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May-04-12 - por Rosendo Fraga
La segunda década del siglo XXI está comenzando con algunos cambios de tendencias sorprendentes, empezando por la crisis de los modelos de integración. A fines de la primera década del siglo comenzó la crisis económica global, que continúa brindando un futuro incierto cuatro años después. Pero en aquel entonces no era claro ni probable la crisis de la Unión Europea, que puede incluso afectar al euro. La perspectiva entonces seguía siendo una UE que se proyectaba como un modelo político y económico para diversas regiones del mundo. A medida que avanza la segunda década del siglo XXI, crecen las voces que desde el mismo continente europeo plantean dudas sobre la solidez del euro y de la UE. La división en una Europa de dos o tres velocidades (una la de Alemania, que alinea a los países nórdicos y otros de su periferia; otra mediterránea, que está precipitando la crisis, y una tercera con eje en el Reino Unido), no son hoy sólo escenarios posibles, sino también probables para muchos. La reciente visita del primer ministro chino (Wen Jibao) a Alemania ha puesto en evidencia que la primera economía de Europa (que es la cuarta del mundo y el segundo exportador), no descarta un escenario en el cual actúe en el futuro como una potencia global al estilo de los BRICS. A ello se agrega la posible derrota electoral de Sarkozy, que puede acelerar la crisis europea.
Otra alteración de tendencia novedosa y reciente es el cambio del flujo migratorio, que iba hacia los países desarrollados, y ahora comienza a tener la dirección contraria. Hasta inicios de esta década, las perspectivas de largo plazo en base a las tendencias demográficas y migratorias mostraban un EE.UU. con creciente y fuerte incidencia de población hispana, una Europa con un avance importante de habitantes provenientes del Magreb, el Cercano Oriente y el Asia Central y un flujo migratorio desde Europa Oriental hacia los países más desarrollados del continente. En 2011 y por primera vez en medio siglo, en los EE.UU. la entrada de inmigrantes mexicanos ha tenido un saldo negativo, al ser más los que han salido que los que han entrado. En países de la Europa mediterránea como Italia y España también están sucediendo lo mismo. Incluso la crisis está llevando a que europeos nativos emigren hacia el mundo emergente en busca de mejores oportunidades de trabajo. Todavía la elección francesa muestra que la migración es un problema central y en los EE.UU. la Suprema Corte se apresta a convalidar la legislación contra la inmigración ilegal de Arizona. Pero éstas parecen más bien batallas del pasado que del futuro.
El cambio de la matriz energética del mundo desarrollado con la irrupción del shell gas es otra transformación de una tendencia importante a comienzos de esta década. Esta nueva fuente de energía, que no sólo sustituye al gas tradicional sino también al petróleo, hace que los países desarrollados comiencen a depender menos del mundo emergente para abastecerse de energía. EE.UU. y Canadá son los países del mundo con más reservas de este nuevo tipo de fuente energética. Esto explica por qué EE.UU. y el Reino Unido han comenzado a consumir sus reservas de petróleo. Hacia el futuro, el mundo desarrollado dependerá menos de países como Arabia Saudita, Irán, Libia, Venezuela o Rusia para abastecerse de energía y esto tendrá un fuerte impacto geopolítico y en materia de relaciones internacionales. La importancia estratégica de Israel para occidente así se reduce. Junto a ello, ha irrumpido la creciente importancia de nuevas materias primas para la industria informática y de comunicaciones, como el litio y las tierras raras. Hay países que al estar descubriendo reservas de ellas están cambiando su futuro económico. China por ejemplo tiene el 36% de las reservas de tierras raras del mundo y el 97% de lo que se exporta. Ello ha generado una situación particular, al ser denunciada por EE.UU., la UE y Japón por limitar la exportación de sus recursos naturales, buen ejemplo de las nuevas situaciones que provocan estos cambios de tendencias.
Dicho cambio ha influido en 2011 en el replanteo de la estrategia militar de los EE.UU. en el largo plazo. Obama ha resuelto que el Lejano Oriente pase a ser la primera prioridad estratégico-militar y ya no el Cercano y Medio Oriente, como ha sido en la primera década del siglo a raíz de la guerra de Irak y la de Afganistán, aunque esta se libre al este del Medio Oriente. En términos muy simples, se prevén menos guerras por el petróleo. Al mismo tiempo, pasa a asumirse que el Asia y el conflicto con China por la hegemonía en el Pacífico pasarán a ser la prioridad. El establecimiento de una base militar de los EE.UU. en Australia en 2011 es una manifestación de la nueva estrategia. Se reducirán las fuerzas militares estadounidenses en Medio Oriente y en Europa, pero no en Japón y Corea del Sur. Si bien el gasto militar de EE.UU. es entre siete y ocho veces el de China, cinco años atrás el de la potencia asiática era menor que el británico y ahora lo supera en un 50%. En la visión de Beijing, EE.UU. es la potencia del Atlántico y China la del Pacífico. En cambio, en la de Washington, EE.UU. debe seguir siendo no sólo la potencia del Atlántico, sino también la del Pacífico. El conflicto por definir cuál de las dos será la potencia del Pacífico en las próximas décadas sería dominante.
El surgimiento de las drogas químicas en sustitución de las naturales puede producir cambios importantes en cuanto al problema del narcotráfico. Los grandes consumidores de drogas ilegales en el mundo son los países desarrollados -EE.UU. y la UE- y sus abastecedores los países del mundo en desarrollo, desde América Latina hasta Afganistán y Tailandia en Asia, pasando por diversos países del África. Es probable que la cocaína sea sustituida por la efedrina y si esta es la dirección, el problema del narcotráfico entre el mundo desarrollado y el emergente puede disminuir. Al mismo tiempo, y por primera vez en décadas, EE.UU. comienza a dar señales de aceptar cambios en materia de lucha contra la droga. Si bien Obama en la última Cumbre de Presidentes de las Américas ha dicho que la legalización del consumo no es el camino, sí ha sostenido que el consumidor debe ser visto más como un paciente que como un delincuente.
En conclusión: al comenzar la segunda década del siglo XXI hay cambios de tendencias respecto a la anterior, comenzando por la crisis de la UE y el euro como modelo a seguir; también comienza a cambiar el flujo migratorio desde el mundo en desarrollo al desarrollado y ello cambia las perspectivas de los conflictos sociales que se esperan; el surgimiento de nuevas fuentes de energía en el mundo desarrollado disminuye la importancia relativa de los países petroleros; ello incide en el cambio que acaba de decidir Obama en la estrategia militar de los EE.UU. en el largo plazo, al considerar que la prioridad será Asia y no los conflictos entorno a Medio Oriente; por último, la sustitución del consumo de droga natural por la química puede disminuir la importancia del problema del narcotráfico entre el mundo desarrollado y el emergente.
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