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Ago-09-12 - Reseña de Rosendo Fraga
CRIMENES POLÍTICOS. Dorrego, Quiroga, La Mazorca, Varela, Urquiza y otros.
Isidoro J. Ruiz Moreno
Emecé, Buenos Aires, 2012.
El autor es un eximio historiador que, con esta obra, suma otra más a una serie, con la que ha transitado dos siglos de historia Argentina. Ruiz Moreno es un hombre comprometido con los valores y ello inspira su trabajo como historiador, sus enfoques y sus juicios, sin por ello menoscabar su indicutible valor y calidad como historiador de figuras, procesos y fenómenos.
No escribe una historia erudita -como se ve en este libro-, pero incorpora al texto los documentos y las fuentes, haciendo de ellas una parte vívida del relato y no una mera nota al pie de página.
Así como muchas veces se estudia un período, una época o un proceso a través de una biografía, en este caso Ruiz Moreno revisa acontecimientos centrales del período como las guerras civiles argentinas, que como período puede abrirse con la Revolución de Lavalle contra Dorrego y su fusilamiento y cerrarse con el asesinato de Urquiza, con el cual se inician las últimas montoneras de López Jordan. Ambos hechos son el primero y el último capítulo del libro.
Los crímenes políticos son el hilo conductor o leitmotiv al cual recurre para revisar el casi medio siglo que media entre ambos acontecimientos. Surge claramente, como señala el autor, que los crímenes políticos suelen tener consecuencias imprevisibles y diversas. El de Dorrego es cometido por Lavalle para terminar con la anarquía y se transforma en un hecho que extiende la guerra civil en el tiempo y espacio y le da un carácter violento que hasta entonces no había tenido.
El fusilamiento de Dorrego se multiplica en las décadas posteriores en miles de degüellos y ejecuciones a lanza seca. Pero también en la mayoría de los casos que presenta entre el fusilamients de Lavalle y la caída de Rosas -que son los más-, surge que, haya sido quien haya inspirado u ordenado los crímenes políticos -y en varios casos no hay certeza l respecto-, terminaron siendo funcionales a la permanencia de Rosas en el poder, quien tras un periodo de tres años en el gobierno y con un receso de otros tres, ejerció el poder nacional con mano férrea durante diecisiete años. Fue así quien lo ejerció durante más tiempo en los dos siglos de historia argentina.
Rosas no sólo fue el beneficiario del fusilamiento de Dorrego -hecho que le permitió transformarse en el líder de partido federal bonaerense-, sino que también lo fue del asesinato de Facundo Quiroga, confirmando una regla que existe en política de acuerdo a la cual suele ser más importante aprovechar lo que otros generan, antes que las acciones emprendidas por uno mismo.
Puede discutirse metodológicamente por qué está incluido el fusilamiento de Lavalle como crimen político y no la muerte del Chacho Peñaloza, pero ello no impide que la hipótesis central de Ruiz Moreno no sea válida para revisar el período de las guerras civiles a través de los crímenes políticos, de las que fueron un componente indiscutible. El de Urquiza es presentado como el último crimen político de este período y creo que lo fue.
En los hechos violentos siguientes -como lo fueron los intentos revolucionarios de 1874 y 1880 y las del radicalismo de 1890, 1891 y 1905-, los triunfadores -el gobierno nacional en los cinco casos- eludieron aplicar la pena de muerte a los vencidos y promovieron la sanción de sucesivas leyes de amnistía al poco tiempo de los hechos.
Es que los crímenes políticos -tan bien descriptos por Ruiz Moreno en este libro- generaron la experiencia de que la violencia genera más violencia y una adecuada reflexión sobre ella forjó un decisivo cambio en la cultura política argentina respecto al uso de este instrumento en el último tercio del primer siglo de historia argentina.
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