunos sondeos hace semanas, deberá meditar sobre la efectividad agresiva, oponiéndose a cualquier iniciativa de gobierno del PSOE.            

*Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet' y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla