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Jul-02-12 - por Rosendo Fraga
La entrada de Venezuela como socio pleno del Mercosur se venía demorando desde hace años por la falta de ratificación del mismo Senado paraguayo que ha destituido a Lugo. Ya había sido aprobada por las dos Cámaras en Brasil, Argentina y Uruguay y por la de Diputados en Paraguay.
Es la suspensión de dicho país como miembro pleno por la crisis político-institucional que ha tenido lugar la que ha permitido a los otros tres miembros del grupo concretar la entrada de Venezuela.
No es demasiado lo que cambia concretamente para los países que lo integran desde el punto de vista económico y comercial, porque todos tenían acuerdos bilaterales con el nuevo miembro pleno de significación, aunque el intercambio comercial no es demasiado importante. Pero para algunos sectores productivos específicos sí habrá consecuencias.
En la visión estratégica, el Mercosur ya no sólo es el principal exportador de alimentos del mundo, sino que ahora, además, pasa a ser una potencia petrolera. Argentina aporta alimentos pero no energía; con Venezuela sucede lo contrario: aporta petróleo pero no alimentos.
Políticamente la incorporación de Venezuela sesga al grupo hacia una postura más populista. Hasta la destitución de Lugo, en los hechos era un grupo regional con alta cohesión política. Los cuatro gobiernos -aunque con matices- tenían una posición de centroizquierda moderada. Eso ha cambiado ahora y en la imagen el grupo pagará cierto costo por incorporar un país que tiene posiciones radicalizadas en varios puntos de la agenda internacional.
En términos de magnitudes, con Venezuela el grupo pasa a ser casi tres cuartas partes de UNASUR en población, PBI, territorio, etc.
Chávez por su parte buscaba la incorporación más por razones políticas que económicas: para aparecer integrando a un grupo regional que tiene una imagen política más moderada y en consecuencia dar una señal de menor aislamiento. Pero además Venezuela importa alimentos y desde esta perspectiva hay una complementariedad. Es posible que la dependencia venezolana de Colombia en algunos rubros pueda reducirse algo ahora.
Hacia el futuro, la desaparición de Chávez no tiene por qué afectar la pertenencia venezolana al grupo.
Hemos visto cómo la llegada al poder del Sandinismo en Nicaragua no alteró su pertenencia al CAFTA (el TLC de América Central con los EEUU). También vimos cómo la llegada de Humala en Perú no modificó la pertenencia del país a la Asociación del Pacífico.
El Mercosur en los noventa tenía los cuatro gobiernos en el centro o el centroderecha y en la primera década de este siglo los cuatro giraron hacia el centroizquierda sin que ello produjera alteraciones.
En conclusión: en lo estratégico, con la incorporación de Venezuela el grupo gana en su dimensión estratégica como potencia petrolera, en lo económico y comercial el beneficio es un tanto incierto y en lo político la imagen de Chávez le genera más desventajas que ventajas.
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