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Visiones históricas sobre la crisis europea PDF Imprimir E-Mail

Jul-12-12 - por Rosendo Fraga

La crisis político-económica que vive la Unión Europea muestra una creciente tendencia a análisis que recurren a analogías históricas, no sólo para poder entenderla, sino también para preverla o anticiparla. La historia es la condición necesaria pero no suficiente para el análisis político. Sin recurrir a aquélla es difícil entender lo que sucede en el presente. Pero reducir todo a esta disciplina resulta limitado para comprender los fenómenos de cambio y transformación. La comparación de la crisis actual con el crack económico de los años treinta del siglo pasado -de efectos económicos globalizados y fuertes consecuencias políticas como el surgimiento de los regímenes autoritarios europeos- es un ejemplo de ello. Hay quienes dicen que aquellos ajustes generaron los autoritarismos, buscando desde esta óptica criticar la supuesta inflexibilidad de Alemania con sus vecinos. Quienes parecen desesperar frente a la inacción del liderazgo europeo ante la prolongación temporal y la ampliación geográfica de la incertidumbre económica, suelen recordar la inacción de quienes en 1914 gobernaban en París, Londres, Berlín, Viena y Moscú, la que terminó precipitando la Primera Guerra Mundial, cuando la mayoría esperaba que la sensatez finalmente la impediría. También se han planteado analogías entre la actual crisis de España y la guerra civil que sufrió este país en los años treinta del siglo XX. La idea es que dicha contienda fue un ensayo a una escala limitada de lo que sería la Segunda Guerra Mundial y que un manejo mundial más adecuado de este conflicto pudo haber impedido la conflagración mundial.

Que los conflictos europeos no resueltos se globalizaran, expandiendo sus consecuencias a escala global, es la experiencia concreta que dejaron las dos guerras mundiales. Fueron guerras europeas en su origen que terminaron mundializándose. Es necesario recordar que en términos cronológicos, la Europa unida de la UE y el euro, ocupa sólo cincuenta años de una historia europea que abarca siglos. Quienes sólo tengan como marco de memoria histórica el período posterior a la Segunda Guerra Mundial apostarán a que los problemas de Europa finalmente se solucionarán y que tanto el euro como la UE sobrevivirán. Es que el continente parecía haber aprendido de sus errores del pasado y por ello ha construido un conjunto de instituciones políticas y económicas -con sede en Bruselas- que han creado un entramado que finalmente prevalecerá. A esta idea se le suma la constatación de que las consecuencias de los desacuerdos europeos han sido históricamente tan atroces que esto llevará a evitar el peor escenario. Sin embargo, este pronóstico optimista olvida que el tiempo pasa. La reconstrucción europea fue realizada por líderes políticos que habían vivido la crueldad y devastación de la Segunda Guerra Mundial y en consecuencia estaban decididos a pagar cualquier precio para evitarla nuevamente. Se acaba de conmemorar medio siglo del abrazo de reconciliación entre De Gaulle y Adenauer, en el que también tuvo lugar un oficio religioso. Centrando la visión en este último medio siglo parece incomprensible lo que sucede hoy en Europa, pero mirando los seis siglos que van del XV al XX inclusive (el periodo de su predominio mundial) se observa que en este continente siempre predominó más la desunión que la unión.

En una Europa occidental homogéneamente democrática los electorados votaban también de esa forma y en consecuencia el proyecto de unidad europea se construyó sólidamente. La atenuación de los nacionalismos fue una lógica reacción contra la destrucción desatada por las dos Guerras Mundiales. Pero el tiempo ha pasado. No solo los actuales líderes europeos no vivieron la Segunda Guerra Mundial, sus votantes tampoco. Es así como la causa eficaz de la construcción europea se ha debilitado significativamente. Además, el período del acuerdo europeo se gestó en un mundo donde Europa había perdido autonomía global. Durante la guerra fría el continente estaba dividido entre los que apoyaban a EEUU y la OTAN, y quienes hacían lo propio con la URSS y el Pacto de Varsovia. Europa había perdido el poder de decisión internacional. Pero este mundo quedó atrás. Inicialmente la construcción europea se aceleró y se reforzó con la caída del muro y el fracaso del comunismo. El período de los EEUU como hiperpotencia mundial -que va desde la caída del muro hasta el fracaso en las guerras de Irak y Afganistán- se corresponde con la unificación europea, que exalta y potencia su modelo de unidad. La pregunta es si este modelo de unidad europea logrará sobrevivir, porque las generaciones actuales han perdido la experiencia histórica de su valor y el mundo se ha quedado sin potencias rectoras (como lo fueron la URSS y los EEUU antes de la caída del muro, y esta última en solitario después) que puedan contener los conflictos europeos.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, la decisión de Churchill -en solitario y frente a sus aliados- de salvar a Grecia del comunismo es un ejemplo de liderazgo que hoy puede estar faltando en Europa. A fines de 1944 las guerrillas comunistas griegas estaban a punto de tomar Atenas, desalojando e incluso eliminando a los griegos que habían combatido junto a los aliados. Stalin ve la oportunidad de quedar con Grecia dentro de su bloque y Roosevelt, que está en una etapa en que busca la conciliación con el líder soviético, frena las iniciativas de su aliado británico tendientes a contener el avance de Stalin sobre Grecia. Churchill toma la decisión de enviar 5000 hombres del ejército británico a Atenas, los que impiden por la fuerza que las guerrillas comunistas tomen la capital del país. Posteriormente envía refuerzos y él mismo, en la Navidad de 1944, se traslada a Atenas, para respaldar en persona las acciones militares que impidieron que el país caiga en la órbita soviética. Churchill afirmó luego que fue la única vez en la guerra en la cual tomó una decisión militar sin el apoyo de los EEUU, desde Pearl Harbor. Para él, la caída de Grecia en el comunismo -que impidió con su decisión y a riesgo de enfrentar muchas críticas- no sólo tenía como objetivo poner un freno a la expansión futura del bloque soviético, sino también de mantener en la órbita de las democracias al país que había sido la cuna de ésta.

En conclusión: Cada vez más se está recurriendo más a analogías y antecedentes históricos para tratar de entender, prever o evitar que la crisis europea siga escalando; la globalización de los conflictos europeos y su posterior escala a nivel mundial es el ejemplo que, en el siglo XX, han dejado las dos guerras mundiales; los electorados nacionales que votaban a favor de la unidad europea están dejando de hacerlo y no sólo explican este fenómeno las dificultades económicas, sino también el paso de las generaciones y la decisión personal de Churchill a fines de la Segunda Guerra que evitó la caída de Grecia bajo la órbita soviética es un ejemplo del tipo de liderazgo europeo que hoy parece faltar en Europa.

 
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