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¿Se podría ganar una guerra en Malvinas? PDF Imprimir E-Mail

Mar-22-12 - por Rosendo Fraga

Si bien tanto Argentina como el Reino Unido en la actual crisis bilateral en torno a Malvinas han descartado la posibilidad de que llegue al plano militar, el general retirado Julian Thompson, jefe de las fuerzas terrestres británicas en la guerra, en una entrevista realizada al diario Times días atrás sostuvo que, contrariamente a lo que sucedió 30 años atrás, hoy la Argentina podría ganar la guerra.

Su argumentación es que los argentinos tienen una brigada de infantería de marina. Tienen una brigada de paracaidistas y algunas buenas fuerzas especiales, con lo cual todo lo que tienen que hacer es llevar a esa gente a las islas durante el tiempo necesario para destruir los aviones Typhoon y será el final.

Dice que si las fuerzas argentinas lograran destruir o controlar el aeropuerto de Mount Pleasent ubicado a 50 kilómetros de la capital de las islas, la única opción para recuperarlas seria enviar una fuerza naval como treinta años atrás. Pero ahora la Royal Navy carece de portaaviones, ya que el último en servicio, el Ark Royal, fue desactivado en 2010 y recién en 2020 entrarán en servicio -siempre y cuando no se implementen nuevos ajustes- los dos nuevos cuya construcción se ha iniciado.

Thompson sostiene que perdiendo el aeropuerto Thompson sostiene que perdiendo el aeropuerto hay que llevar su propio apoyo aéreo y no se puede hacer sin un portaaviones. Fin de la historia.

Coincidentemente, el documental recientemente difundido del Channel 5 británico, The Great Falkland Gamble: Revealed, que sostiene que Argentina pudo haber ganado la guerra en 1982, establece ciertos paralelos entre los recortes al gasto militar que había determinado el gobierno conservador de Thatcher sólo semanas antes de la ocupación argentina de las islas, con los que ha realizado en los últimos meses la Administración Cameron del mismo partido.

Desde la perspectiva argentina, el planteo de que el país podría hoy ganar una guerra en Malvinas parece una locura o una insensatez. Thompson es un general inglés destacado que treinta años atrás, al ser designado comandante de las fuerzas terrestres de la Task Force británica destinada a recuperar las islas, era también Licenciado en Letras. Su libro No fue un Pic Nic es un muy buen relato de la guerra desde la perspectiva británica, que tiene la virtud de destacar que no fue una campaña fácil y que las fuerzas argentinas actuaron en repetidas oportunidades con más competencia de lo que en su mismo país se cree. Pero la causa de esta manifestación puede plantear varias hipótesis.

La primera es que se trata de una argumentación destinada a frenar las reducciones al presupuesto de defensa que ha comenzado ejecutar la Administración Cameron en el marco del ajuste frente a la crisis financiera europea. Antes de que Thompson se manifestara, varias decenas de jefes militares ingleses en retiro habían advertido sobre los riesgos que los recortes implican, señalando las Malvinas como uno de ellos, tema presente en la opinión pública británica por la conmemoración del 30 aniversario de la guerra.

La segunda, que se ubica en el campo de las intenciones encubiertas, es que se trata de una operación de inteligencia para provocar a algún sector extremista argentino a que impulse alguna iniciativa de este tipo, la que, aun sin concretarse, dé argumentos a los británicos para mantener la guarnición de Malvinas por lo menos fuera de los recortes, como sucede en este momento.

Pero la tercera hipótesis es simplemente que el general inglés tiene una opinión equivocada y quizás esta pueda ser la más relevante.

Un año atrás, al iniciarse las acciones de la OTAN en Libia, Thompson categóricamente afirmó: Khadafy ya ganó. Su argumento fue que el dictador libio iba a ubicar sus tropas dentro de las localidades rebeldes, lo cual impediría los ataques aéreos de la aviación aliada porque, al bombardear las fuerzas del entonces gobierno libio, iban a producir al mismo tiempo bajas entre los rebeldes y la población civil.

Estuvo en lo correcto en cuanto a lo que iba a hacer Khadafy, pero no respecto a lo que harían las fuerzas de la OTAN, que bombardearon sin reparar en las victimas rebeldes y los civiles de acuerdo a la doctrina potenciada por la lucha contra el terrorismo y las operaciones en Irak, Afganistán, Pakistán y varios países de África, que asume los llamados daños colaterales como inevitables.

Es una doctrina muy diferente a la vigente en la guerra de Malvinas, cuando ambas partes tuvieron especial cuidado en no provocar víctimas entre los isleños, lo que lograron plenamente aun a costa de demorar y complicar las operaciones.

Quizás Thompson está evaluando posibilidades con realidades de treinta años atrás. Hoy la inteligencia electrónica ha avanzando enormemente respecto a entonces y los británicos estarían en alerta anticipadamente frente a mínimos movimientos argentinos, con lo cual harían imposible la aproximación a las islas sin que sus defensas reaccionaran con antelación. Además, la capacidad naval argentina es extremadamente limitada para trasladar tropas, igual que sucedió en 1982.

A ello hay que agregar que el general inglés está evaluando las unidades argentinas como si fueran británicas. Las brigadas argentinas que menciona hoy no tienen 3.000 hombres con equipo completo como las británicas, sino a lo sumo pueden ser en los hechos batallones de aproximadamente 800 hombres con un equipamiento limitado. Algo similar puede decirse de las fuerzas especiales, cuya capacidad es reducida respecto a lo que nominalmente representan.

El concepto de defensa de las islas desde hace un cuarto de siglo es que la guarnición de 1.300 hombres resiste 48 horas cualquier incursión argentina, hasta que en ese plazo llegan otros 3.000 por vía aérea con puente en la isla de Ascensión -a partir de comienzos de 2013 ello se facilitará con el aeropuerto que se construye en la isla de Santa Helena-, cuyo equipo está almacenado en las islas. Es así como el actual sistema de defensa de las islas no requiere de portaaviones y tiene diversos sistemas de alerta temprana que le permiten detectar hasta movimientos mínimos con anticipación.

Planteado en estos términos, es posible que la afirmación del General Thompson de que hoy la Argentina ganaría una nueva guerra en Malvinas -descartadas segundas intenciones- sea consecuencia de cierto anacronismo en el análisis, al evaluar capacidades como si se tratara de 1982 y no 2012.

 
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