|
Jul-06-12 - por Rosendo Fraga
La provincia de Buenos Aires enfrenta una situación de ajuste económico derivada de la decisión del gobierno nacional de restringirle fondos. En las próximas semanas las consecuencias de ello incrementarán conflictos, protestas y tensiones políticas y sociales.
La estrategia del gobierno nacional es clara: acusar de ello al gobernador y su déficit de gestión. La respuesta de Scioli es definida: la causa de los problemas no es la gestión, sino el castigo estructural a la provincia impuesto desde la Casa Rosada.
La cuestión es quién logrará alinear la opinión de los bonaerenses a su favor en función de la pugna de interpretación que queda planteada.
La acción política del gobierno se ha explicitado: mostrar a los intendentes que la permanencia de Scioli en la Gobernación es la causa de los problemas que hoy vive en la provincia, los que, con un cambio, se pueden solucionar.
La de Scioli - un político que siempre ha hecho un eficaz uso de la ambigüedad como herramienta política- comienza por ganar tiempo, pero se va perfilando hacia ampliación de alianzas con la oposición.
Al mismo tiempo, la elección del nombre de Juan Domingo para su agrupación política implica que, como Moyano, asume una identidad peronista para diferenciarse políticamente el Kirchnerismo-Cristinismo, que encuentra en Cámpora su referencia histórica.
En política nada es imposible, pero los márgenes para un acuerdo son muy estrechos. Dos semanas atrás Moyano intentó negociar con la Casa Rosada, ofreciendo dejar la CGT si se elevaba el piso para el pago de ganancias, pero la Presidenta desechó la oportunidad y optó por profundizar el conflicto.
Teóricamente puede plantearse que una crisis bonaerense se termina transformando en un problema político nacional y que por eso finalmente el gobierno nacional la evitará.
Pero la política es una mezcla de razón y de pasión y al mismo tiempo la historia muestra que las crisis suelen escalar por error de cálculo y esto puede estar sucediendo ahora con la Casa Rosada.
|