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MAr-14-12- por Carlos Malamud (Infolatam)
Las palabras del ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, al calificar tajantemente como “inaceptable” la exclusión de su país de la Cumbre de las Américas sonaron dramáticas. El dramatismo fue mayor si se tiene en cuenta que sus manifestaciones se produjeron a continuación de la visita a la isla del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, con el objetivo de solucionar tan complicado entuerto.
Las palabras de Rodríguez sonaron tan dramáticas y contundentes como las de Willian Ostick, portavoz del Departamento de Estado para América Latina, cuando señaló que “La Cuba de hoy de ninguna manera cumple con el umbral de participación”, ya que se requieren “mejoras significativas en las libertades políticas y la democracia [cubanas]“.
En realidad, ambas manifestaciones, como buena parte de todas las que rodean la discusión acerca de si Cuba debe participar o no en la mencionada Cumbre, parecen formar parte de una gran coreografía montada tras la irrupción de algunos mandatarios del ALBA en una discusión que les es totalmente ajena, como es el estado de la relación bilateral entre Cuba y Estados Unidos. Se trata de una cuestión trascendental para ambos gobiernos, que se lleva al más alto nivel y teniendo en cuenta una gran cantidad de variables, como el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre próximo. Ni el gobierno de Cuba ni el de La Habana frivolizan con esto ni a ninguno se le ocurre ponerlo en peligro a causa de un tema menor, como la participación en una cumbre hemisférica, por más que ésta se celebre en la paradisíaca Cartagena de Indias.
El tablero fue sacudido por Rafael Correa, cuando el mandatario coincidió con buena parte de sus colegas del ALBA en una cumbre realizada en Caracas para celebrar (sic) un nuevo aniversario del golpe de estado fallido de Hugo Chávez contra el orden constitucional y democrático de su país. En ese momento Correatuvo la genial idea, ante un demudado Raúl Castro, de proponer el boicot de los gobiernos progresistas de la región a la Cumbre de Cartagena si Cuba no era invitada y no participaba. Hay que consignar que genialidad semejante no se le ocurrió a Hugo Chávez que sí sabe de que va el juego.
En los últimos tiempos la relación entre Cuba y Estados Unidos ha cambiado favorablemente y lo puede hacer más si Obama gana en noviembre. No en vano, por ejemplo, los senadores Richard Shelby, republicano, y Patrick Leahy, demócrata, se reunieron recientemente con Raúl Castro, en un encuentro al más alto nivel. La diplomacia cubana es una diplomacia eficiente y muy profesional y sabe cómo jugar este juego. Por eso, cabe imaginar su profundo descontento cuando el voluntarioso economista Correapropuso la idea del boicot. A veces, las mejores ideas, por más bienintencionadas que sean, son capaces de arruinar un bonito romance.
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