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La crisis Venezuela-Colombia: las capacidades militares que esconden las palabras PDF Imprimir E-Mail
Mar-04-08 - por Fabián Calle

El aumento de las tensiones entre los gobiernos de Alvaro Uribe y de Hugo Chávez desde noviembre del año 2007, ha tenido en los primeros días de Marzo un nuevo y repotenciado capítulo de esta escalada con el ataque aéreo y terrestre sobre territorio ecuatoriano contra un centro de comando y control de las FARC y la consiguiente muerte de Raúl Reyes. Ello ha derivado en el anuncio de movilizaciones militares por parte del gobierno venezolano y del ecuatoriano.

Para empezar, cabría destacar la existencia de una clara asimetría en cuanto a la cantidad de efectivos militares de los dos países que parecen encarnar paradigmas contrapuestos en la región: el pro-estadounidense Uribe y el contestario y socialista Chávez. Las FF.AA. de Colombia en general y su Ejército en particular han venido incrementando sostenidamente su número de miembros desde fines de la década de los ´90, en momentos que el entonces Presidente Pastrana decidió impulsar activamente el reclutamiento de mayor "pie de fuerza" el la guerra contra los grupos irregulares en ese país así como comenzar a asignar un mayor porcentaje del PBI al área de la Defensa. Para darnos una idea, un país como Colombia que enfrentaba el accionar de menos 17 mil guerrilleros de las FARC, 20 a 30 mil paramilitares o "autodefensas" y 5 mil del ELN, invertía un porcentaje de su riqueza nacional menor que países de la región como Chile. A partir de Pastrana y en especial a lo largo de la primera presidencia de Uribe, Colombia ha pasado a liderar el ranking regional en materia de inversión en Defensa y seguridad vis a vis el PBI seguido por Chile (boom del cobre mediante). Para ello, el actual gobierno colombiano ha recurrido ya en dos oportunidades a impuestos especiales sobre los sectores de mayores ingresos de la población para crear fondos extra para reequipar y ampliar la capacidad operativa de los militares. A la relación de 4 a 1 que existen entre cantidad de soldados colombianos vis a vis los venezolanos, cabría agregarle la experiencia de 40 años de guerra civil que tienen los primeros y la gran cantidad de oficiales y suboficiales que han recibido entrenamiento por parte de EE.UU., Reino Unido, Israel, etc.  El tipo de guerra interna que se desarrolla en Colombia, ha hecho que parte sustancial del reequipamiento no se haya orientado a la adquisición de grandes sistemas de armas como aviones de combate de superioridad aérea, tanques, modernas fragatas, destructores o submarinos, sistemas de misiles antiaéreos de mediano y largo alcance, artillería pesada, vehículos blindados de transporte de personal, etc. La propia ayuda e intensa ayuda militar de los EE.UU. desde hace 10 años, y con particular fuerza a partir de la aprobación del Plan Colombia en el año 2000, se centró en helicópteros de transporte y ataque, armamento liviano, visores infrarrojos, sistemas de comunicación, anti-minado, protección de oleoductos y gasoductos, lanchas rápidas, aviones turbohélice de ataque a tierra, radares para seguimiento de vuelos ilegales, aviones de inteligencia y control, etc.

El monto total de ayuda recibida por Colombia desde comienzos del 2001 hasta el momento, considerando los programas ligados a ayuda militar y policial dentro y fuera del denominado Plan Colombia aprobado por el Congreso de Estados Unidos en Agosto del 2000, es: 236,9 millones de dólares (2001), 398,9 millones (2002), 624 millones (2003), 614 millones (2004), 597 millones (2005), 632 millones (2006), 615 millones (2007), 603 millones (2008). Si se le suma a estas cifras lo destinado a ayuda económica y social, entre el 2001 y el 2008 la transferencia total hacia Colombia estaría en los 5225 mil millones de dólares1.

Según el IISS de Londres, el año 2006 es un claro ejemplo de un salto cuantitativo en los gastos militares de Venezuela con un incremento del 33% con respecto al año anterior. Totalizando un 2.080 millones de dólares (equivalente lo invertido por la Argentina y menos de la mitad de lo estimado por el mismo centro de estudios para el caso chileno con 4500 millones de dólares)2. Si bien es una constante hacer referencia a la ligazón entre renta petrolera y rearme en Venezuela, el hecho es que a diferencia del caso de Chile con el cobre y el más reciente de Perú con el gas, en este país caribeño no existe por el momento una legislación específica que oriente de manera pautada fondos derivados de la exportación del petróleo a cuentas ligadas al presupuesto de Defensa. No obstante el mismo IISS afirma que las FF.AA. venezolanas cuentan históricamente con la denominada "Ley Paraguas". Por medios de la misma, el gobierno toma deuda en el exterior para la compra de armamento sin que ello caiga sobre las partidas asignadas al sector Defensa. Entre el 2003 y el 2005 los montos ligados a esta Ley fueron desde un piso de 470 millones de dólares a un techo de 600 millones de la misma moneda. Tal práctica ha sido criticada por el Ministerio de Finanzas, el cual ha propuesto que se incorporen estos recursos a las partidas presupuestarias derivadas del nuevo "Fondo Nacional de Desarrollo" que se nutre de los ingresos petroleros. Donde si ya las ganancias petroleras tiene un peso decisivo en Venezuela es en lo referente a los programas sociales, de infraestructura y geopolíticos como "Petrocaribe" y la venta a precio preferencial a países como Cuba, República Dominicana, Haití, Nicaragua, etc. Para tener una idea los recursos a disposición, durante el año 2005 y con un precio del barril que rondaba los 50 dólares (vis a vis los 90 de hoy en día), la empresa PDVSA pagó al fisco impuestos sobre la renta por 8700 millones de dólares y 20 mil millones de la misma moneda en regalías. De los cuales 4400 fueron destinados a los programas previamente mencionados3

Si como hemos visto el material bélico adquirido o recibido vía ayuda militar estadounidense se orientó hacia la lucha interna que se desarrolla en ese país, el caso venezolano presenta una compleja combinación entre una doctrina militar de guerra asimétrica dada a conocer en el año 2004 y el tipo de armamento sofisticado para conflictos convencionales recientemente adquiridos. Dicha doctrina, está abocada básicamente a las hipótesis de conflicto con Colombia (respaldada militarmente por los EE.UU.) o una agresión directa por parte de la superpotencia. Para ambos casos, y en especial en el segundo, el curso de acción propuesto por Caracas a sido en de la "guerra del pueblo": 1) formación ideológica y moral de los militares para resistir la adversidad de ser la parte débil y asimétrica frente a un enemigo tecnológicamente superior 2) la formación de milicias populares que complementen el accionar de las FF.AA. 3) la reactivación de las reservas 4) la adquisición de sistemas de armas de bajo costo y alto rendimiento como fusiles de asalto rusos AK 103 y fusiles de alta precisión Dragunof para francotiradores 5) reforzar la transferencia de conocimiento en guerra no convencional por parte de Cuba y otros países enfrentados con los EE.UU. No obstante todo ello, la contracara es la existencia de multimillonarios contratos con Rusia para la adquisición de sofisticados sistemas de armas que pese a su primer nivel tecnológico serían de poca utilidad en un enfrentamiento abierto con el poder militar estadounidense o el colombiano apoyado con poder aéreo y naval de Washington. Entre el material ruso se destacan: 24 aviones cazabombarderos Sukhoi 30MK2V (por 750 millones de dólares y de los cuales 12 de ya han sido entregados), 38 helicópteros de ataque y de transporte (MI 17, MI 35M y MI 26T2, 4 de ellos ya arribados a Venezuela durante el 2007), 100 mil fusiles de asalto AK 103, y la construcción de una plata para el armado de este tipo de fusiles y la fabricación de la su munición de 7,62,39mm (estando prevista su terminación para antes de fines del 2010). Asimismo para comienzos del presente año estaba avanzado el acuerdo entre Caracas y Moscú para la venta del sistema de misiles antiaéreos de corto y mediano alcance Tor M1. Pese a las versiones que existieron en los últimos tiempos, el listado de contratos firmados no incluye la compra de submarinos ni de misiles antiaéreos de largo alcance SS-300. Aun así, el balance del año 2007 muestra a Venezuela como el tercer comprador de armamento ruso (con un 16% sobre el total exportado por esta potencia europea) luego del la India (con el 28%) y China (21%)4. Por todo ello, si bien Colombia presenta una clara superioridad en cantidad y entrenamiento de sus efectivos militares, y en especial en la fuerza Ejército, Venezuela tendría ventajas (al menos de inventario) en lo que hace a tanques de batalla (los AMX 30 franceses) y aviones de superioridad aérea (los 12 Sukhoi 30 antes citados y otros por llegar y algunos F-16AB de fabricación estadounidense que aun puedan estar operativo pese al embargo impuesto por la Casa Blanca en el año 2005). 

La vulnerabilidad que le representaría al poder militar de Colombia tener a su interior grupos irregulares alzados en armas como las FARC y en menor medida el ELN (embarcada en un dialogo de paz auspiciado por Cuba desde el año 2005), se compensaría con la fuerte polarización interna que existe dentro de Venezuela entre los chavistas y antichavistas y el consiguiente impacto que ello tiene sobre la coherencia y solidez de una postura nacional en tiempos de crisis. Ello queda reflejado en la lectura de la prensa o de los medios de TV privados venezolanos a lo largo de los últimos días, claramente orientados hacia posturas de defensa del derecho colombiano a atacar las bases de las FARC en Ecuador y a críticar a Chávez por su estrecha relación con las mismas. En otras palabras, en territorio venezolano la ideología parece imperar sobre el nacionalismo y a la inversa en Colombia. Enfrente, se sitúa un Álvaro Uribe con una popularidad que ronda según algunas encuestas el 70%, con un compacto respaldo de las FF.AA. y del establishment económico y periodístico colombiano, con una economía en crecimiento y sin los síntomas de inestabilidad que presenta la venezolana y, último pero no menos importante, el respaldo de los EE.UU., Israel y cierta compresión por parte sustancial de las potencias de la Unión Europea (UE). Con respecto al estratégico respaldo de Washington a Colombia, además de las cifras ya contundentes antes mencionadas, cabría agregar dos hechos centrales: 1) a mediados del año 2002, y aun en pleno escenario post 11/9, el Congreso de los EE.UU. autorizó utilizar los recursos materiales asignados al Plan Colombia para ser usados en la guerra interna en ese país andino, lo cual estaba prohibido hasta ese momento 2) en Febrero del año 2003, el Departamento de Estado da a conocer la "Estrategia Nacional de lucha contra el terrorismo" en donde se identifica a las FARC como una de las dos organizaciones terroristas de escala regional (la otra es Abu Sayaff de las Filipinas) a ser destruidas por medio de acciones indirectas y directas del poder militar de la superpotencia. 

Desde ya, el gran desafío del gobierno de Uribe será aprovechar estas fortalezas sin alienar más y permanentemente su relación con las principales potencias latinoamericanas y aun de Europa. Al mismo tiempo, de reducir los márgenes para que la opinión pública internacional y nacional lo considere en un futuro próximo el primus inter pares entre los responsables de un desenlace trágico de la cuestión de los rehenes.


http://www.ciponline.org/colombia/aidtable.htm 

2 Military Balance 2007, IISS, UK. 

3 http://www.pdvsa.com/interface.sp/database/fichero/publicacion_opep/2376/169.PDF 

4 http://mdb.cast.ru/mdb/4-2007/item_3/article_2/ 

 
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