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Mar-28-12 - por Rosendo Fraga
Los presidentes de Chile y Uruguay aparecen en América del Sur como dos personalidades políticas muy opuestas.
El Presidente Piñera acaba de cumplir dos años de gobierno con eficacia relativa en el manejo de la economía y un balance insatisfactorio en materia social y política.
Hoy parece lejano el momento en el cual el rescate de los mineros en el norte del país llevó la popularidad del Presidente al máximo nivel, superando el 60% y alcanzando una gran repercusión internacional.
Pero en pocos meses dicho porcentaje cayó a menos de la mitad, registrando el menor consenso de un Presidente chileno desde el reestableciendo de la democracia más de veinte años atrás.
Las protestas en Tierra del Fuego primero, las grandes y prolongadas movilizaciones estudiantiles después y más recientemente los reclamos de los habitantes de una región de la Patagonia chilena (Aysen), son los hechos más destacados que pusieron en evidencia la incapacidad de Piñera para lidiar con este tipo de conflictos. Las críticas a supuestas demoras en la reconstrucción por los daños generados por el terremoto que tuvo lugar al finalizar el gobierno de Bachelet también ha sido una circunstancia por la cual Piñera ha sido criticado.
El Presidente inició su gestión rodeándose de un gabinete de tecnócratas y subestimando a los políticos. Las sucesivas crisis lo fueron llevando a designar nuevo ministros extraídos de las fuerzas políticas que integran la coalición de gobierno y en algún caso también de la democracia cristiana que integra la Concertación, que es la coalición opositora que gobernó el país en forma ininterrumpida durante cuatro mandatos presidenciales.
El desgaste del oficialismo no ha sido capitalizado con eficacia por la oposición. Es que el conflicto central, que es la protesta estudiantil, no surge con Piñera sino que se arrastra desde comienzos del siglo XX y los gobiernos de la Concertación poco hicieron para corregirlo. Así como Chile es el país latinoamericano que más ha bajado la pobreza en las últimas dos décadas, sigue teniendo altos niveles de desigualdad, al igual que el resto de los países de la región.
Quizás el problema social particular sea la lentitud en el ascenso social, ya que se trata del país latinoamericano en el cual resulta más difícil pasar de la clase baja a la media y de esta a la alta, siendo el costo del sistema educativo la clave histórica de este fenómeno. Es por eso que la irrupción de las protestas estudiantiles centradas en el cuestionamiento al alto costo de la educación pública se vincula con este problema central, que puede ser denominado inmovilidad social.
Pese a todo, el sistema institucional chileno se ha mostrado sólido para enfrentar las dificultades y la baja en la aprobación del Presidente no ha puesto en riesgo la gobernabilidad ni tampoco ha alterado las bases del modelo económico chileno, fijadas durante el gobierno militar.
El país sigue encabezando el ranking de Desarrollo Humano de la UN en América Latina y está primero en los índices de confianza económica.
El Presidente del Uruguay, Mujica, ha pasado ya la mitad de su mandato presidencial con una baja sustancial en su nivel de aprobación.
La economía uruguaya ha continuado creciendo y los indicadores sociales han seguido mejorando. El país tiene la menor tasa de desempleo desde que se lleva registro -lo mismo sucede en Brasil- y las calificadoras de riesgo han mejorado su nota respecto al país.
La gestión del Presidente Mujica no ha alterado las bases del modelo económico de su predecesor, que políticamente puede ser identificado con el de PT en Brasil, de izquierda moderada. Pese a ello, la actual gestión muestra un sesgo moderadamente más estatista que la de su antecesor (Tabaré Vázquez).
Pero políticamente, al cumplirse tres años de gobierno, la gestión del Presidente muestra cierto desgaste. Su nivel de aprobación, que llegó a estar cerca del 70% al iniciarse su gestión, hoy se aproxima al 40%.
La economía no es la causa principal que explica esta situación, sino más bien razones políticas.
Un estudio reciente difundido en el ámbito internacional señala que Mujica es el Presidente más austero del mundo y posiblemente lo sea. Sigue viviendo en su casa de un barrio humilde y sin usar la residencia presidencial, y tanto su actitud como su vestimenta siguen siendo las de un pequeño agricultor.
Pero esta imagen, inicialmente simpática para la opinión pública, ha generado resistencias. Es que las formas de la cultura política uruguaya, muy atenta a las normas institucionales, se ve afectada por el estilo del Presidente. A ello se agrega cierta pérdida de autoridad en momentos en que en el país se deteriora la seguridad pública, en un contexto regional donde Uruguay sufre las consecuencias de un fenómeno general, pero que para la sociedad uruguaya es una situación nueva frente a la cual el oficialismo no plantea respuesta.
La oposición, representada por los dos partidos tradicionales que coinciden en la mayoría de las posiciones, hace de este tema una cuestión central e impulsa un referéndum para bajar la edad de la imputabilidad penal, algo que no es compartido por el oficialismo, identificado con las posturas garantistas de cierta izquierda latinoamericana.
Dentro del Frente Amplio que gobierna, la lucha interna por la sucesión presidencial parecería haberse iniciado. Sectores próximos a Mujica, que representan el ala izquierda de la coalición, ya impulsan la candidatura de su esposa Lucía Topolansky, una militante de izquierda que parece tener posiciones más radicalizadas que su marido. Estos sectores pretenden así plantear una versión uruguaya del matrimonio Kirchner en la Argentina. La mecánica de la interna del Frente Amplio hace difícil que sus sectores moderados, como el que representa el actual Vicepresidente (Astori), puedan imponerse.
En los partidos tradicionales pareciera en cambio gestarse un recambio generacional. Los tres ex presidentes pertenecientes a ellos (Sanguinetti y Batlle del Partido Colorado y Lacalle del Blanco) no tienen posibilidad política de volver a presentarse. En los Colorados, el hijo del ex Presidente Bordaberry irrumpió en la última elección, alcanzando el 18% (un muy buen resultado para su partido). En los Blancos también se da de hecho una renovación, de la cual intenta participar el hijo del ex Presidente Lacalle, actual diputado.
Uruguay está en el tercer lugar en el Índice de Desarrollo Humano de la UN y está entre los países menos corruptos de la región.
Piñera es uno de los empresarios más importantes de su país y una expresión acabada de la derecha; el otro -Mujica- es un ex guerrillero que mantiene su característica de chacarero, arquetipo de un dirigente de izquierda popular.
Pero los dos presiden los dos países de América del Sur que más se asemejan en cuanto a transparencia, institucionalidad y desarrollo humano.
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