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El futuro del Mercosur con Venezuela PDF Imprimir E-Mail
Ago-15-12 - por Carlos Malamud (Infolatam)

A raíz del polémico ingreso de Venezuela en Mercosur aprobado en la Cumbre de Mendoza, conjuntamente con la suspensión de Paraguay, se abrió una profunda discusión sobre el futuro del bloque. Como señaló el presidente uruguayo José Mujica, en Mendoza, donde Argentina, Brasil y Uruguay tomaron decisiones trascendentales, primó “lo político sobre lo jurídico”. Si algunos voces hablan de punto de inflexión, para Venezuela y Mercosur, otras pronostican un incierto porvenir, por no hablar de golpe mortal. Rubens Barbosa, ex diplomático brasileño y actual presidente del Consejo Superior de Comercio Exterior de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo publicó en la prensa paulista un artículo sobre el tema con el expresivo título de “Réquiem para Mercosur”.

La variedad de lecturas se relaciona directamente con los diversos objetivos admitidos como válidos para la integración latinoamericana, especialmente para Mercosur. ¿Qué debe primar? ¿Qué es lo más importante? ¿Cuál es el modelo de integración buscado? ¿Es útil para América del Sur el llamado modelo bolivariano? Responder a estas cuestiones implica tomar partido entre reforzar el peso del libre comercio y las funciones comerciales del bloque o potenciar lo político y el discurso de desarrollo económico y social de los pueblos.

Si bien ambas cuestiones no deberían ser contradictorias ni excluyentes, para conocer su verdadero alcance basta repasar los objetivos del ALBA, creada como Alternativa Bolivariana de las Américas, en oposición al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), y del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP). Éste último, firmado en La Habana en abril de 2006 por Evo Morales, Hugo Chávez y Fidel Castro, era absolutamente contrapuesto a los TLC (Tratados de Libre Comercio). Como reza uno de sus principios básicos: “Mientras los TLC buscan convertir a toda la humanidad en simple consumidores homogenizando los patrones de consumo para ampliar así los mercados de las transnacionales, el TCP impulsa la diversidad de expresiones culturales en el comercio”.

El riesgo que planea sobre Mercosur al primar lo político sobre lo económico es que la retórica y el voluntarismo se impongan sobre la realidad y los intereses nacionales. Algo similar se ha observado en el surgimiento de Unasur, que pese a las declaraciones grandilocuentes no ha dado pasos significativos en impulsar la integración regional. Se habla de una integración diferente, asentada sobre nuevos valores, pero lo cierto es que ésta atraviesa la mayor crisis de su dilatada historia. Como ha señalado Hugo Chávez: “El ingreso de Venezuela al Mercosur es un fracaso de la política exterior norteamericana en Sudamérica porque detrás del enclave autoritario paraguayo que se opuso de manera irracional durante años y años al ingreso estaba la mano de la diplomacia estadounidense”. Nuevamente la dinámica antiimperialista como argumento explicativo de una política exterior que conduce a América Latina a ninguna parte.

Los juicios más optimistas sobre el nuevo futuro que se abre a Mercosur surgen de Venezuela y su gobierno. Chávez habla de la variable de la integración productiva y de un nuevo Mercosur. Desde esta perspectiva, Isabel Delgado Arria, de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Presidencial para la Adhesión de Venezuela al Mercosur, dice que “América Latina fue destinada, por los países centrales, a ser proveedora de materias primas hacia los países desarrollados, e importadora de productos terminados dejando para ellos la máxima ganancia y los puestos de trabajo” y que “Seguimos inmersos en una cadena de dominación en donde entregamos el oro y ellos nos devuelven espejos”.

Según el punto de vista bolivariano, el ingreso de Venezuela al Mercosur permitirá iniciar procesos económicos de largo plazo, mucho más inclusivos social y económicamente hablando, e inclusive medioambientalmente responsables. Sin embargo, si admitimos que Brasil es la sexta economía del planeta y que el notable crecimiento económico de América del Sur, Venezuela incluida, se basó en el aumento del precio de las commodities, no es sostenible el argumento del cambio de “oro” (materias primas) por “espejos” (bienes baratos de consumo final).

Junto a Venezuela, ¿quiénes ganan más con su ingreso? De un lado, Cristina Fernández, que refuerza su discurso más confrontacional dentro de Mercosur, frente a las voces más moderadas de Dilma Rousseff y José Mujica. Fernández tendrá un gran aliado en Hugo Chávez para sus políticas proteccionistas. Del otro, Brasil. Dilma Rousseff, pese a la oposición de Itamaraty (el ministerio de Exteriores brasileño), considera estratégico el ingreso de Venezuela, aunque más desde una perspectiva bilateral que regional. En 2011 los intercambios comerciales bilaterales alcanzaron los 6.000 millones de dólares, con un superávit de 3.000 millones para Brasil, mientras en los últimos años, las más importantes empresas brasileñas presentes en Venezuela han invertido 20.000 millones de dólares.

Sin ir más lejos, poco antes de firmar en Brasilia la adhesión de Venezuela a Mercosur, Chávez anunció la compra de seis aviones de Embraer para su aerolínea de bandera. Hasta ahora, Mercosur era estratégico para Brasil porque le permitía alinear a Argentina con su política regional, algo que será mucho más difícil de aquí en adelante. Por eso, la gran duda que surge es cómo el gobierno de Rousseff alcanzará la cuadratura del círculo en el próximo futuro.

Una de las cuestiones más importantes esgrimidas por la mayoría de los críticos al ingreso de Venezuela es el incumplimiento por el gobierno de Chávez de compromisos adquiridos. En lo que a Mercosur se refiere, Venezuela no ha ratificado el Tratado de Asunción ni el Protocolo de Ouro Preto, dos de sus herramientas básicas. Es más, hasta ahora sólo ha ratificado uno de los 131 acuerdos negociados o ratificados por los estados miembros (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) o asociados (Bolivia, Chile y Perú). Venezuela también ha incumplido de forma clara el acuerdo alcanzado el 4 de julio de 2006, por el cual se comprometía, en el plazo de seis meses, a aceptar el acervo normativo del bloque, adaptando su legislación nacional a la de Mercosur, y cumplir una serie de requisitos arancelarios y de adopción de compromisos con terceros.

Éste requisito era tan importante como el de la ratificación por los parlamentos de los estados miembros. Como se vio, en Mendoza se pudo soslayar esto último, aunque no se hubiera cumplido con la adaptación de la legislación venezolana, un tema ahora considerado secundario. Para solucionarlo, la semana pasada viajó a Caracas Marco Aurelio García, asesor de Dilma Rousseff para cuestiones internacionales y uno de los grandes muñidores del ingreso de Venezuela a Mercosur.

El resultado de su gira fue que el gobierno de Hugo Chávez le garantizó que asumirá todos los compromisos derivados de la pertenencia al Mercosur antes de 2014. Resulta bastante dudoso que esto finalmente se cumpla. Como bien dijo José Mujica, en este proceso ha prevalecido lo político sobre lo jurídico. De esta forma, en un Mercosur sin reglas ni normas es muy difícil que el futuro se abra paso, especialmente si ese futuro está relacionado con el interés de los pueblos y no con el interés inmediato de sus gobernantes.

 
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