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La paz sigue su marcha en Colombia PDF Imprimir E-Mail
Oct-16-12 - por Carlos Malamud (Infolatam)

Esta semana comienzan las negociaciones de paz en Oslo entre el gobierno colombiano y las FARC. Para poder llegar hasta aquí hubo que vencer numerosos obstáculos, de modo que no se puede decir que el camino recorrido haya sido sencillo. En realidad, el sólo hecho de que las dos delegaciones se sienten a negociar es de por sí un importante avance.

Según algunos testimonios, las negociaciones mantenidas en La Habana fueron muy duras, pero éste es precisamente uno de los puntos que hace ser más optimista respecto al futuro. Pese a todos los problemas, los delegados allí presentes fueron capaces de encajar las críticas del otro, sin que nadie se decidiera a romper la baraja.

Cuando hace algo más de un mes escribía sobre este mismo tema, mostraba grandes dosis de escepticismo, un estado de ánimo que todavía permanece. Si en el actual momento de la negociación alguien espera soluciones mágicas o a corto plazo, debe saber que éstas no llegarán. Sólo con mucho trabajo, diálogo y paciencia se podrá avanzar en un proceso que no conoce de atajos ni de pócimas milagrosas ni de frases capaces de derribar murallas.

No hay que olvidar que frente a la delegación gubernamental se encuentra un grupo de jugadores de ventaja, acostumbrados a conseguir a cualquier precio sus objetivos, no por tener razón sino por tener las armas. De ahí que la lógica de ceder algo para seguir avanzando sea poco creíble, más allá de lo que se pueda decir del lema leninista de retroceder un paso para avanzar dos, consigna que, por otro lado, ya prácticamente nadie aplica.

Para proseguir su marcha, los negociadores gubernamentales deberán evitar los lugares comunes de numerosos “expertos” y desmontar ciertos clichés. Uno de éstos se vincula a lo que se ha dado en llamar la particular noción del tiempo de las FARC. Se trata de una idea temporal vinculada según algunos analistas a las raíces campesinas de la organización terrorista. Esto podía ser cierto hace muchos años, o inclusive cuando vivía Marulanda. Pero ahora, en plena época de la telefonía digital y satelital, de internet y los correos electrónicos, esta leyenda es difícil de mantener. Y más si incorporamos otra variable como son las raíces urbanas de buena parte de la dirigencia y de los cuadros medios y altos de la organización. El aburguesamiento de buena parte de las FARC, cada vez más dependientes del narcotráfico, no es ningún mito sino una realidad.

En esta época globalizada es importante ver lo que ocurre en otras partes de América Latina. Para Timochenko y los suyos, comparar su experiencia con la que se desarrolla en algunos países de la región, especialmente en los bolivarianos, es un verdadero revulsivo. No debe ser nada sencillo para ellos que sus teóricos compañeros de ruta se paseen libremente por despachos de suelos alfombrados en lugar de combatir por sus ideales con las armas en la mano en lo más profundo de la selva.

A esto se suma la presión que Venezuela y Cuba están ejerciendo para acabar con el conflicto colombiano. Desde la perspectiva de Caracas y La Habana no es bueno para su proyecto hegemónico continental que uno de sus aliados sea catalogado internacionalmente de organización terrorista. De ser posible, en estos momentos prefieren la vía electoral y democrática para llegar al poder, aunque luego su comportamiento y respeto por las reglas de juego de la democracia no sea ejemplar.

En este contexto, los estímulos de las dos partes para avanzar en las negociaciones son muy importantes. No se olvide que estamos frente a un proceso que sin duda alguna será lento, complicado y con múltiples avances y retrocesos. Unos y otros tienen mucho que ganar si las conversaciones de paz avanzan, lo que no excluye que en ambos bandos haya enemigos y detractores agazapados. De momento, y el pueblo colombiano así lo siente, toca pensar en la esperanza de lograr algún avance. El problema es que muchos plantean este juego en términos de blanco o negro, de guerra o paz. Sin embargo, como se ha visto en otros procesos similares, los meandros a recorrer antes de llegar a la desembocadura del río pueden ser numerosos y multidireccionales. Por eso no hay que desfallecer a la primera de cambio si no se obtienen rápidamente los resultados esperados.

 
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