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Jun-28-12 - por Rosendo Fraga
En la política argentina muchas cosas pueden cambiar en poco tiempo. Hace tres años, cuando el oficialismo fue derrotado en la elección legislativa, Alfonsín y Kirchner aún vivían. Sus muertes tuvieron efectos políticos muy importantes. También la reelección de la Presidente con el 54% de los votos cambió el escenario desde aquella derrota electoral hace dos años y cuatro meses. Pero lo que resulta ilustrativo es la economía. En junio de 2009 el país estaba en recesión y ello fue causa fundamental en la derrota electoral del oficialismo; en octubre de 2011, en cambio, estaba en plena expansión; ahora, al finalizar el segundo trimestre del año, la economía se está frenando nuevamente.
La reinvención de Cristina desde la derrota electoral de 2009 al triunfo del 2011 responde, en mi opinión, a tres causas. La primera es la economía. En el trimestre en el cual tuvo lugar la derrota, el PBI cayó el 6%, siendo el peor de los cuatro de ese año y el peor en nueve años del kirchnerismo en el poder. En cambio, en el último trimestre de 2011 el PBI creció al 7%. La segunda causa es la ausencia de Kirchner a partir del 27 de octubre de 2010. La figura del ex presidente acusaba cierto desgaste y al asumir Cristina su segunda presidencia como líder del oficialismo fue percibida como un gobierno nuevo. En la realidad, el kirchnerismo derivó en Cristinismo. El cambio respecto a Moyano es quizá la manifestación política más relevante entre uno y otro.
Es posible que cuando tuvo lugar la derrota electoral de 2009 -como sucediera también durante el conflicto del campo en dos oportunidades- alguno de los dos integrantes del matrimonio Kirchner pudo haber pensado en dejar el poder. Pero una cosa es pensarlo y otra hacerlo. Tanto en política como en la vida se pueden pensar muchas cosas, pero lo concreto, como lo demostraron los hechos, es que no lo hicieron.
El actual oficialismo ha pasado por tres etapas en estos nueve años que ha ejercido el poder. La primera (2003-2004) es la transversalidad, cuando Kirchner se aleja del peronismo y busca gestar una nueva alternativa con figuras provenientes del centroizquierda, como en ese momentos eran Ibarra, Binner y Juez, quienes gobernaban las tres ciudades más importantes del país. La segunda (2005-2010) es el retorno al peronismo, del cual Kirchner asume la Presidencia y profundiza su alianza con Moyano. La tercera (2010-2012) es el Cristinismo, que implica una nueva toma de distancia respecto al peronismo tradicional pero, a diferencia de la Transversalidad, no se busca ahora a sectores de centroizquierda sino que se intenta una nueva etapa superadora del peronismo, en la cual Kirchner sustituye a Perón.
En esta tercera etapa, después de Moyano, el rol de La Cámpora es la segunda gran diferencia entre kirchnerismo y Cristinismo. En vida de Kirchner esta agrupación tenía un rol marginal; ahora, con su esposa ha pasado a tener un rol principal. En 2011 ella dijo públicamente que elegía sus candidatos en base a tres valores: juventud, lealtad y decisión para enfrentar a las corporaciones. Desde esta perspectiva, La Cámpora es una acabada manifestación de estos tres valores. Cristina ha gestado una estructura de poder propia, diferente a la de Kirchner, y tanto el conflicto con Moyano como el rol de La Cámpora quizás sean la manifestación más relevante de esto. Puesto en estos términos, parece asemejarse al conflicto que se desató cuatro décadas atrás entre el sindicalismo y la juventud peronista.
Posiblemente, el fin del kirchnerismo es el Cristinismo, o por lo menos su transformación. El primero fue entre 2005 y 2010 una versión de centroizquierda del peronismo, como el menemismo en los noventa lo fue de centroderecha. Con Cristina, en cambio, la historia política argentina se escribe en cuatro capítulos alrededor de cuatro liderazgos: Roca, Yrigoyen, Perón y Kirchner. En la nueva visión el último es, por lo menos, igual o superior que el inmediatamente anterior. Cabe recordar que 2011 fue el primer año que el peronismo no conmemoró el 17 de octubre. En cambio, en 2010, el matrimonio Kirchner lo hizo junto a Moyano en el estadio de River, oportunidad en la cual se pusieron en evidencia ya las divergencias entre la Presidenta y el titular de la CGT.
Haciendo un balance del kirchnerismo hay que destacar que reconstituyó la autoridad presidencial, algo que era fundamental tras la crisis de 2001-2002. En lo económico le tocó la década con mayor crecimiento de América Latina en su historia y no cometió errores para impedirla en nuestro país. En lo social, durante estos nueve años se redujo el desempleo y la pobreza. En las asignaturas pendientes está el exceso de hiperpresidencialismo, que fue la contracara de la reconstitución del poder presidencial. En lo económico, el país creció pero no logró una inserción eficaz en el mundo global. En lo social, la asignatura pendiente es la desigualdad, en la cual se avanzó poco. La inflación y baja calidad de la educación pública impidieron que se progresara más en esta cuestión.
En cuanto al problema ético -otra de sus asignaturas pendientes que en general se manifiesta por los casos de corrupción-, la realidad concreta es que cuando la economía crece y los niveles de consumo son altos, la gente les asigna poca importancia. En cambio, cuando se frena y baja el consumo, les da más importancia. Es lo que ha comenzado a suceder en el segundo trimestre del año, en paralelo a la baja en la actividad económica.
Ahora, tras la elección presidencial de 2011, la oposición ha quedado desarticulada. Lo realmente novedoso de ésta, mirando la historia, no es que un Presidente sea reelecto con el 54% de los votos, sino que el segundo tenga sólo 17%. Nunca la oposición estuvo tan fraccionada en la Argentina. Ello hace que hoy, como ha sucedido en otros momentos de la historia, al no haber oposición articulada frente al peronismo que está en el poder, ésta se manifieste con vigor dentro del oficialismo y no fuera de él.
La crisis de 2001-2002 se llevó el sistema de partidos de la Argentina y junto a éste al bipartidismo atenuado o imperfecto que funcionó durante el siglo XX. En las tres elecciones presidenciales realizadas en el siglo XXI, el peronismo se presentó con tres candidatos distintos y sumó entre 63 y 71% de los votos, ocupando el espacio del oficialismo y parte del espacio de la oposición. En los hechos se trata de un partido hegemónico que disputa abiertamente el poder dentro de sí mismo.
Si eso sucederá en 2015 hoy no lo sabemos, pero conjeturar que entonces puede haber un peronismo kirchnerista devenido en Cristinismo, frente a una versión del peronismo más tradicional, no es impensable.
Acerca de la reforma de la Constitución, todos los líderes políticos desde el reestablecimiento de la democracia en 1983 buscaron hacerlo, para poder permanecer más tiempo en el poder. Alfonsín lo intentó, pero se vio frustrado por la derrota electoral de 1987. Menem lo logró a partir de su triunfo en la elección de 1993 que hizo posible el Pacto de Olivos. Kirchner también la buscó, pero se lo impidió la derrota de la reelección indefinida en el referéndum de Misiones de 2006. Lo natural es que Cristina lo busque para tener otro mandato en 2015, pero serán las circunstancias políticas, y en particular el resultado de la elección legislativa del año próximo, lo que hará posible o no la reforma.
Respecto a las candidaturas presidenciales para 2015 todo puede cambiar. Para la elección presidencial faltan tres años y cuatro meses y cuando se observa cuánto han cambiado las cosas en ese período mirando hacia atrás, se refuerza la idea de la imprevisibilidad. Octubre de 2015 está tan lejos cronológicamente como lo estamos hoy del verano de 2009, cuando era muy difícil pronosticar que Francisco de Narváez le ganaría a Kirchner nada menos que en la provincia de Buenos Aires. Seguramente el peronismo volverá a dar más de un candidato. Uno de ellos representará al Kirchnerismo-Cristinismo y otro a los sectores más tradicionales, y Scioli aparece hoy como el candidato natural para ello. En cuanto a la oposición, hoy se perfilan dos ejes difíciles de conciliar, que son los mismos que se dieron en la elección legislativa de 2009. Por un lado uno de orientación socialdemócrata, con radicales, socialistas, el GEN y parte de la Coalición Cívica, y por otro el PRO, con sectores del peronismo tradicional.
Pero ahora en la coyuntura, así como la recesión desgastó la imagen de la Presidente en 2009, el freno de la economía ha comenzado a hacerlo también en el segundo trimestre de 2012.
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